80. El extraño diario de Zac

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Ok, me dije a mí mismo. Mamá no estaba y ya era noche... tomé mi teléfono. Will debería aún estar en su consultorio. Pensé en llamarle al teléfono de ahí.

— Hola— dijo Will.
— Hey— dije nervioso.
— ¿Eh?— dijo—, ¿Te pasa algo?
— ¿A quién? ¿A mí? ¿Por qué debería de pasarme algo?
— Por que de otra forma no me llamarías. Menos tan tarde.
— ¿Simplemente no puedo saludarte?
— Claro que puedes, sólo que es hasta cierto punto aterrador que quieras hacerlo— dijo.
— ¿Aterrador? Pero si soy una dulzura. Como un caramelo con pies y brazos.
— Bien... ¿Hay algo que quieras decirme particularmente? Por que si es por lo que pasó en la tarde, necesito que sepas que...
— No, no es eso— lo interrumpí—. Sólo estaba aquí, no haciendo nada y pensé que la mejor manera de perder el tiempo era hablando con alguien sobre banalidades. Así que decidí llamarte. Es todo.
— Zac, no sé por qué pero siento que me mientes— dijo.
— ¿Yo? ¡Para nada! ¿Acaso no quieres hablar conmigo? Por que si no quieres siempre puedo llamar a Evan, hace mucho que no hago su vida miserable, ya le toca.
— No es eso. Y en verdad desearía que dejaras de aterrorizar a los demás.
— Ok. ¿Qué tal tu día?— dije.
— ¿En serio quieres que te cuente? Ya, dime qué pasa o voy a ir a verte.
— No pasa nada— fingí tranquilidad—, sólo estoy en casa... solo... completamente solo... propenso a cualquier cosa...
— ¿Solo? ¿Y tu mamá?
— Salió de viaje... ¿Qué fue ese ruido? ¿Escuchaste?
— ¿Eh? ¿Cuál ruido? ¿Zac, estás bien?
— ¿Qué tan rápido puedes venir?
— ¿Todo está bien?— dijo asustado.
— Apresúrate o serás testigo de una escena del crimen— dije antes de colgar.

Luego, sigilosamente, tomé un bate de cuando mi papá jugaba baseball y me puse a buscar intrusos por la casa. Si algo había aprendido en mis muchas horas viendo películas de zombies era a usar un bate muy muy bien.
Estaba tan nervioso que hasta empecé a imaginar sonidos.

Traté de tranquilizarme. Yo, una persona de ciencia, acostumbrada a la soledad, no podía estarse comportando así. Aún así recorrí la casa por un buen rato totalmente alerta.
Entonces escuché unos pasos que se acercaban a mi puerta. No era Will, aún no había escuchado el sonido del motor de su auto. Pensé en mi madre. Era poco probable porque cuando ella se iba a buscar un sueño no regresaba tan fácil. Le tomaba al menos días ver su equivocación. El timbre de mi puerta tocó esa tonta melodía. Esperé un momento, con el bate en la mano. Ya era tarde. Nadie podría visitarme así. Pensé que se iría al no ver respuesta, pero no. Ahora golpeaba la puerta.

Bien, me dije. Abriría repentinamente y usaría el bate. Tomé valor y lentamente giré el pomo de la puerta. Abrí de golpe y casi uso el bate cuando vi a Evan.

— ¡No por favor!— dijo, mientras se cubría con sus brazos.
— ¿Evan?— dije, sorprendido.
— ¡Te juro no he hecho nada!
— ¿Qué haces aquí?
— Venía a verte... ¿Jimi aún no llega?
— ¿Jimi?— respondí.
— Sí. Planeamos hacer una súper mega ultra improvisada reunión para festejar que pasaron a la final.
— ¿Acaso querías matarme? ¡Casi muero del susto!
— ¿Tú puedes morir? Creí que eras inmortal, como los vampiros.
— ¿Qué?— dije.
— ¿Y ese bate? ¿Planeabas matar a alguien?
— Escuché unos...— miré la expresión boba de su cara— olvídalo.

