— Y bien— le dije a Evan—, ¿Qué es lo que quieres decirme que es tan malo que Jimi no puede escuchar?
Él me observó. Su cara era indescriptible. Supe que algo malo iba a pasar. Lo miré preocupado. Oh no. Oh no. Lo que sea, tenía la impresión de que no iba a ser bueno. Pero decir que no quería escucharlo era demasiado.
— Yo...— dijo él, se pausó por cinco segundos y luego me miró—, yo voy a terminar con Jimi.
— ¿Qué?—dije, completamente paralizado por la impresión.
— Sé que el concurso está cerca y no quiero tener que...
— ¡Qué clase de estupidez estás diciendo!— le grité.
— No quiero que eso interfiera con el certamen— dijo, desvío su mirada al suelo—. Quiero que Jimi gané y... no sé cómo decirle que debemos separarnos...
Al principio pensé que era una broma. Una muy cruel. Pero en vista de que él parecía muy serio, me enojé de verdad. Eso no podía estar pasando... porque destrozaría a Jimi por completo. Entonces mi cerebro dejó de pensar y quedó totalmente invadido por la ira. Me acerqué a él y le tiré un golpe con el puño. Tan efectivo que se cayó al suelo porque no se lo esperaba. Lo miré sobre el césped, parecía preocupado y atónito. Un hilito de sangre bajó por la comisura de su labio.
— ¿Y qué querías que yo haga?— le dije alterado—, ¿Por qué piensas que yo debo saberlo?
— Porque sé que tú me dirías que no le contara nada hasta que pasara el concurso— dijo, se levantó del suelo y se limpió la cara con la mano.
— ¿Escuchas lo que dices?— dije, fuera de control—, ¡Vas a terminar a Jimi! ¿Porqué? ¿Qué ha hecho él?
— La razón no es algo que te importe— dijo, en voz baja.
No pude aguantar tanta hipocresía. Me acerqué a él y lo empuje al suelo antes de explotar.
— ¿Y qué crees que él hará?— le grité, no me importó si alguien me escuchaba—, ¿Cómo crees que va a tomarlo? ¿Piensas que simplemente puedes venir a decirme que vas a terminarlo y que yo voy a quedarme así, apoyando tu decisión?
— No quiero que me apoyes— dijo—. Sólo que alejes a Jimi de mí hasta el concurso.
— ¡Claro que no! ¡No voy a ayudarte a lastimarlo!
— ¿No entiendes que no quiero que salga lastimado?— dijo y su cara se vio terriblemente triste.
Lo observé. Se llevó la mano a la cabeza y observó sus zapatos. ¿Qué estaba pasando ahí? ¿Por qué repentinamente parecía que era él quién estaba sufriendo más?
— Evan— dije, me acerqué a él, más calmado, confundido—, ¿Qué pasa? Tú amas a Jimi, ¿No?
No contestó. Sólo se quedó mirando el suelo, sumido en su mente.
— ¿No?— insistí preocupado.
— No quiero lastimarlo— dijo, se levantó—. Te lo suplico. Ayúdame. Aléjalo de mí hasta que pueda decirle que tenemos que terminar.
Me miró y repentinamente recordé cosas que no quería volver a ver. Parecía a punto de romperse. Su rostro suplicaba ayuda. Piedad. Como si estuviera muriendo.
— ¿Por qué?— dije angustiado—, ¿Por qué tienes que dejarlo ir si parece que no quieres?
— Sólo aléjalo de mí... porque yo... no soy siquiera capaz de alejarme por mí mismo...
— ¡Es que no tienes que irte!— le grité—, ¡Sólo quédate con él y ya!
— Es que... no puedo...
— ¡Maldita sea! ¿Por qué no? ¡Responde! ¡Dime Evan, dime!
Cuando menos me di cuenta, ya lo había sujetado de la camisa y lo estaba agitando violentamente mientras le exigía que me diera alguna explicación. Ya habían algunas personas merodeando alrededor pero no me importó.
— No puedo— dijo Evan—. No puedo decirlo. Perdóname.
No lo pensé. Junté todo mi coraje en mi brazo derecho y le di el golpe de mi vida. Cayó al suelo. Y me habría lanzado encima de no ser porque el amigo de Evan, el chico de las muchas perforaciones en la cara, me detuvo. Un maestro apareció alarmado y debió ver la escena: Evan siendo ayudado a levantarse por otras personas que estaban ahí por el ruido y yo luchando porque me soltaran para ir a matarlo.
Terminé en la oficina del director de la escuela. Evan en la enfermería. Me dieron un discurso enorme sobre no pelearme en la escuela y la no violencia. Me pidieron una explicación pero sólo dije que él se lo había ganado. No era como si pudiera decir algo que ni yo mismo entendía. Llamaron a mis padres. Pero ninguno vino. No me suspendieron porque tenía que participar en el certamen y porque Evan no me culpó de nada. De otra forma, sé que lo hubieran hecho.
Jimi apareció en la tarde con su amiga Laura. Fue a buscarme en la dirección. Me dijo que Evan se fue a casa y que no pudo verlo. Me preguntó qué pasó. Sólo de ver su carita sentí que podría ponerme a llorar. No era justo. Iba a sufrir mucho cuando lo supiera.
— Nada— mentí.
— Los rumores dicen que te peleaste con Evan— dijo Laura.
— Sólo son rumores— traté de sonreír—, en realidad no pasó nada.
— ¿Evan está bien?— preguntó Jimi, preocupado.
— Lo está— mentí de nuevo.
Está roto, quise decirle. Tanto dentro de él como por fuera. Yo había contribuído con eso. Pero aparentemente, eso no es lo que más le dolía.
Seguía sin entender lo que estaba pasando. ¿Por qué todo parecía estar rompiéndose?
— Zac— me dijo Jimi, miré su cara—. Vamos a casa.
Queyria ayudar a Evan. Quería entenderlo. Pero Jimi no ayudaba mucho. ¿Por qué tenía que ser tan amable? ¿Por qué tenía que hacer que forzosamente me pusiera de su lado?
— Vamos— dije, apretando el puño que golpeó a Evan para controlar mis ganas de llorar.
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Rumores De Pasillo
RomanceJimi se declaró abiertamente gay en la escuela y empezaron a molestarlo por eso. Evan, un rubio popular que también lo molestaba, resultó sólo hacerlo porque los demás lo hacían... pero realmente guardaba un secreto: le agradaba Jimi. Mucho. Más de...
