77. El diario de Jimi

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Es día regresando de la escuela decidí consultarle a alguien de extrema confianza el cómo me sentía.

— Mamá— le dije a ella cuando entré por la puerta de mi casa—, soy la peor persona del mundo.
— No lo creo— me dijo ella, se encontraba sobre el sofá leyendo la revista Citrine, su revista de moda favorita.
— Es verdad. Le he mentido a alguien.
— ¿Una mentira muy mala?— dijo y dejó la revista—, ¿La vida de alguien se puso en peligro por tu mentira?
— No lo creo— dije—. Pero le dije a alguien que algo no me molestaba cuando sí lo hacía. Es obvio que soy malvado. Perdóname mamá, fracasé como hijo.
— Exageras. Fue sólo una mentirita piadosa.
— No es sólo una mentira. Es el incio de una vida criminal. Hoy miento pero mañana unirme a una pandilla o huír de la polícia.
— Querido, tú no harías nunca algo así. Y está bien mentir de vez en cuando. Yo lo hago cuando tu padre remodela alguna parte de la casa. Le digo que me gusta aunque nunca me agrade. Pero eso lo hace feliz. Y no daña a nadie. Creo que existen algunas mentiras que son mejores que otras. Aunque realmente todas las mentiras sólo son una forma de evadir la realidad. En ese aspecto están mal.

Lo pensé un momento. Evadir la realidad. Yo no quería que Evan supiera que sentía celos de que lo ameran otras personas y de que él les pusiera mucha atención. Siempre había creído que otras personas eran mejores que yo, por eso no me deprimía pensando en que pudieran quitarme a Evan. Realmente no era mío. Aunque deseaba que sí. Era confuso.

Quería que estuviera conmigo pero dudaba en iniciar una relación de nuevo. Era como si lo deseara a mi lado pero sin ningún compromiso. Y que él no estuviera con nadie. Eso era lo más egoísta que pude haber pensado. ¿Qué estaba pasando conmigo?

Deseaba hablar con alguien que no fuera Zac porque haría todo un escándalo sobre Evan. Laura parecía muy ocupada últimamente así que decidí ir a ver a Will. Quería hablarle por teléfono pero no me pareció correcto. Creí que de alguna manera él como adulto responsable y maduro debía ser muy sabio.
Salí de casa y sentí el frío golpear mi cara. Ya era tarde.
Caminé un poco. Entré al edificio y subí hasta el piso en donde estaba Will. La recepcionista se veía feliz. Eso sólo significaba una cosa.

Entré a su consultorio y efectivamente, Zac estaba ahí. Will me saludó. Parecía muy muy contento. Últimamente se veía así. Era extraño.

— Como Jimi llegó— dijo Zac—, yo debería de irme y dejarlos hablar.
— No es necesario— dije.
— Sí— dijo Will—, quédate.
— Ya iba a irme de por sí. Papá irá a mi casa y si no estoy para cuando mamá lo vea, empezarán a pelear— dijo él.

Se despidió y salió. Me quedé sólo con Will.

— ¿Pasa algo?— me dijo.
— No, en realidad no... bueno sí pero... es confuso. Para ser sincero no tenía con quien hablar.
— No te preocupes— me dijo él—. Si no puedo ayudarte al menos podré escucharte. Desahogarse siempre es bueno.

Le dije a Will lo que le conté antes a mi madre.

— ¿Unirte a una pandilla?— dijo él—, ¿Por qué harías eso?
— El punto es que creo que mentir está mal pero mamá dice que no siempre— dije.
— Entonces deberías decir lo que piensas. No me molesta mentir porque lo hago siempre. Aunque hay veces en las que las mentiras te dejan estacando en alguna parte. O te pierdes. Y tu vida cambia. Tú eres Jimi, decir la verdad no debe ser muy difícil.
— Es bastante complicado.
— Debe ser así. Las cosas que valen la pena lo son. No deberías dejar que pase el tiempo. Cuando ya es demasiado tarde no se puede hacer nada.

Will era muy inteligente. Imaginé que debería enfrentar la realidad. No inmediatamente. Tampoco dejaría pasar el tiempo. Lo afrontaría cuando lo considerara necesario.

Me fui a casa con la mente despejada. Al día siguiente en el receso Evan parecía distraído, es decir, siempre lucía así pero esa vez parecía aún más perdido que de costumbre.
Dijo que estaba bien. Y yo no entendía qué pasaba. Pensaba que él debería estar bien. Me preocupaba.
Al día siguiente, seguía igual.

— ¿Algo le pasa a Evan?— dijo Zac en el receso—, parece desanimado.
— Tal vez algo le molesta— dijo Laura.
— Quizá— dijo Jason.

Decidí preguntarle a Evan lo que le preocupaba y ayudarlo. Tal vez era su trabajo, o las materias.
Así que fui a buscarlo. Caminaba por los pasillos cuando escuché a dos chicos hablar sobre él.

— ¡Qué suerte tiene Evan!— dijo uno de ellos—, ¡Erika se le declaró en la mañana! ¡Y ella es la chica más bonita del mundo!
— Seguro que le dirá que sí— le dijo el otro—. Nadie podría rechazar a alguien tan hermosa.

Luego ambos se fueron. Yo me quedé a medio pasillo. Sabía quién era Erika. Una chica de último año, agradable, muy muy bonita, amistosa y todo el mundo la quería. La versión en mujer de Evan. Lo había visto platicar con ella antes. Eran amigos.

Me sentí mal. Como triste, pero diferente. Ella era linda y sin duda se veía bien con Evan pero... simplemente no lo aceptaba. Era extraño, antes hasta deseaba que él encontrara a alguien así y fuera feliz pero en ese momento ya no quería nada de eso.

Corrí por los pasillos. Me detuve frente a la cancha de basquetbol. Ahí estaba Evan hablando con Erika, se reían y parecían muy contentos. Me limité a verlos de lejos. Eran como el uno para el otro. La perfección definida. Y en ningún lugar encajaba yo. En ninguno. Estaba por girarme para irme cuando Evan notó que yo estaba por ahí y corrió para alcanzarme.

— Jimi— dijo—, ¿Ocurre algo?
— No— dije, aún impactado por lo anterior—, sólo quería preguntarte...
— ¿Tiene que ser ahora? Erika iba a invitarme una malteada.
— ¿Erika? ¿Ella?— la señalé.
— Sí.

¡Oh no! ¿Podría ser que él le dijo que sí y ya eran novios?

— Es que— dije,  sentí que podía ponerme a llorar—, no está bien...
— ¿Eh? ¿Qué cosa?

Mi mente era todo un lío. Uno muy grande.

— No— dije—, no es nada.
— Entonces me iré— contestó, feliz.

Se giró y caminó hacia ella.

Volví a mentir. Y me sentía estancado. Atrapado. Evan se iba. Quizá ya no regresaría a mí. Quería que fuera feliz. Pero no así. Y no entendía por qué.

Mientras más lo pensaba, más sentía que sabía la respuesta. Hasta que la tuve.

Quería que él fuera feliz. Pero conmigo.

Sin pensarlo mucho, corrí hacia él.

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