68. El diario de Jimi

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Zac parecía ser todo un mundo. Aunque había cosas de él que nunca cambiaban, como su naciente odio hacia todo lo que tenía vida, su aversión por las chicas que lo molestaban y su inminente falta de sueño que hacía que el mundo le pareciera deprimente. Sí, él fue quién dijo eso último.

Evan era otro mundo. Siempre estaba sonriendo y parecía lleno de energía, lo que era raro porque trabajaba toda la noche. Y cuando me miraba, sentía que sus ojos decían muchas cosas, tantas que las ganas de contestarle se volvían insoportables.

— Disculpa, Jimi— me dijo una chica de mi salón, no recordaba su nombre, pero igual me giré para ponerle atención.
— ¿Sí?— dije, era raro que me hablara en pleno salón de clases, ella no solía ni notarme.
— Yo quería preguntarte si acaso tú...— dudó un poco, me miró y luego prosiguió—... sabes cuál es el número de teléfono de Evan. Laura no quiso decirme.
— No lo sé— dije.
— O no quieres decirme— noté un poco de rudeza en su tono.
— No tiene un teléfono.
— Claro. Y yo nací ayer— dijo molesta.
— Es verdad, no tiene uno. Pero si crees que te miento puedes preguntarle a él.
— Sabes, mejor sólo dime que no quieres decirme. No inventes cosas.

Se giró y salió del grupo. Me quedé mirando cómo idiota la puerta.

En el receso no dije nada. Estaba por tocar el tema pero todos parecían de buen humor. Zac estaba particularmente tranquilo, Laura también y Jason hablaba sobre basquetbol. Evan escuchaba atento la conversación. No quise arruinar el momento.

Los días pasaron. Llegó febrero. Y hacía mucho frío. Aquella chica, llamada Lisa, seguía sin hablarme. Gracias a Laura supe que era hija de un importante hombre de negocios. Y como era bonita tenía una gran influencia entre los alumnos de la escuela. No me sorprendía que se hubiera fijado en Evan. Muchas lo hacían y yo lo sabía. En realidad yo ignoraba todo eso porque, con temor a sonar presumido, él y yo teníamos un pasado. Ninguna de ellas había hablado con Evan siquiera. O había salido con él. Ni nada. Así que en ese sentido no sentía celos.

Pero en ese momento aún cuando Evan había dicho que seguía interesado en mí, dudaba mucho. Temía que conociera a otra persona. Y me dejara. Al mismo tiempo creía que eso era lo mejor porque no saldría nada bueno si seguía relacionándose conmigo. Teníamos un pasado pero nadie a excepción de nuestros amigos lo sabían. Podríamos dejar todo y estaría bien. Él merecía una relación en la que pudiera decirle a todo el mundo que estaba enamorado y feliz. También que pudiera tomar a esa persona de la mano por la calle. Merecía una chica. Y habían muchas que parecían lindas, dispuestas a hacer todo por él.

Por eso siempre me preguntaba qué tenía yo que nadie más. Y cuánto más lo pensaba, más me desalentaba.

Me consideraba a mí mismo agradable. Y buen amigo. Para comprobarlo le pregunté a Zac y él dijo que yo era como un caramelo de mantequilla. Luego Evan dijo que quería comerse ese caramelo y Zac le lanzó una enciclopedia.
Yo no tenía gustos o habilidades especiales. Posiblemente era la única persona de todo el mundo que amaba a Taylor Swift, lo que yo consideraba un verdadero talento. Y sabía hacer origami, hornear galletas, me sabía todo el himno nacional y una vez interpreté a un árbol en una obra de teatro. Repasar eso hizo que terminara deprimiéndome. Me sentía como un fracaso.

Un día, la tal Lisa me detuvo cuando yo estaba por ir a buscar a Zac para regresar juntos a casa.
Me fulminó con la mirada. Entré en pánico.

— ¿Necesitas algo?— dije temeroso.
— Voy a ser clara. Evan me interesa. Quiero que sea mi amigo. Así que vas a ayudarme.

Cuando menos me di cuenta, ya nos rodeaban varias otras chicas. Sus amigas. Laura dijo que ella nunca se separaba de su escuadrón.

— No creo poder hacer nada. Deberías ir y hablar con él...
— No intentes jugar conmigo— dijo ella, completamente intimidante—. Quiero que finjas ser mi amigo y me lo presentes.
— ¿Fingir?
— Sí. De ninguna manera sería amiga de un rarito como tú. Y sólo será por poco tiempo, hasta que sea mi novio.

NOVIO. Ella dijo novio. ¿Estaba bien? Es decir, yo quería que tuviera una novia y que fuera feliz. Y ya había comprobado que yo podría sobrevivir aún si él estaba con otra persona. Pero de alguna manera, ella no parecía encajar bien en todo eso.
Y yo sentía que quería gritar, porque parecía que algo estaba apretando duro mi pecho...

