69. El diario de Jimi

314 55 14
                                        

— No puedo evitar notar que están completamente mojados— dijo Zac.
— Así es— dijo Evan, se veía muy abrumado.
— No vieron la lluvia, porque como es muy silenciosa e invisible...— dijo Zac.
— Nosotros también estamos mojados— le dijo Jason.
— Pero es porque estábamos buscando a éste par de idiotas— dijo Zac y parecía muy molesto de verdad—. Creo que me voy a enfermar. Y moriré.
— Eso no es posible, ¿O sí?— dijo Laura.
— Claro que sí. Todos moriremos. Y será culpa de Evan— dijo Zac.
— ¿Por qué será mi culpa?— dijo Evan ofendido.
— Jimi es un angelito. ¿Cierto Jimi?— me dijo Zac.

No dije nada. Aún seguía procesando lo que acababa de pasar. Besé a Evan. YO BESÉ A EVAN. Sin que él me lo pidiera, sin que fuera algo de mí, sólo porque tuve ganas. Me sentí bien osado. Eso era lo más atrevido que había hecho en mi vida.
Estaba bien... hasta que pensé en las consecuencias. Oh dios. Me sentía apenado. ¿Por qué hice algo tan vergonzoso?

— Jimi no puede hablar ahora— dijo Evan—. Está reviviendo varias cosas que pasaron...
— ¿Qué cosas?— dijo Zac.
— ¡Nada, no pasa nada!— dije rápidamente.
— Creo que ya se está empezando a enfermar— dijo Laura.

Jason se apresuró a tocar mi frente.

— Sí, está caliente. Y si se fijan bien, hasta está un poco rojo.
— No es por estar enfermo— dijo Evan—. Eso puedo asegurarlo.
— ¡Ya hay que irnos!— dije apenado.

Luego del extraño acontecimiento ellos nos encontraron en la calle. Y nos refugiamos debajo de un pequeño negocio. Seguía lloviendo. Así que era estúpido querer irme con tanta lluvia.

— Desde luego— dijo Zac—. Eso es lo más inteligente que podemos hacer. Irnos. Creo que Evan te está contagiando algo...
— No es cierto— dijo Evan—. Todavía no llegamos a eso.
— Ahí hay una cafetería— dijo Laura—. Podemos ir. Al menos está caliente y seco. Y yo necesito un buen café.
— Excelente idea— dijo Zac.

Laura sonrió victoriosa. Yo me hubiera puesto feliz de no ser porque moría de nervios. Cruzamos la calle. Y una vez en la cafetería, pedimos una mesa. Laura pidió su café. Y yo seguía completamente en blanco. Tenía frío pero una parte de mí sentía que se quemaba.

— ¿Quieres café?— me dijo Laura.
— Tengo que ir al baño— dije, me levanté de repente y con la mirada busqué el baño. Estaba al final de un pasillo.

Entré. No había nadie, por suerte. Me miré en el espejo del lavabo. Estaba mojado y pálido. Todo un desastre. Me quité el suéter. Estaba húmedo.
No podía dejar de pensar. ¿Por qué hice algo tan estúpido? ¿Qué creía que iba a pasar? ¿No se suponía que quería poner un espacio? Era una lástima, lo estaba haciendo muy bien. Pero no lograba dejar de pensar en lo mucho que el destino me odiaba porque parecía que por cada paso que daba para alejarme de Evan, retrocedía dos. Y eventualmente terminé llegando a él.

Sentía que me quemaba en sólo recordar lo que acababa de hacer. ¿Qué estaría pensando Evan de mí? Seguramente imaginaba que yo lo amaba. Y era cierto. Pero seguía pensando que no estaba bien. No lo estaba. Se sentía muy incorrecto.
Pensé en quitarme la camisa para intentar pasarle unas toallas de papel que absorbieran el agua. Estaba desabotonando mi camisa cuando Evan entró repentinamente. Lo miré asustado.

— ¿Qué estás haciendo?— dijo sorprendido.

Bajé la mirada. No quería estar solo con él. No quería hablar. Ni pensar. Simplemente no tenía deseos de estar ahí.
Cuando volví mi vista hacia él, estaba quitándose el suéter.

— ¡Qué crees que haces!— le grité.
— No lo sé, pensé que eso significaba algo... ¿Ahora no es un buen momento?
— ¿Qué?— dije, atónito.
— Veo que no pensamos lo mismo. Entonces no vuelvas a desnudarte frente a mí.
— ¡No estaba haciendo eso! ¡Quería secar mi ropa!
— ¡Pues avisa, siempre das señales confusas! ¡No puedo leerte la mente!
— ¡No he dado nada!
— ¿Y ese beso? ¿Entonces eso qué significa?

Lo miré. Oh, rayos... mi corazón latía como loco. Y es que era cierto. Lo besé porque me gustaba y porque de alguna manera sentí que lo necesitaba. Fue como si todos los males de mi mundo encontraran una solución con ese beso. Pero no estaba bien. Y no entendía cuál era esa razón. No era Zac ni su consejo de poner espacio. Ni nadie más. Ni siquiera lo que pasó con Alex. Era yo. Y no entendía porqué.

— No lo sé— dije.
—Pues yo sí—se acercó a mí y me miró. Lo observé nervioso—. Significa que aún me quieres. Lo sé.
— No necesariamente— me defendí—. Pude hacerlo por que sí y ya.
— Claro que no. Porque tú eres muy honesto. Todo lo que haces siempre tiene una razón.
— Creo que hay que irnos— dije, estaba desesperado por salir corriendo.
— De ninguna manera— dijo, tomó mi brazo—. Necesito respuestas. Quiero ser honesto contigo. Me he sentido como la peor persona del mundo mucho tiempo, y entiendo si quieres odiarme, pero no me importa. Te amo. Sé que lo digo mucho, pero parece que no existen palabras suficientes para describir todo lo que siento. Soy egoísta, lo sé. Y sí tú de verdad ya no quieres nada conmigo, entonces no juegues así. Porque no es divertido.
— No quiero jugar es sólo qué...

Me detuve. Había mucho que pensar. Ya lo había perdonado hace mucho, todos lo habíamos hecho. No imaginé que él tal vez aún no lo hacía. Aún así me quería. Y yo a él pero... se sentía raro.
Ya no era como antes.

— Tú no me amas—dijo—. Lo merezco. Entiendo eso. No quiero darme por vencido. El antiguo yo lo habría hecho desde hace tanto, pero ahora me niego. Aún así, si me dices que no quieres nada de mí voy a entenderlo. Prometo que me iré. Sólo dímelo.

Lo miré. Tenía una expresión muy seria. El Evan serio me asustaba. Prefería al Evan feliz, tan alegre como la primavera...

— Tengo miedo— le dije, casi automáticamente—. No sé qué va a pasar ahora. Y yo realmente no podría... en realidad no podría... soportar que tú... te alejaras de mí de nuevo porque...— en algún momento empecé a sollozar—...sé que lo harás... y llevo tanto tiempo tratando de entender qué es lo que tengo que podría hacer que te quedaras conmigo para siempre y yo... no logro encontrar nada bueno... y pienso que estarías mejor con una chica.... y Lisa está plana... y eso no me hace sentir mejor porque yo también estoy plano... y entonces Zac... y estoy mojado...

En algún momento empecé a divagar y a decir estupideces. Pero en realidad quería decir todo eso. Me quedé callado. Y miré a Evan. Repentinamente, empezó a reírse sonoramente. Parecía tan contento, tanto que empecé a sentirme ofendido.

— ¡No te rías!— dije.
— ¡No puedo evitarlo, es que es tan ridículo!— dijo, entre risas.
— ¿Ahora soy ridículo? ¡Bien, entonces me voy!— tomé mi ropa y estaba por salir cuando él me detuvo.

Me abrazó. Sus brazos me rodearon. Recargué mi cabeza en su pecho. Escuché su corazón, que latía tan tranquilo, tan melodioso, nada que ver con mi acelerado corazón.

— Jimi— dijo, cerca de mi oído, sentí su aliento caliente tocar mi piel—, no sé qué podría decirte ahora. Creo que ya lo has dicho todo. No quería ofenderte. No tienes por qué sentirte así.
— Me llamaste ridículo— reclamé.
— Por que no puedo creer que pienses que no tienes nada bueno. Me gustaría decirte todo lo que me gusta de ti pero me tardaría horas. Y siempre pensé que lo sabías. He salido con chicas, y realmente no importa si son hombres o mujeres, creo que amar se trata de encontrar a la persona perfecta. Y tú eres tan perfecto que hay veces en las que siento que esto es un sueño y voy a despertarme... y me da tanto miedo porque pienso que no volveré a verte.
— Eso no es cierto... no soy perfecto.
— Para mí sí. Y sé que no soy la persona más adecuada para decirte érsto, pero lo haré— me miró a los ojos, yo lo observé detenidamente—. Nunca voy a dejarte.

Lo miré. Y es que eso era lo raro del amor. Nos podía decepcionar una o miles de millones de veces, y siempre iba a querer apostar por él. Creo que es porque en el fondo sabía que valía la pena.
Y en ese momento yo no deseaba otra cosas más que poner mis cartas sobre la mesa y darlo todo por Evan.

Rumores De PasilloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora