47. El diario de Jimi

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Me sentí mejor con los días. Visitar a Will era lo que más me animaba así que Zac y yo íbamos mucho a verlo.

— Wabes, pequeño Jimi— me dijo Zac un día cuando estábamos ahí—, estoy pensando en que ser doctor no ha de ser tan malo. No hacen nada todo el día y no debes ser precisamente el más inteligente como para estudiar medicina. Si hasta alguien tan torpe y desorganizado como Will puede hacerlo, yo podría hacerlo también.
— Te recuerdo que estoy aquí— dijo Will, detrás del escritorio, escribiendo algo.
— Realmente no me importa si escuchas o no. Y el comentario era para Jimi— Zac dijo con su clásica sonrisa.
— Me gustaba cuando hablabas de mí a mis espaldas. Al menos no tenía que escuchar nada— le respondió Will.
— Puedes salir de aquí si quieres.
— ¡Éste es mi consultorio!— dijo Will molesto.
— Bueno, entonces no te quejes.

Sonó el teléfono de Zac. Lo tomó pero debió colgar. Lo cuestioné con la mirada.

— ¿Pasa algo?— dijo.
— Debiste contestar. Era tu madre, lo sé. Debe estar preocupada— dije.
— No, no está preocupada. Nunca lo estuvo. No le importo.
— Claro que le importas, por eso llama.
— Llama porque quiere que la prefiera antes que a papá. Es una competencia. Nunca le importé. Por eso tuve que aprender a valerme por mí mismo desde pequeño.
— ¿De verdad?— le dijo Will—, ¿Eso significa que vives solo?
— Sí. Si viviera con mis padres seguramente sería un desastre como ellos. Y yo odio el desorden.
— Eso es cierto— dije—. Tu casa siempre está muy limpia y ordenada. Debes ser un maniático del orden.
— Entusiasta, diría yo. No como otra persona que no quiero decir quién es pero que está escribiendo por tercera vez una receta médica porque las primeras veces se equivocó con la ortografía y llenó el papel de corrector.
— ¿Cuándo notaste eso?— dijo Will.
— Soy muy perspicaz. Y no me sorprende. Insisto, eres un fraude como doctor.
— Soy un muy buen médico. Jimi lo sabe— dijo, afirmé con la cabeza.
— No lo parece... mejor dicho, sí lo parece pero no lo es— dijo Zac—. Tengo la teoría de que tienes clientes porque tus peces de la sala de espera son encantadores.
— Eso no es cierto— aseguró Will—, ¿Quién va al médico sólo porque le gustan los peces?
— Éste niño— me señaló Zac.
— No es cierto— dije rápidamente—, aunque... sí me gustan...
— Por cierto, ¿Cómo está el pez que te regalé?— dijo Will.
— ¿Doradito? Bien, en casa de...

Doradito. Se lo di a Evan. No sabía si estaba bien pero no era de extrañar, no había visto ni al mismo Evan. De hecho, era un alivio no habérmelo encontrado por ahí. Vivíamos relativamente cerca y las posibilidades eran muchas. Me preocupaba regresar a la escuela. Las vacaciones no durarían mucho y tendría que verlo. Por más que me escondiera de él estaba seguro de que terminaríamos encontrándonos. Lo que menos quería era verlo. Sí, lo vería algún día, pero me gustaría verlo cuando mi corazón ya no palpitara como loco al reconocer su perfume. Cuando ya lo hubiera olvidado.

Sería lindo poder encontrarnos y preguntarle cómo iba todo. Sin resentimientos. Yo no los tenía. Aunque me matara decirlo, nunca odiaría a Evan aún cuando fuera el iniciador de la tercera guerra mundial.
Estaba sumido en mis pensamientos vuando regresé a la normalidad vi que Zac estaba escribiendo algo junto a Will.

— En serio, eres terrible como doctor— ledijo Zac, que al parecer escribía la receta.
— Tu letra es bastante bonita— le dijo Will, sorprendido.
— Tengo que decirles algo— interrumpí. Ambos me miraron.

Dudé un poco. Pero debía hacerlo. Ellos eran mis amigos y no dudaron a la hora de ayudarme. Se merecían la verdad.

— Quiero decirles la razón por la que Evan término conmigo— dije al fin, sentí que una carga muy pesada empezaba a salir de mí. Ellos seguían con su mirada fija en mi rostro—. No quiero que lo odien. No es su culpa. No se merece eso...

Zac estuvo a punto de abrir la boca pero al final no dijo nada.

— Él ama a otra persona— admití.

No sabía que decir eso me iba a costar mucho trabajo. Pero así era. Había meditado mucho en todo ese tiempo y sabía que mi deber era dejarlo atrás para que fuera feliz con Alex. Pero eso no significaba que mis sentimientos por él iban a desaparecer. Y al juzgar por el dolor, jamás iba a poder superarlo. Ni en mil años. Eso no significaba que tendría que interponerme en su camino. Ya había decidido superarlo. Pero era muy difícil hacerlo.

— No digas más— dijo Zac, tocó mi mano y mi mente regresó a la tierra—. Lo sé. Lo sabemos.
— Supongo que sí— dije—. Alex es hermano de Will.
— Evan me lo dijo— dijo Zac, muy serio—, y yo...
— No importa— interrumpí—. Terminamos. Eso no significa que ustedes dejen de ser amigos de Evan... y entenderé si Will no quiere volver a verme— lo observé.
— Somos amigos— dijo Will—. No creo que Alex haya hecho bien en...
— Debes apoyarlo— le dije—. Se trata de su felicidad. Me sentiría mal si no lo apoyas sólo por que sientes lástima por mí.
— No es por eso, de verdad estoy de tu parte porque Alex es...
— Somos amigos, Jimi— dijo Zac, Will dejó de hablar—. Te apoyaremos. Las decisiones de Will no tienen nada qiue ver con si es su hermano o no. Y sinceramente, me niego a ver a Evan como amigo de nuevo.
— ¡No puedes hacer eso!— dije— ¡Él es tu amigo aunque ya no salga conmigo! Acepto que me lastimó pero eso no significa que...
— No tiene que ver contigo— dijo, enojado—. Simplemente no quiero estar con alguien que deja a una persona sólo porque otra de su pasado apareció. ¡Si sabía que no lo había superado por qué tuvo que salir contigo!

Lo miré en silencio. Y él a mí. Luego mis ojos saltaron a Will. Él lucía triste. Yo sentí que estaba por llorar. Pero tenía que ser fuerte.

— Jimi— dijo Will al fin—. No es tu culpa. Lo que pasó no es tu culpa.

¿De verdad? Porque llevaba todo ese tiempo pensando que fui yo, que mi amor no fue suficiente y...
Debí poner una cara muy triste porque Zac me abrazó. Me pregunté por qué hasta que descubrí que era porque en algún momento debí ponerme a llorar también. Así que eso hice.
Lloré mucho. No sé cuánto tiempo. Ni porqué. Era por todo. Por esas cosas que no lloré cuando debía. De tristeza por Evan, por felicidad ya que tenía amigos de verdad. Ya había llorado mucho los días anteriores, pero era simplemente de dolor. Esa vez se sentía diferente. Había una razón detrás. Una verdadera e importante. Así debía ser. Tenía que sacarlo todo.

Pensé que ya lo había hecho pero no era así. No estaba con las personas correctas.
Sentía que las cosas iban a mejorar a partir de ese momento. Deseaba que sí.

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