— Pero siéntate— dijo papá. Yo seguía asustado.
Me apresuré a sentarme en el sofá. Y lo miré atentamente.
— Ese sujeto saldrá de prisión en unos dos años. Poco más o menos. Libertad condicional, para ser exacto— dijo.
— ¿Qué?— dije, totalmente atónito.
— Aparentemente es por buena conducta. Estoy intentando hacer lo que sea para evitar que vuelva a las calles pero...
— ¡No puede ser! ¡Es ridículo! ¡No pueden dejar que criminales salgan sólo porque fingen ser buenas personas!
— Zachary, tranquilízate— dijo papá—. Por eso estoy aquí. Quiero que sepas que no va a pasarte nada. No sabe en donde estás. Y si llegara a encontrarte por casualidad no podría acercarse para nada a ti. Lo sabes, ¿Cierto?
Lo miré. De alguna manera no estaba nada tranquilo.
— Sé que no te sientes seguro. Pero puedo solucionarlo. Por eso vas a vivir conmigo. Y con Jill. Sé que aún no la conoces mucho pero va agradarte.
— Es que... no puedo...
Me observó curioso. Realmente eso me tomó por sorpresa y no sabía qué pensar o decir.
— ¿Por qué? ¿Es por Jill?— dijo.
— No, ella no tiene nada que ver. Es por...— me puse a pensar en pretextos—. La escuela. No puedo cambiarme de casa. Y estoy en un certamen nacional, espero resultados y no sería conveniente que me fuera ahora.
— Bueno, puedo traerte todas las mañanas a la escuela personalmente. No tienes que cambiarte necesariamente de plantel. Además no vivimos muy lejos.
— Ah, es que...
Comencé a entrar en pánico. De ninguna manera quería dejar la escuela ni mi casa. Pero al mismo tiempo no quería estar solo.
— Simplemente no quiere irse— dijo mamá, que apareció de la nada—. Le gusta este lugar. Y tiene amigos. Al fin. Y sabes que nunca le ha sido muy fácil relacionarse con los demás.
— ¿Eso es cierto?— me preguntó papá.
— Eh...
No dije nada. Miré a mamá. Insisto, por esas fechas muchos asuntos me habían dejado sin palabras.
— Creo que es mejor que vivas conmigo. Te sentirías más seguro— dijo papá.
— Claro que no— comentó mamá—. Sería incómodo. Tal vez no le agrade la tal Jill. Que tú la ames no significa que él sienta lo mismo.
— ¿Y con quién va a quedarse?— le dijo él molesto—, ¿Contigo? ¡Para nada! Acéptalo Katherine, no eres capaz de preparar algo de comer sin incendiar la cocina, mucho menos podrías mantener a salvo a tu hijo.
— ¡Ah, y contigo estará de maravilla! ¡Desde luego! ¡Como eres tan responsable y buen padre!
Yo llevaba toda una vida viviendo con dos personas que no se toleraban. Los había visto pelear más veces que ninguna otra persona. Ya hasta sabía lo que iban a hacer. Primero, papá le recordaba algún error que mamá hubiera cometido, si es que no todos los que ha tenido. Luego ella empezaba a ser sarcástica. Y si los conocía bien, él empezaría a citar a terceras personas.
— Ya me advertían tus amigas— le dijo él—. Siempre me contaron que tú no eres nadie en quién confiar. Debí hacerles caso.
— ¡Si tanto quieres a mis amigas debiste casarte con una de ellas!— le gritó.
— Hubiera sido mucho mejor que hacerlo contigo.
Luego mamá se golpearía la frente y le diría a papá que era imposible:
— ¡Eres imposible! ¡Lo que pasa es que tú sigues enfadado conmigo porque me negué a ser tu esclava! ¡Pues no, no iba a dejarme!— le gritó ella, enojada.
— ¡Sólo quería que fueras una buena esposa! ¡Es tan difícil pedirte que te hagas cargo de tu hijo!
Ella se golpeó la frente. Lo que seguía era un clásico de mi familia.
— ¡Quiero ser libre!— dijo ella— ¡Necesito ir a perseguir mis sueños! ¡No quiero quedarme aquí y dejar que se desperdicie mi juventud ni mi vida!
Luego siguieron gritándose. Mamá había usado la frase de “Quiero ser libre”. Ahí es en donde todo empezaba a caerse. Me perdí en la conversación. Decidí irme a mi habitación. Ellos ya eran caso perdido.
Me acosté en mi cama. No quería estar solo pero tampoco quería vivir con papá. Y para ser franco una parte de mí sí estaba muy asustado. Pero no había nada que pudiera hacer. Todo parecía muy confuso.
Papá no me agradaba pero no lo odiaba. Era mi padre al fin y al cabo. Mamá era insoportable y para nada confiable. Pero de alguna forma entendía mis sentimientos. Ambos tenían partes buenas y malas. Deseaba que mis progenitores fueran como los de Jimi. Ellos no peleaban. Su mamá era una dulzura y su papá tenía la mirada más intimidante que hubiera visto en mi vida pero eso era bueno si consideramos que tenían un hijo tan distraído y adorable como Jimi. Tenía la teoría de que en algún momento Evan sería asesinado por el padre de Jimi cuando descubriera que le rellenó la cajuela a su hijo. En serio quería ver eso.
— Zac— dijo papá desde el otro lado de la puerta—, necesito hablar contigo.
— ¿Y mamá?— le grité desde mi cama.
— Aquí estoy— dijo ella.
— No quiero hablar con ustedes— dije—. Mejor vayan abajo y sigan peleando.
— Ya no vamos a hacerlo, así que abre— dijo papá.
— ¡Abre en este instante o voy a tirar la puerta!— gritó mamá, furiosa.
No dije nada. Todo iba tan bien...
— ¡Abre, niño del demonio!— dijo mientras agitaba la puerta y la golpeaba.
— ¡No hagas eso, Katherine!— le gritó papá.
¿Me dijo niño del demonio? ¿Qué le pasaba? Yo era un angelito...
Mamá tiró la puerta. Ahí estaba, en el suelo. Y ella parecía furiosa. Yo debía tener la misma tonta expresión en la cara que mi padre.
— ¡Vamos a hablar quieras o no y va a gustarte!— dijo ella. A sentí con la cabeza asustado.
— Hijo— dijo papá, luego de recobrarse y pensar seguramente en la fuerza que tenía mamá—, no voy a obligarte a venir conmigo. Sólo quiero que consideres esa opción. Ya hablé con tu madre y ella dice que va a quedarse contigo aquí.
— Eso no me hace sentirme más seguro— dije—, ¿Ya viste lo que hizo? ¡Podría matarme!
— Yo no te haría nada, cariño— dijo ella, se acercó para abrazarme—. Al menos que me obligues.
— De acuerdo— dije.
— Muy bien— dijo papá—. Pero si tu madre sale huyendo como generalmente lo hace, tendrás que ir a vivir conmigo. ¿De acuerdo?
Afirmé con la cabeza.
— No te preocupes, no voy a dejarte— dijo mamá—. Te lo prometo.
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Rumores De Pasillo
RomanceJimi se declaró abiertamente gay en la escuela y empezaron a molestarlo por eso. Evan, un rubio popular que también lo molestaba, resultó sólo hacerlo porque los demás lo hacían... pero realmente guardaba un secreto: le agradaba Jimi. Mucho. Más de...