— No— dije—. De ninguna manera.
— ¿Perdón?— dijo ella.
— Tú no deberías salir con Evan.
— ¿Y con quién más debería salir?— dijo entre risas— ¿Contigo? ¡Por favor, no seas ridículo!

Lo pensé. Conmigo. Ya lo había hecho. Y yo sabía que lo seguía amando. Y él había dicho que también me quería. Todo parecía apropiado pero yo... tenía miedo. Es que pensar en qué iba a suceder después me asustaba. Por que el amor terminaba. Y las personas normales hacían que no terminara porque se casaban, tenían hijos y yo no podía ofrecerle nada de eso a Evan. Sólo era yo. Nada más. Y no parecía suficiente. No para Evan. Él merecía lo mejor. Y desde luego que yo no lo era. ¿Entonces por qué? ¿Acaso no daba igual con quién terminara?

— Podría ser cualquiera— le dije—. Pero tú no. Eres mala. Y él no podría quererte nunca.
— ¡Qué acabas de decir!— gritó ella.

Me miró furiosa. Me arrepentí de haber dicho eso. Este es mi fin, pensé. Y habían tantas cosas que quería hacer... tener un gato, bucear, lanzarme desde un avión con paracaídas, terminar la universidad, ver a mis amigos felices, tener una casa y viajar por el mundo...
— Jimi— dijo Evan, salió de no sé dónde—, oh, veo que estás con tus amigas.
— No son mis amigas— dije.
— Claro que sí— dijo Lisa—. Ahora lo somos. Soy Lisa, mucho gusto.
— Soy Evan— dijo él.

No, no estaba bien. Él no se veía bien con ella. Lisa era mala. Había mentido.

— ¡No, claro que no!— dije.
— ¿Qué?— dijo ella, amenazándome con la mirada.
— No somos amigos. Ella es mala. Sólo quiere que seas su novio.
— ¿De verdad?— dijo Evan tranquilo.
— Bueno, es que...— ella parecía nerviosa, me miró un par de veces y casi me saca un paro cardíaco del miedo—...me gustas mucho y... pienso que alguien como tú debería estar con alguien como yo...
— ¿Alguien mala?— dijo Evan.
— Alguien perfecta, diría yo. Y no soy mala, es obvio que él está inventando todo eso.
— No. Jimi no miente. Es la persona más honesta que conozco. Y si un día llega a hacerlo, será por el bien de alguien— dijo Evan.

Me miró. Y sonrió. Sentí que quería abrazarlo. Mucho. Porque había dicho eso y yo no estaba seguro de que fuera cierto, pero dudaba tanto de mí que el hecho de que él no lo hiciera me hacía querer llorar.

— Además— dijo Evan, la miró—, no eres perfecta. Es decir, mira hacia abajo y te darás cuenta de que estás un poco plana.
— ¿Qué?— dijo ella, se puso roja como un tomate.
— Me equivoqué. No un poco. Muy plana. Absolutamente plana. Jimi— se dirigió a mí—, ya es tarde, los demás seguro ya nos dejaron. Vamos, hay que alcanzarlos.

Se acercó y tomó mi mano y me jaló hacia él. Lo seguí sin mirar por dónde iba, sólo quería seguir mirando su rostro.
Salimos de la escuela. Él seguía tomando mi mano. Y no parecía dudar sobre hacerlo o no. Aún si nos veían. ¿Por qué?

Solté su brazo. Se giró y me miró, intrigado.

— ¿Jimi?— dijo confuso.
— Yo...

Empezó a llover de repente. Entendí porqué Evan quería apresurarse. Por todo lo que pasó ni siquiera me di cuenta de las nubes en el cielo.

— Jimi, hay que buscar un lugar— dijo, la lluvia era muy fuerte ya.

No me moví. Me quedé ahí, en la acera. Y pensé en lo mucho que mentía. No era digno de Evan. Tenía un serio problema sobre mentirme a mí mismo. Quería ser valiente. Y no tener miedo. En ese momento sólo pensaba en eso.

— Jimi, te estás mojando.

Mire alrededor. No había nadie. Todos huyeron por la lluvia.
Me acerqué a Evan. Lo miré. Pasé lentamente mi brazo por su cuello. Y lo atraje a mí. Cuando lo tuve cerca, lo besé.
Al principio sólo fueron mis labios sobre los suyos. Luego se volvió un beso de verdad. No pensé en nada más que en lo mucho que extrañé hacer eso.

Me separé hasta que me quedé sin aliento. Y lo miré. Y él me observó a mí.

A lo lejos vi a mis amigos que venían a nosotros.

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