Me despedí de él y fui a casa. Estuve tratando de entender qué pasaba el resto de la tarde pero no llegué a ninguna conclusión. Me sentía muy torpe. Como si me hubieran golpeado en la cabeza con una roca. Mejor me puse a leer el libro que él me dio.
Al día siguiente lo vi en la escuela en un pasillo. Apenas me miró. Iba con ellos. Y sonreía contento. Se veía aún más brillante. Se pasó de largo ignorándome totalmente.
— Hola Jimi— dijo Laura, apareció de repente—, ¿Terminaste la tarea de álgebra? Eran siete páginas del libro.
— ¿Tarea?— dije sorprendido, descubrí que había tarea—. Debí olvidarme de hacerla.
— Bromeas, ¿No? Sé bueno y déjame comparar respuestas.
— No la hice. Es cierto.
Ella me miró extrañada. Debía ser la primera vez que no hacía tarea.
— ¿De verdad? ¡Pero si tú eres el alumno más aplicado del grupo! ¿Qué estuviste haciendo?— dijo sorprendida.
— Leía.
— ¿Leer? ¿Qué cosa?.
— Romeo y Julieta.
— ¿Porqué?
— No lo sé. De verdad no lo entiendo. Es complicado.
Ya después en el salón de clases me sentí tonto cuando no entregué la tarea. Pero no más que cuando confíe en Evan. Pero básicamente cerramos el ciclo. Nos conocimos y charlamos pero nada más. No éramos amigos. Así estaba bien, todo volvió a la normalidad.
En el receso comprobé que efectivamente todo era como antes. Se burlaron, alejaron y pusieron cara de asco. Pero no me sentí ofendido. Lo que me pareció muy extraño. Era como si algo hubiera cambiado en mí.
— Hola Jimi— dijo Evan, no supe de dónde salió pero ahí estaba, frente a mí.
Me seguí de largo por el pasillo y lo ignoré. Pero me siguió. Todos notaron eso.
— ¿Qué quieres?— me giré y le pregunté.
— Sólo quería agradecerte por el paraguas.
— De nada— dije con frialdad y me fui lo más rápido que pude.
Una vez en mí salón me sentí aliviado. No quería hablar con Evan. Seguro que sus amigos pensaron mal sobre él. Yo no quería eso. Le deseaba que le fuera bien... ¿Porqué? Si era un completo hipócrita. Fingía ser otra persona. Pero no era malo. Tampoco se merecía cosas malas. Ya tenía suficientes problemas con ser sí mismo. Eso y tener que trabajar al mismo tiempo que va a la escuela... qué admirable era. De no ser un completo idiota sería mi héroe, pensé.
Por la tarde me dirigí a la biblioteca después de que terminaran mis clases. Tenía que encontrar algo que me sacara a Romeo y Julieta de la cabeza.
Entré y luego de tomar un libro cualquiera me senté en una silla junto a una mesa grande donde reposé el manuscrito.
Estaba empezando a leerlo cuando alguien puso sus manos en mis hombros. Me asusté tanto que me moví y tiré el libro al piso.
— Te asusté— dijo Evan, complacido—. Menos mal que no gritaste. El bibliotecario nos hubiera sacado.
— ¿Qué haces aquí?— miré para ver si sus amigos estaban también. Pero no, estaba solo. Por supuesto que sí. De otra forma no me hablaría.
— Busco un libro. Tengo tarea de física.
— Qué bien. Suerte— me levanté de golpe y tomé mis cosas.
— Espera, ¿A dónde vas?
— A casa— dije.
— ¿Porqué tanta prisa?
— No tengo que responderte— dije, lo miré—, sólo voy a ignorarte como tú lo haces.
— Yo no te ignoro. Hoy quería saludarte y tú te alejaste.
— Tengo que irme— salí del lugar, miré atrás y él estaba siguiéndome.
Caminé un poco más antes de que me tomara del brazo y me jalara hasta atrás de un árbol en el jardín. Traté de liberarme pero no me dejó.
— Te agradecería si me explicaras qué te pasa— dijo—, no logro entenderte.
— No hay nada qué entender. Mejor ve con tus amigos, deben de estar esperándote. Y no sería bueno si te llegaran a ver conmigo, podrían pensar cosas malas de ti... y obviamente no quieres eso. Por eso me ignoraste.
— ¿Porqué siempre te portas como si tuvieras la razón? ¿Acaso crees que todos están equivocados menos tú?
— ¡Yo no me siento así! Sólo es la verdad. Te importa tanto lo que pensarán de ti que finges que no me conoces. Pero está bien, yo creo que es lo correcto— dije.
— ¿Entonces porqué te molesta tanto?
— ¡No me molesta! Acabo de decirte que está bien.
— Por supuesto que te molesta— tomó mi mano—. Te importa que yo te haya ignorado aunque no hice eso realmente. Puede que no te viera entre tanta gente. Además tú no fuiste a saludarme.
— ¿Cómo iba a hacerlo? Todo el mundo estaba viendo.
—¿Y eso a quién demonios le importa, Jimi?— miró mis ojos y sentí que algo estaba apretando mi pecho, muy fuerte—, ¡Me da igual lo que diga la gente!
— Pero no querías que las personas supieran cómo eres... porque tus amigos podrían dejarte y... estarías cómo en la secundaria...
— Eso ya no me importa. ¿Cómo quieres que siga mintiendo si tengo que ver cómo alguien como tú enfrenta al mundo completamente solo? ¿Crees que me siento bien si veo que tú muestras más valentía que yo? Si algo he aprendido desde que te conocí es que no quiero seguir mintiendo. No apruebo mucho de lo que haces pero sé que... quiero ser yo— dijo.
— Pero tus amigos...
— Creo que puedo hacer las dos cosas. Puedo ser yo y tener amigos— dijo.
— No creo que sea posible. Pero te deseo lo mejor. Tengo que irme.
— ¿Qué? ¿Porqué?
— Porque sé que... simplemente quiero alejarme de ti.
— Eso es lo que no entiendo. No sé porqué tú y yo no podríamos ser amigos...
— Yo no puedo. No puedo ser tu amigo. Eso es todo— dije, y luego solté su mano.
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Rumores De Pasillo
RomanceJimi se declaró abiertamente gay en la escuela y empezaron a molestarlo por eso. Evan, un rubio popular que también lo molestaba, resultó sólo hacerlo porque los demás lo hacían... pero realmente guardaba un secreto: le agradaba Jimi. Mucho. Más de...
