152. El extraño diario de Zac

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— Hola— le dije a Laura y a Jason cuando llegué a ellos en el receso, después de que Jimi me convenciera de intentar hablar con ella.

Estaba nervioso. Mucho. No sabía qué iba a decir. Ellos me miraban asombrados.

— Parece que Jimi y Derek están hablando de algo interesante— dijo Jason—. Iré con ellos.

Se alejó. Lo maldecí muchas veces. ¿Cómo se atrevía a abandonarme?
Instintivamente miré a Laura. Ella parecía igual de nerviosa que yo. Al menos no era el único.

— ¿Cómo va todo?— dije.

Me maldecí internamente por ser tan torpe. Sí, eso explicaba por qué no tenía novia. Yo hablando con chicas era igual a Evan tratando de entender álgebra. No, no era lo mío.

— Bien— dijo.

Nos miramos. Sí, esa no era una buena idea. Para nada.

— Esto es raro, ¿No?— dije.
— Bastante. Mucho. Demasiado— dijo ella.
— Debería intentar ser un poco más normal— dije.
— Estás bien así— dijo ella—. Ya sabes, la gente suele votar más por personas diferentes.
— ¿Votar?— pregunté.
— Sí. Para las elecciones.
— En realidad aún no sé si quiero ser presidente.
— Pensé que ya era un hecho— dijo ella.
— No— dije—. No puedo ser presidente.
— ¡Claro que sí!— dijo ella—, ¿Alguien te dijo que no podías? Dime quién es y yo...
— Nadie me ha dicho eso— la interrumpí—. Pero por lo menos como estoy ahora, no podría postularme para ser presidente.
— ¿Por qué no?
— Me hace falta mi asesora de campaña— dije mientras la miraba.

Ella me observó. Al principio parecía sorprendida. Luego sonrió tenuemente.

— No— dijo mientras mantenía su sonrisa—. No te hace falta. Aún tienes una.
— ¿Significa que aún quieres ayudarme?— pregunté.
— Sí. Además, sin mí no podrías ganar— dijo—. Soy la persona que necesitas.
— No juzgaré eso— dije.

Nos miramos y por primera vez en mucho tiempo, no me sentía incómodo con ella.

— Todo está bien ahora, ¿Cierto?— pregunté con temor.

Ella me miraba asombrada.

— Siempre ha estado bien todo— dijo mientras sonreía—. Somos amigos.

En ese momento me di cuenta de que Laura podría ser infinitamente sorprendente.

— Es verdad— dije—. Somos amigos.
— Así que como soy una buena amiga— dijo—. Te ayudaré en todo lo que pueda. Menos en las cosas que sean muy obvias.
— ¿Cosas obvias? ¿Como cuáles?

Me miró y empezó a reírse muy fuerte. Como si yo acabara de decir algo que le parecía muy gracioso.

— ¿Qué es tan divertido?— pregunté.
— Todo— dijo entre risas—. Ahora es divertido. No sé cómo no vi lo extraño que era esto antes. Pero no te preocupes, si me necesitas te ayudaré.
— ¿A qué?— pregunté.
— A entender— dijo—. Porque parece que tu cerebro tienes problemas para comprender las cosas obvias, aún cuando las tienes frente a tus ojos.
— ¿Me estás insultando?
— Eso parece— dijo entre risas—, pero tranquilo, no es tan malo.

Me quedé con muchas preguntas.

— Nos vemos luego Zac— antes de irse.

No dije nada. Sólo la vi atravesar el patio y por un momento fue como si no hubiera ahí nadie más que ella, como si se convirtiera en la persona más imponente del lugar.
Sonreí. Las cosas empezaban a mejorar. No debí dudar de todos cuando me decían que estaría bien.

Regresé a mi salón de clases al final del receso. No antes de encontrame con Jason. No dijo nada, sólo sonrió y se fue. No era necesario decirle nada, él por alguna razón ya sabía que todo estaba bien. Pensé que me gustaría ser como él, que parecía saber qué iba a suceder siempre. Con un poder así podría arreglar mi vida de manera que fuera perfecta para mí y para todos los que me rodeaban. Nadie sufriría de esa forma.

Sabía perfectamente que eso era imposible.

Al finalizar las clases decidí ir a ver al equipo de basquetbol practicar. Jason lo hacía muy bien. Cuando tuvieron una pausa, él se acercó a mí.

— ¿Quieres jugar?— me preguntó.
— No, prefiero sólo ver— dije.
— Es una enorme lástima. Juegas bien. Tanto que el entrenador está considerando rogarte para que entres al equipo. Lo haría si no te tuviera tanto miedo.

Miré al entrenador, un sujeto alto y enorme que aprovechaba la pausa para regañar a sus pupilos. ¿Cómo alguien así iba a tenerme miedo?

— Bromeas, ¿Cierto?— pregunté.
— No, para nada. En verdad te teme.
— ¿Por qué?
— Le recuerdas a un profesor que tuvo una vez— me dijo Jason—. Sabía mucho y siempre parecía estar de malhumor, igual que tú.
— Traumas de la niñez, ¿No?
— Eso parece.

Los otros compañeros de juego de Jason se acercaron. Yo ya los conocía.

— Hola Zac, ¿Vas a entrar al equipo por fin?— preguntó uno.
— No lo creo— dije—, parece que asusto al entrenador.
— El entrenador le teme a todas las personas inteligentes— dijo otro chico.
— Pero estarás bien— dijo Jason.
— Sí— dijo un chico—, sobre todo porque vas a ser el presidente de la escuela.
— ¿Yo?— dije sorprendido—, ¿Quién les dijo eso?
— El entrenador— me respondió el chico—. De hecho todos lo dicen.
— Ya lo dan por hecho— dijo Jason.
— Yo no podría, para nada— dije—, menos cuando parece que hasta los profesores me temen.
— No todos— dijo un chico—. La profesora pelirroja bonita siempre habla bien de ti.

Recordé que era porque ella me conocía. Y porque conocía a Will, quién debió hablarle bien de mí.

— Pero yo votaría por ti— dijo otro chico.

Todos comenzaron a hablar sobre las razones por las que votarían por mí, que eran claramente lógicas.

— Zac aún lo está pensando— dijo Jason.
— Sí— dije—, aún lo estoy considerando.

El entrenador les pidió volver a la cancha. Ellos se despidieron y volvieron. Decidí irme. Ya sabía por qué el entrenador parecía muy nervioso cuando me veía.
Decidí matar el tiempo en la biblioteca. Entonces recordé que Evan aún debía estar en la sala de maestros estudiando. Pensé en visitarlo.
Realmente estaba esperando a que fueran por mí. Ese día no iría a mi casa sino que directamente iría a casa de papá. George se ofreció a recogerme de la escuela. Me había dicho que me llamaría cuando estuviera afuera, esperándome. Pero no llegaba. Conociéndolo seguramente se le había olvidado.

Caminé hasta llegar a la sala. Toqué. La profesora abrió la puerta.

— Hola Zac— dijo mientras se reía—, ¿Necesitas algo?
— No realmente— dije—, sólo quería ver a Evan.
— ¡Ayuda!— gritó él desde adentro—, ¡Sálvame Zac!

Entré. Lo miré. Parecía desesperado por irse de ahí.

— ¿En verdad acabas de pedir mi ayuda?— dije—. Debes estar muy desesperado, sobre todo considerando que yo jamás te ayudaría a escapar de algo que es para tu propio bien.
— ¡Estudiar no es bueno!— dijo—, ¡Es malo! ¡MALO!

Sí, no lo estaba tomando muy bien.

— No quería hacer esto— le dije—, pero no me dejas más opción. Si no tienes un buen promedio este año no te dejaré salir con mi hijo. Que diga, con Jimi.

Evan me miró como si acabara de ver un fantasma. Se veía muy asustado. Era increíble como esa amenaza había funcionado bien.

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