39. El diario de Jimi

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Al día siguiente estaba en el jardín de la escuela, sentado sobre el césped esperando a Evan impacientemente. Era el receso pero Evan aún no había llegado a mí. Debió quedarse dormido por ahí, pensé. Zac había ido por uvas. Tenía una extraña obsesión por esa fruta, ya lo había visto comerse muchas consecutivamente.

Me preocupaba el sentimiento de que todo cambiaría. Pero debía ser optimista. Habían pasado muchas cosas extrañas pero no quería dejar que me afectaran.

Estaba en eso cuando el chico de anteojos se acercó a mí. Se sentó a mi lado. Lo miré. Se quitó los anteojos. Era aún más precioso sin ellos. Tenía el cabello ligeramente largo y oscuro aunque se veía raro. Como muy falso, probablemente se lo había teñido. Su piel era blanca y sus facciones muy delicadas. Estaba absorto mirándolo cuando habló.

— Tú eres Jimi— dijo contento—, y el otro chico es Zac.

Asentí con la cabeza.

— Ustedes quieren quitarme a Evan— dijo él.
— ¿Qué?— dije atónito.
— Él es mío. No se metan.
— Nadie quiere hacer nada— dije confuso— y Evan... él...

No estaba seguro de qué decirle,e sentía muy confundido.
Es decir, éramos pareja pero tampoco significaba que él fuera de mi propiedad. Y no había nada establecido entre nosotros realmente.

— Te conviene que te alejes de él— dijo—, no es para ti.
— No creo que Evan quiera que me vaya...
— Desde luego que sí. Él no te ama.

Me quedé mirando su cara. Parecía muy serio. No supe qué pensar, ¿A qué se refería cuando dijo que Evan no me ama?, porque él me dijo que me amaba. ¿Mintió?

— Tengo más uvas— dijo Zac mientras llegaba a mí.

Yo seguía viendo a Alex mientras me sentía muy confundido y enojado. También herido. Así que lo primero que hice fue negar todo.

— ¡Eso no es cierto!— dije alterado.
— Claro que sí— respondió él—. Me lo dijo. Y no es como si hiciera falta que me lo reafirmara. Lo conozco desde hace mucho. Sé todo sobre él. Sé más que tú.
— ¿Qué?— dijo Zac—, ¿De qué hablan?
— Es que...— no supe qué decir.

Estaba confundido. ¿Por qué simplemente la posibilidad de que no me amara me hacía sentir mal? Qué débil. Pero era cierto, no conocía a Evan lo suficiente como para decir que me amaba tanto como yo. Y no tenía la confianza suficiente como para decirle a ese chico que todo era falso después de lo que acababa de decir. Sentí ganas de llorar. De irme de ahí.
Siempre me cuestionaba las razones que hicieron que alguien como Evan saliera conmigo. Yo era más bien alguien corriente y común. Nada extraordinario. Entonces... no quería seguir pensándolo, me sentía muy herido.

Salí corriendo. Me levanté y corrí por unos pasillos. Mi corazón se quebraba con cada paso que daba. Las lágrimas ya formaban un charquito en mis ojos. Sólo no quería estar ahí. Porque si ese chico decía algo más, lo que fuera, sabía que no podría soportarlo. Fui a mi salón. Me quedé un rato sentado en mi lugar.

Evan era extraordinario. Me gustaba más de lo que podía admitir. Y sabía las razones que me hicieron amarlo pero no sabía las suyas. Él era la persona más hermosa de todas en todos los sentidos. Y yo era yo y ya. Sabía que está saliendo conmigo y yo con él pero... realmente no lo conocía como quisiera. No sabía de Alex hasta que él apareció. Nunca me había interesado por alguna cosa suya aunque él sabía todo sobre mí. Sólo quería que me conociera un poco más para que alguna pequeña cosa mía hiciera que se enamorara de mí. Pensé que gustaría no dudar pero cuando se trataba de Evan nunca estaba seguro de nada, a excepción de que sabía perfectamente que lo quería más que cualquier cosa en el mundo.

No salí de ese lugar. Me quedé imaginando cosas. Alex dijo que Evan era suyo. ¿Significaba que lo ama? ¿Qué tanto? ¿Evan lo amaba a él? Si así fuera, ¿Qué haría yo? ¿Podría dejarlo libre? ¿Podría sacrificar mi corazón para que el de él fuera feliz? Todo estaba tan distorsionado en mi mente... quería no pensarlo así que me concentré en la escuela.

Las clases volaron. Cuando la hora de salida llegó salí corriendo, sin quedarme a esperar a Zac o a Evan. No quería ver a nadie. Me conocía muy bien como para saber que estaba a punto de llorar y si veía una cara conocida seguramente lo haría. Y sinceramente no tenía deseos de ver a Evan. Era tonto que mis pensamientos me asustaran así pero tampoco era como si pudiera hacer más que pensar. Y sabía que enfrentarme a Evan y arriesgarme a perderlo me destrozaría.

Fui a casa. Me encerré en mi habitación y me quedé ahí, pensando. No quería hacerlo pero no podía evitarlo. Mi teléfono comenzó a sonar. Lo saqué de mi bolsillo.

— ¿Zac?— dije.
— Soy yo, principiante— dijo—, ¿Por qué demonios no me esperaste?
— Tenía cosas que hacer y...
— ¡No me mientas! Sé que ese chico te dijo algo.
— No, no pasó nada...
— ¡Claro que sí! De otra forma Evan no le habría gritado.
— ¿Qué?— dije, estupefacto—, ¿Le gritó?
— Fue genial. Yo estaba paseando por los pasillos aún cuando ya era tarde. Me distraje por algo y qué bueno que así fue porque pude ver a Evan diciéndole a ese niño que no iba a tolerar que te inventara cosas o que quisiera lastimarte. Debiste ver su cara, no se creía lo que estaba escuchando. Por primera vez en su vida Evan me pareció genial.
— ¿Él me defendió?
— Desde luego que sí. Es tu novio, ¿No?

No pude contestar. Me sentía feliz. Y mis sentimientos debían estar estropeados porque en lugar se sonreír tenía ganas de llorar.

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