Estaba enojada. Pero no iba a decirle eso a Zac. Menos cuando deseaba mi ayuda. Sin decir nada, acepté ayudarle.
¿Por qué iba a ayudarle a limpiar la casa de la persona que lo quería al igual que yo?
Imaginé que en cuestiones de amor debería hacer unos cuantos sacrificios. Estaba asustada. Nerviosa. Vería a Will pero no sabía qué decirle. Decidí ignorarlo. Él me ignoraría a mí de todos modos.
Caminé por la calle con Zac. Él se veía de buen humor. Bastante. Me sorprendía mucho. Tenía que lidiar con muchas cosas en su vida pero aún así las trataba con madurez. Entendía a qué se refería Will cuando dijo que no quería causar más problemas. Yo tampoco deseaba preocupar a Zac pero sabía que jamás podría optar por lo que eligió Will. No sabía si debía describirlo como egoísmo pero yo no podría guardarme tantos sentimientos adentro.
— No te preocupes— dijo Zac—. Will no está enojado contigo.
Me detuve. Él me observó. Bajé la mirada al suelo, no podía soportar verlo.
— Debería estar enojado— dije preocupada.
— Pero no lo está— dijo él—. No lo pienses tanto, él no es rencoroso. A decir verdad es un poco torpe cuando se trata de ser malo.
— Es que...— lo pensé un poco. No quería que él lo supiera pero ya no podía callarlo—... es que... yo lo lastimé y...
— Seguramente Will lo merecía— dijo Zac—. Es bastante torpe a veces. Pero tranquila, él no es una princesa.
— Golpeé su cara— admití.
Lo miré con miedo. Él iba a enojarse. Tal vez ya no iba a agradarle.
— ¿Con tu mano?— preguntó.
— Con ésta mano— le mostré sin dejar de ver su cara—. Soy una mala persona.
— Tu mano se ve bastante culpable— dijo—. Pero confío en su criterio para juzgar lo que está bien de lo que está mal.
— ¿No estás enojado conmigo?
— Si Will no lo está no veo porqué yo debería— dijo—. Aunque me sorprende lo que hiciste. Es decir, Will jamás me ha hecho nada que amerite usar la violencia.
— Yo...— traté de ponerme seria—... no quiero que esto suene a un patético intento por justificarme pero cuando lo golpeé lo hice no con intenciones de dañarlo sino de que se diera cuenta que estaba diciendo tonterías. Y yo no quería escuchar más esas cosas... eran muy tristes y... no quería escucharlas de él, que siempre parece feliz...
No dije más. Sólo me quedé mirando el suelo. No me sentía juzgada porque sabía que Zac no estaba entendiendo nada de lo que yo decía. No quería hablar de más pero lo hice.
— ¿Funcionó?— me preguntó. Lo miré.
— ¿Qué?
— ¿Él dejó de hablar?
— Creo... que sí.
— Entonces está bien— dijo—. Quizá se dio cuenta de muchas cosas. No apruebo la violencia pero si es para algo bueno está bien. Además yo una vez golpeé a alguien.
— ¿De verdad?— dije asombrada.
— Sí. A Evan de hecho. Él estaba diciendo cosas estúpidas y terminó hartándome.
— Pero él y tú se llevan muy bien ahora— dije.
— Me disculpé. Pero él sabía que estaba mal. Viéndolo de esa forma, además de ayudarme a sacar mi frustración también sirvió para que él notara su error.
Lo observé atentamente. Zac era genial en muchas formas diferentes.
— Entonces tengo que disculparme— dije.
— Sí, eso parece.
Le sonreí. Él tenía razón. Yo debía asumir mi responsabilidad.
Aunque no me sentía equivocada.
Llegamos a casa de Will. Él fue a abrirnos. Me miró y yo lo observé con angustia. No dije nada. Él tampoco. Si Zac no estuviera ahí todo habría estado en silencio.
— Arreglemos el jardín— dijo Zac—. Se ve bastante mal.
— ¿El jardín?— preguntó Will—. Pensé que la fiesta va a ser adentro.
— Pero el jardín es importante— dijo Zac—. Hay que organizarnos. Yo limpiaré adentro y ustedes se encargarán del jardín.
— Puedo hacer eso solo— dijo Will.
— No, no puedes— dijo Zac.
— Pero necesitarás ayuda adentro— dije.
— No, no la necesito— dijo él—. Así que quédense aquí afuera, hagan un poco de jardinería y no se les ocurra entrar porque de lo contrario me enojaré. Además el sol está bastante brillante. Es un día bonito.
— Entonces deberías quedarte aquí, en el sol— dije.
— Odio al sol— dijo él—. También los días bonitos. Pero suerte.
Se metió y cerró. Lo observamos irse.
Nuevamente el silencio. Él no dijo nada. Yo tampoco. Quería hablarle pero... no parecía que él quisiera hablarme a mí. Tal vez sí me odiaba. Tal vez no quería volver a verme...
Decidí no pensar en eso. Sólo tenía que concentrarme en mis deberes. Miré las plantas. Les hacía falta agua. Cerca había un grifo y una manguera. La conecté al grifo. Will tomó una pala y se puso a acomodar la tierra de una parte del jardín. Extendí la manguera y empecé a regar las plantas.
¡Qué demonios estaba haciendo! ¿Por qué lo estaba ignorando? ¿Acaso no quería disculparme?
Me sentí tonta. Pero se veía que él no quería arreglar nada. Empecé a enojarme.
Entonces, un poco de tierra golpeó mi cara. Cerré los ojos. La aparté de mi rostro con la mano. Estaba en eso cuando nuevamente más tierra me golpeó.
Esa fue suficiente.
— ¿Qué se supone que fue eso?— le grité enojada—, ¿Una especie de venganza?
Él se giró para verme. No parecía entender lo que decía.
— ¿Eh?— dijo—, ¿De qué hablas?
— ¡Tengo tierra en el cabello!— dije.
— Es cierto, ¿Por qué?
Lo miré enojada.
— Espera, no creerás que hice eso al propósito, ¿No?— dijo.
— ¿Y porqué no lo harías?
— ¡Es un accidente, te juro que es un accidente!— dijo, tomó la pala—, yo sólo tenía esto así y...
En el momento que la movió, más tierra salió disparada. Con una puntería tan buena que volvió a golpear mi cara.
— ¡Es suficiente!— dije.
Tomé la manguera y empecé a mojarlo.
— ¡Espera.... no es... lo que crees!— dijo con dificultad.
— ¡Esto es por mi cabello!— dije—, ¡Y por mi cara!
Él retrocedió un poco. Yo estaba cansada. Cerca de él había otra manguera conectada a un grifo. La observó. Luego me observó a mí.
— ¡Adelante!— le dije—, ¡Esto es la guerra, defiéndete!
— Yo no podría...
— Por supuesto— dije—. Tú no puedes hacer nada. Le temes a todo.
Me miró muy sorprendido. Y entendí que definitivamente eso sí se volvería una guerra.
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Rumores De Pasillo
RomanceJimi se declaró abiertamente gay en la escuela y empezaron a molestarlo por eso. Evan, un rubio popular que también lo molestaba, resultó sólo hacerlo porque los demás lo hacían... pero realmente guardaba un secreto: le agradaba Jimi. Mucho. Más de...
