3. El diario de Jimi

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— Soy probablemente la persona más pobre del país— dijo—, pero me gustaría que me guardaras el secreto.
— ¿A qué te refieres?
— Soy pobre. No tengo padres. Trabajo mucho para poder pagar mis cosas. No es lo mismo que se burlen por que eres pobre a que se burlen por tu preferencia sexual pero me doy una idea gracias a eso. En la secundaria todos se burlaban de mí así que sé que se siente feo.
— No pareces pobre— lo miré.
— No, estás cometiendo el error que todos tienen cuando me conocen. No mires mi cara. Mírame por completo— eso hice y me quedé en las mismas—. Bueno, ahora traigo el uniforme de la escuela pero si me vieras en mi casa sabrías de qué te hablo.
— Me cuesta trabajo creerte.
— Es que seguro piensas que con mi cara las cosas son más sencillas— dijo, parecía que me leía la mente—, pero no es así. No por eso tengo un mejor trabajo. O una vida mejor. Y en la secundaria todos se enteraron de mi pobreza y me humillaron todos los días. No tenía amigos. Por eso decidí que quería tener muchos ahora.
— Pues escogiste la opción equivocada— dije.
— ¿Y tú la correcta? Sí está bien que quieras que todos sepan cómo eres, pero eso de gritarlo fue como invitar a todo el mundo a aprovecharse de ti.
— No quería ser quién no soy.
— Y el simple hecho de que lo supiera el mundo no cambia lo que eres. Para ese tipo de cosas yo le diría a alguien a quién considerara mi amigo. Las demás personas no importan. Y a ti te importa tanto lo que opinan de ti que por eso decidiste decirle a las personas cómo eres. Por eso te lastiman. Por eso duele. Aunque sepas disimular bien.

Me quedé pensando un rato. Estaba confundido. No quería dejarme seducir por sus ideas pero de alguna forma creí que parte de lo que dijo era correcto pero no lo aceptaría porque seguía pensando que ante todo la honestidad era lo importante.

— Yo...— dije—, necesito pensar en eso...
— Lamento ser duro pero eso es lo que pienso. Pero si quieres hablar de otra cosa podemos hacerlo.
— ¿Cómo qué?— de verdad quería cambiar de tema.
— El clima.
— ¿El clima?
— Es ideal para el romance. Para salir con el amor de tu vida a pasear compartiendo el paraguas— dijo feliz.
— Supongo que sí.
— ¿Te digo otro secreto? Creo que eso es muy romántico.
— Yo no. Prefiero el sol.
— ¿De verdad? ¿Vas a negar que es hermoso besarse bajo la lluvia? ¿Qué no ves películas?— dijo, parecía sorprendido.
— Prefiero leer.
— Aburrido.
— ¡No es aburrido! Si leyeras más no reprobarías materias.
— Repruebo porque no me da tiempo hacer mis tareas. Trabajo en las tardes. Llego muy noche a casa, cansado y sin ganas de estudiar.

No supe qué decir. Otra vez. Él no era como pensaba. Resultó ser otra persona.

— Eres diferente— le dije.
— Por supuesto, pero tú dejaste que tu prejuicio te ganara. Como todo.
— ¿Como todo?
— Sí, también usas tu prejuicio al decir que los besos bajo la lluvia no son románticos. Yo jamás te juzgué por lo que decían de ti. Sé que no eres prostituto. De serlo tendrías mucho dinero y se notaría. Y creo que no te acuestas con cualquiera.
— Admito que me cerré en varias cosas pero...
— Mejor hablemos de otra cosa. ¿Por dónde está tu casa?

Miré alrededor y pude ver la puerta de mi casa en la distancia. Le señalé cuál era.

— ¿Te cuento otro secreto?— dijo, asentí, pensé que me lo contaría de todas formas—, creo que eres una buena persona.

Le sonreí. Hacía mucho que no reía porque quería hacerlo. Era extraño. Llegamos frente a mi casa. La calle estaba vacía.

— Aquí es mi casa— le dije—. Tengo que irme.
—Espera— detuvo mi mano y me giré para verlo—, quiero probar algo.

No supe bien cómo pero cuando vi ya estaba frente a mí, tiró el paraguas al suelo y la lluvia no me dejó ver más allá de mi nariz cuando sus labios tocaron los míos.
Fue un pequeño roce, de un segundo. Me quedé mirando su cara. Sonrió y tomó el paraguas. Luego se despidió con la mano y se fue corriendo.
Me quedé parado en la lluvia como por cinco minutos. Hasta que mamá salió y me encontró completamente mojado.

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