40. El diario de Jimi

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Al día siguiente ahí iba yo, contento, escuchando una lista de reproducción de las canciones más felices de Taylor Swift (Por que sí tenía) mientras caminaba a mi salón de clases cuando Zac apareció detrás de mí con su clásica sonrisa de "Soy un lujo que no cualquiera se puede dar".

— Buenos días— dije.
— Hola Jimi, te ves muy animado.
— Tú también... ¿Algo bueno pasó?
— Digamos que sí. ¿Hablaste con Evan ayer?
— No. Pero sé que debo confiar más en él.
— Bien— dijo, se llevó la mano a la cabeza—. Me alegra que las cosas empiecen a mejorar. Por un momento pensé que dios nos odiaba.
— ¿De qué hablas?— dije.
— No importa. Las semifinales ya son la semana que viene. Yo creo que ya estudiamos lo suficiente. Más te vale pasar a la final. No quiero estar solo entre tanta gente extraña.
— ¿Cómo sabes que pasarás a la final?
— Sólo mírame. Soy perfecto. Es más, me sorprende y admito que en veces me siento un poco ofendido de que no te hayas enamorado de mí. Soy mejor que Evan.
— ¡Lo siento mucho!— dije—, lamento no haberme enamorado de ti. Si te hace sentir mejor, creo que eres una persona extraordinaria. Y la persona que merezca tu amor será la más afortunada del mundo.
— Definitivamente me siento mejor— dijo—. Pero no tienes que disculparte. Obviamente no me conocías cuando te enamoraste de Evan. De otra forma ni siquiera lo hubieras volteado a ver.

Se fue a su salón luego de decir eso. Decidí irme también.
Zac era extraordinario de verdad. Tenía una perspectiva muy única de la vida... o sólo era egocéntrico, no lo sabía, aún no lo había decidido.

— Hola Jimi— dijo Laura, estábamos en el salón—. Ya casi es la semifinal. Iré para apoyarte.
— Gracias— dije.
— Ese chico... Zachary... ¿También irá, cierto?
— Desde luego. Va a participar.
— Yo creo que va a perder, eres mejor que él. Pero también estaré apoyándolo.
— ¿De verdad?— dije, sorprendido—, pensé que no te agradaba.
— Eso pensaba yo... pero ayer fue muy amable conmigo.
— ¿Así? ¿Qué pasó?

Laura me contó que ella tenía que llevar unos materiales al auditorio cuando tropezó y se le cayó todo. Zac estaba pasando por ahí y la ayudó a levantar sus cosas y llevarlas a su destino. Lo que también explica el por qué salió tarde de la escuela y pudo ver a Evan hablar con Alex.

— Me gustaría agradecérselo apropiadamente— dijo ella—. ¿Sabes si hay algo que le gusta?
— Las uvas. Podría comerlas todo el día.
— Me pregunto si debería comprarle algunas...

Ese día se sentía muy calmado. Ya era diciembre, estaba por salir de vacaciones. Aunque en noviembre el clima se había vuelto loco con una oleada de calor, en esos días el frío nos trataba con el látigo de su indiferencia. Pero yo me sentía contento.

En el receso, salí al jardín, en donde siempre nos encontrábamos. No recuerdo en qué momento decidimos que ese sería nuestro lugar. Probablemente sólo se dio y ya. Zac me alcanzó luego de un tiempo. Venía hablando por teléfono. Colgó y se sentó en el césped a mi lado.

— Hace frío— dije.
— Bastante. No para mi madre. Ella es imparable.
— ¿De verdad?
— Quiere que vaya a visitarla para Navidad. Pero papá tiene la misma idea y ambos no han dejado de pelear. Es como si el que lograra convencerme de ir a visitarlos pudiera ganar un premio. Creo que seré viejo y ellos seguirán peleando.
— ¿Vas a ir?
— No. La Navidad no me gusta.
— ¡No puedes hablar en serio!— dije—, ¡Yo amo la Navidad!
— Lo sé. Se ve en tu cara. Por desgracia yo nunca tuve una buena Navidad. Pero está bien, supongo que me la pasaré solo como siempre. Eso es mejor que ver a mis padres pelear.
— Lamento eso. Si quieres puedes pasar la Navidad con mi familia. A mis padres no les molestaría— dije.
— Creo que a tu padre sí le importaría pero agradezco la oferta. Lo pensaré. Aunque supongo que llevarás a Evan con tu familia. Me gustaría ver eso. Tal vez vaya.

Me sonrió. Me emocionaba saber eso. Estaría con las personas que quería. Ya hasta deseaba que fuera navidad.
Evan apareció sobre un pasillo. Nos alcanzó. Lo miré atentamente.

— Hola— le dije.
— Jimi— dijo, me observaba de manera extraña.
— ¿Todo está bien?
— Sí— sonrió, luego miró a Zac—, ¿Puedo hablar contigo?
— ¿Conmigo?— dijo Zac, extrañado.
— Sí. Por favor. En privado.
— Entonces me voy— dije.
— No es necesario— dijo Zac—. Si Evan quiere decirme algo tú puedes escuchar también.
— De todas fomas tengo que irme— insistí—, le prometí a Laura ayudarla con un trabajo.
— Entonces te veo en la tarde— dijo Zac.
— Sí— sonreí antes de irme.

Y no, en ningún momento imaginé que eso podría ser importante. O que ellos podrían hablar sobre mí. Debí sospecharlo. Pero quería ser optimista. Quizá porque la navidad estaba cerca.

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