96. El diario de Jimi (en la ronda final)

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Entré al baño. Me temblaban las manos. ¡Eso fue horrible! ¡Fue tan complicado! Miré varias veces al jurado mientras debatían mis respuestas. No parecían muy convencidos. No todos. Sin embargo, todos parecían muy complacidos con Zac. Él era brillante. Y lucía muy confiado. Tranquilo.
Yo me quería morir.

Tal vez el próximo en salir iba a ser yo. La chica de los rizos parecía muy inteligente. Y sin duda sabía que me iba mal, me miraba muchas veces, de vez en cuando.

Decidí no pensar en eso. La ronda ya había pasado. No ganaba nada recriminándome, sólo me hacía sentir mal. Respiré profundo un par de veces. Me miré en el espejo. Me sentía más tranquilo. Sólo tenía que ir y hacerlo lo mejor posible. No darme por vencido. De eso se trataba todo.

— Espere— dijo una voz, afuera del lugar—, no puede pasar ahí, ese baño es sólo para los competidores.
— ¡Lo siento, necesito entrar!— dijo una voz.

La puerta se abrió. Era Evan. Lo miré.

— ¡Jimi!— dijo antes de abrazarme—, ¡Lo has estado haciendo tan bien!
— ¿De verdad?— dije.
— Sí. No sé de qué hablaban tú y los otros pero debía ser genial ya que aún sigues en la competencia.
— No me siento tan genial— dije, un poco decaído—. Creo que tal vez sólo tuve suerte.
— No— me dijo—. Suerte es haberte conocido. Lo que pasó aquí es sólo reflejo de tu trabajo duro. Has estudiado mucho.
— Pero... ¿Y si me eliminan? ¿Y si soy el siguiente en irme?
— Eso no importa— me dijo—. Ganar o perder da lo mismo. La prioridad es que tú te sientas bien porque al final diste todo lo que tenías. Y sobre todo, que te diviertas. Porque, ¿No fue divertido?

Lo pensé. En la primera ronda me sentí muy bien. Mi corazón latía fuerte pero no por los nervios sino por la adrenalina. Había sido emocionante. Y la segunda ronda pudo ser así, pero dejé que mis nervios me asustaran. Eso y ver a la primera eliminada salir. Pero no tenía por qué ser así.

— Fue muy divertido— dije.
— Entonces no te estreses. Ve y disfruta. Eso es lo mejor. Al final verás que recordarás todo como algo bueno.
— Eso espero— dije.

Lo miré. Evan era grandioso. Siempre sabía qué decir. Tenía razón. Suerte era haberlo encontrado.

— Ahora ve y trata de divertirte— dijo, contento—. Y si es posible, gánale a Zac.
— Lo intentaré— dije.

Estaba por salir cuando él tomó mi mano. Lo cuestioné con la mirada.

— Te daré algo para la suerte— dijo.

Me besó. Sí, eso me hacía falta. Sin duda.

La puerta se abrió de nuevo. La chica de los rizos. Nos separamos. Se nos quedó viendo, impactada.

— ¡Infidelidad!— dijo antes de salir corriendo.
— ¿Qué?— dijo Evan.

Salimos. El certámen estaba por empezar, inclusive me estaban buscando. Evan se despidió y se fue. Yo regresé corriendo a mi lugar.

— Jimi, ¿Todo está bien?— me dijo Zac.
— Sí— dije—, excelente.
— Todo esto rompe mi corazón— dijo la chica de los rizos—, pero me hace imaginar cosas.
— ¿Qué?— dije.
— Larga historia— dijo Zac.

Empezó la tercera ronda. Era muy sencilla. En una pantalla aparecerían una serie de categorías y temas de los que podríamos escoger. Nos aparecería una pregunta sobre eso. Eran 15 temas. Nos tocaban 5 preguntas. Al final, el que tuviera menos respuestas correctas sería eliminado.

Suspiré. Lo afrontaría. Y me divertiría.

Comenzaron las preguntas. Intenté escoger temas que recordaba más, pero a medida que transcurría el tiempo, se iban quedando los temas más difíciles. Zac falló una de sus preguntas. Lo miré preocupado. Luego la chica de los rizos falló una. Y no tardó mucho para que yo fallara también. No supe que pasó, recordaba haber estudiado esos temas pero simplemente mi mente no los sabía en ese momento.

Luego la chica de los rizos falló otra. Y la que le seguía también. Y yo no recordé la respuesta de otra. Comencé a sentirme nervioso. Decidí no estresarme y disfrutar el momento. Estaba ahí, en donde nunca pensé estar. Lo haría bien.

Llegamos a la pregunta final. Zac la respondió bien, lo que lo dejaba con 4 respuestas correctas de 5. La chica de los rizos acertó, lo que la dejó con 2 respuestas correctas de 5. Si yo fallaba quedaría empatado con la chica. Y nos iríamos a muerte súbita, con una última pregunta.
Pensé muy bien mi respuesta. Y la dije. Sorpresivamente correcta. Quedé con 3 aciertos de 5.

No lo podía creer. Había pasado de ronda. Se fueron a cortes comerciales luego de eliminar a la chica de los rizos, que no lloró.

— ¡No lo puedo creer!— le dije a Zac.
— Ambos somos finalistas— dijo—. Me gusta eso. Por fin todo sale como quiero.
— Zac, podrías ganar— dije.
— Tú también podrías— dijo.
— No me ha estado yendo muy bien— dije.
— Eso ya no importa. Ahora viene una nueva ronda. Debes estar concentrado. Y no te preocupes, Evan ya no será ninguna distracción para ti. Mira— me señaló al público.
— ¿Por qué Evan tiene una bolsa de papel en la cabeza?— dije.
— Por que así no puedes ver su cara y quedar embobado mirándolo. Pero no te preocupes, debajo de esa bolsa hay una cara que te brinda todo su apoyo.
— ¿Evan estuvo de acuerdo con eso?
— No lo sé.

Estaba por decir algo cuando el conductor dijo que debíamos prepararnos porque la ronda final estaba por empezar.
Respiré profundo.

— Que gane el mejor, entonces— le dije.
— Que así sea. Trata de no estar nervioso.
— Por cierto— le dije—, ¿Le contaste algo a la chica de los rizos?
— No. Soy inocente.

No le creí. Decidí no pensar en eso. Sólo concentrarme en lo que hacía. Estaba meditando al respecto cuando los chicos aparecieron detrás del estudio.

— ¿Qué hacen aquí?— dijo Zac—, ¿Les dieron permiso?
— Claro que no— dijo Evan.
— Queríamos desearles suerte— dijo Laura.
— Sí— dijo Jason—, nos enorgullecen.
— Gracias— dije.
— Que tiernos son— dijo Zac—, ahora, váyanse.
— No merezco ser tratado así— dijo Evan.
— Sí, nosotros venimos en señal de apoyo— dijo Jason.
— Les dije que eso pasaría— dijo Will—. Gané la apuesta.
— Odio perder— dijo Jason.
— ¿Apostaron?— dije.
— Sí— dijo Laura—. Jason creía que Zac no se enojaría. Se equivocó.
— Me sorprende que Will me conozca bien— dijo Zac—. Es aterrador. Pero lo dejaré pasar si comparte la ganancia de la apuesta conmigo.
— Ok— dijo Will.

Yo estaba por quejarme cuando nos dijeron que el programa iba a empezar. Ellos se fueron corriendo.

Miré a Zac. Y él me miró a mí.
La recta final empezó.

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