Entró. Y se puso a mirar mi casa como si fuera un niño en una juguetería. Genial, al menos ya no estaba solo.
Poco después se escuchó el sonido del auto de Will. Salimos a ver. Venía con Jimi.

— Hola— dijo Jimi, por alguna razón se veía más tierno que de costumbre—, espero que no te moleste que venga sin avisar.
— No hay nada que podrías hacer para molestarme— le dije—, por otro lado— miré a Evan—, tú sí me molestas.
— ¿Por qué sólo yo?— se defendió—, ¿Y Will?
— A él lo llamé yo. Venía a ayudarme con la cacería de maníacos. Pero olvídenlo.

Todos parecían confundidos. Entramos.

— Todo está muy ordenado por aquí— dijo Evan.
— ¿Qué esperabas?— dije—, ¿Un basurero? ¿La casa de Will?
— ¡Oye!— me dijo Will.
— Me gusta el orden— dijo Jimi.
— Claro que te gusta— le dije a Jimi.

Evan al parecer entendía el concepto de buena alimentación como comer toda la comida chatarra que encontrara a su paso, así que llevó todo lo que encontró. Mientras él se peleaba a muerte con una bolsa de papas fritas que no podía abrir, Will me dijo que cuando venía se encontró con Jimi, que iba a invitarlo a venir. Al parecer, el pequeño Jimi quiso hablarle por teléfono pero el tarado de Will perdió su teléfono. Y como nadie, ni siquiera Will sabía cuál era el número de teléfono de su casa, Jimi tuvo que ir personalmente. Conclusión: Will era un inepto.

— Jimi, deberías comer— dijo Evan.
— Creo que no— dijo él—. Últimamente me he sentido mal. Me siento mareado y con muchas náuseas.
— Will— le dije—, ¿Cuál es tu diagnóstico?
— Necesito más información— dijo él.
— No— dije—. Yo sé lo que pasa. Jimi, me temo que estás embarazado.
— ¿Qué?— dijo Jimi asustado.
— ¿De quién es?— se apresuró a decir Evan, muy serio.
— Eso no es posible— dijo Jimi.
— Claro que sí— dije—. Te ves pálido. Y obviamente has ganado peso. Lo bueno es que va a ser un bebé muy saludable.
— ¿Y eso cómo pasó?— dijo Evan, más confuso que de costumbre—, ¡Pero si sólo lo hici...
— ¡Cállate Evan!— lo interrumpió Jimi.
— Déjame tocarte— dijo Will.

Puso una mano en el vientre de Jimi. Evan y yo sólo observamos.

— ¡Yo también quiero!— dije, y toqué a Jimi—, ¡Oh por dios, sentí una patada!
— ¡No es cierto!— dijo Jimi, asustado.
— Creo que tengo que conseguir otro empleo para proveer a la familia— dijo Evan, pensativo.
— No, eso no es posible— dijo Will—, ¿O sí?

Miramos a Jimi. Se puso rojo. Luego miramos a Evan. Él seguía igual de tonto que siempre.

— ¡Oh por dios!— dijo Will asustado.
— ¡No, claro que no!— dijo Jimi muy nervioso y rojo.
— De todas formas— dijo Will—, sólo se trata de un bebé comida.
— ¿Un bebé comida?— dijo Jimi.
— Sí— dijo Will—. Debiste comer algo en mal estado.
— ¡Gracias a dios!— dijo Evan, muy feliz. Will y yo lo miramos enojados—, es que Jimi ya se había asustado.

Luego Evan fingió como que la comida le hablaba y dejó de poner atención. Jimi parecía alterado.

— ¿Y el alcohol?— dije.
— No puedo traer eso— dijo Evan—. Soy menor de edad.
— ¿Y tú Will?— dije.
— ¡Yo ni siquiera sabía que estaban haciendo una fiesta!— dijo él.
— ¿Entonces cuál se supone que es la ventaja de conocerte si no podemos conseguir alcohol?— le dije.

Rumores De PasilloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora