99. El extraño diario de Zac

277 44 5
                                        

Las cosas estaban cambiando. Yo me sentía diferente. Como alguien feliz. Como alguien normal. Generalmente pensaba que lo último que deseaba en la vida era ser como las demás personas, pero sentirme como alguien común me gustaba. Era como si estuviera más protegido. Tenía a papá y a Jill. Tenía amigos. Y ningún problema en la escuela. Pensaba que jamás regresaría a sentirme así de nuevo. No desde esa vez. Pensé que viviría triste y solo por siempre.

— Hay que celebrar tu victoria— dijo Jill—. Deberíamos hacer algo especial.
— Estoy completamente de acuerdo— dijo papá—. Por lo tanto Zac, elige la forma en la que quieras conmemorar este día.
— No lo sé— dije—, me conformo con aparecer victorioso en televisión nacional.
— Pero algo debes querer— dijo Jill.
— Quiero ir al cine— dije.
— ¿Al cine?— dijo papá—, ¿De verdad quieres algo tan común?
— Hoy se estrena “Hospital forense de la muerte 3”— dije.
— He escuchado sobre esa película— dijo Jill—, es más sangrienta que la 1 y con mejor trama que la 2. Debería ir a verla.
— ¿De qué trata?— dijo papá—, ¿No es un problema que yo no conozca las primeras dos cintas?
— No— dije—. Sólo es un hospital forense embrujado por una antigua maldición. Matanzas, sangre y tripas. No hay que saber más.
— Hay que ir— dijo Jill.

Miramos a papá con ojos suplicantes.

— De acuerdo— dijo él resignado.

Salimos de casa. Ya en el auto, papá se puso a hablar sobre la competencia. No pude evitar pensar en Jimi. Debía sentirse decepcionado o triste. Me sentía mal por él. Pero fue Jimi el que dijo que quería que lo viera como un concursante. Y él era honesto. Si algo le hubiera molestado me lo habría dicho.

Llegamos al cine. Papá compró los boletos. Entramos. Justo a tiempo.
Luego de unos minutos supe que a papá no le gustaban para nada las películas de horror. Por otro lado Jill parecía estar en su ambiente natural.
Me senté en medio de ellos.

Parecía que yo estaba con mis padres, como si nunca nada hubiera pasado. Tal vez sí era posible volver a ser el de antes. No, eso no era así. Ya no era el de antes. Era mejor.

Salimos y papá parecía pálido.

— ¿Eso no debería ser ilegal?— dijo él—, ¿Acaso no hay censura para ese tipo de cosas?
— No fue para tanto— dijo Jill.
— Sí— dije—, dicen que “Hospital forense de la muerte 4” será más sangrienta.
— ¿Aún harán más películas?— dijo papá, sorprendido.
— Eso parece— dijo Jill—, en retrospectiva debí saberlo, la trama deja historia para más.
— ¿Trama?— dijo papá—, ¿Cuál trama? Todo parecía sólo un pretexto para matar a las personas.
— No— dije—, recuerda que hay una maldición. Aun no hay nadie que pueda quitarla.
— Si derrumbaran el hospital todo se solucionaría— dijo papá.
— Sí pero recuerda que los protagonistas de las películas de terror tiene que resolver los problemas del modo difícil— dijo Jill.

Papá siguió quejándose de la película. Yo sólo escuchaba lo que decía. Caminamos hacia al auto. Mi teléfono sonó. Era un mensaje de Jason. Decía que Will y Laura no habían dejado de pelear. Tanto que casi arrollan a una pobre viejecita. Anexó la foto de la ancianita golpeando el auto de Will con su bastón. Me hizo reír.

Ese día simplemente no podía ser mejor.

— Hoy deberíamos cenar algo espectacular— dijo Jill.
— ¿Tienes algo en mente?— le preguntó papá.
— Sí. Me siento con ganas de cocinar. Pero voy a necesitar ayuda.
— Cuenta con nosotros— dije.

Llegamos a casa. Jill quería cocinar algo super elaborado que vió en una programa de cocina. Buscó la receta y los ingredientes. Faltaban algunos así que enviamos a papá a conseguirlos. Yo me quedé a ayudar a Jill a picar verduras.

— Por cierto— dijo ella—, parece que todos nosotros nos estamos entendiendo bien, ¿No?
— Sí— dije—, sorpresivamente.
— Me gusta que estemos juntos. En verdad. Creo que funcionamos bien. Y no lo digo sólo porque tu padre quiera postularse para alcalde, si no que en verdad me agrada que seamos una familia.
— A mí también me gusta— dije—. Sé que no tiene nada que ver con los sueños de papá. Aunque si él me necesita yo lo ayudaría.
— Sé que lo ayudarías. Incluso si él o yo no te agradáramos. Eres así, un buen chico. Pero no quiero que finjamos ser una familia. Somos una familia. ¿No te sientes así?

La miré. Lo pensé por un instante.

— Me parece que sí— dije.
— Me gustaría decir que somos la familia idea pero no es así. Aunque me gusta lo extraño que somos.
— Entonces espero que los futuros votantes de papá también vean bien nuestras rarezas.
— No te preocupes por eso— dijo ella—, tu padre podría ganar incluso si estuviera solo. La cosa es— me miró—... él no puede hacerlo sin ti. Yo soy innecesaria, pero sé que él te necesita. Aquí, junto a él. Para sentirse apoyado. Para sentirse seguro.
— Ya estoy aquí— dije—, paso todas mis noches en este lugar.
— Lo sé. Aunque creo que sería mejor para él, para ti y para todos que vivieras aquí. ¿No te gustaría? Hay una escuela cerca en donde podrías ir, lo que te daría más horas para dormir. Tu padre y yo podríamos ir a dejarte a la escuela cada día. Yo podría ir por ti en la salida. Por la tarde podríamos hacer cosas juntos. Tu padre llegaría en las noches y se sentiría tranquilo. Sabría que tú estás a salvo. Tú estarías más seguro. Nos tendrías a nosotros. Suena bien, ¿No?— me sonrió.

La miré. Todo lo que había dicho era lo que siempre había querido. Incluso más.

— Sí pero... no me gusta la idea de tener que dejar mi escuela— dije—. Ahí va Jimi.
— Seguirías siendo amigo de Jimi y de los demás— dijo—, podrías verlos después de clases y los fines de semana. Yo te llevaría a visitarlos.
— No me agrada la idea de empezar de nuevo en otra escuela. Sé que extrañaría los recesos si no estuviera Jimi. O Laura y Jason. Y jamás pensé decir esto, pero hasta a Evan lo extrañaría.
— Deberías pensarlo mejor— dijo ella—. Extrañarías a tus amigos pero te reitero que podrías verlos luego. Como pasa con tu amigo el alto, ¿Cómo se llama?
— Will.
— Sí, él. No va a la escuela contigo pero puedes verlo después. Así será con todos.

Lo que ella decía tenía sentido. Técnicamente sólo cambiaría el hecho de que ya no iría a la misma escuela que ellos. A cambio habían muchas cosas buenas que obtendría.

— Al menos considéralo— dijo ella—, a mí me gustaría tenerte aquí conmigo— me sonrió.

Rumores De PasilloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora