193. El extraño diario de Zac

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Llegamos. Solté la mano de Will.

No me sorprendió lo que vi. Evan estaba empapado de agua, George se reía a carcajadas mientras Jason cubría a Laura con una toalla. Jimi se acercó a Evan. La profesora salió del lago, se veía feliz.

— ¿Qué está pasando aquí?— pregunté.
— Nos refrescábamos un poco— dijo la profesora.
— Tú te refrescabas— dijo Evan—, yo caía al agua.
— ¡Esa sí fue una caída!— dijo George.
— ¿Se perdieron?— preguntó Jason.
— No— dije—. Sólo les daba tiempo para terminar sus deberes. Cosa que veo que sí hicieron.
— No exactamente— dijo Laura.
— ¿Tú también querías refrescarte?— le preguntó Will a ella.
— No— dijo Laura—. Yo quería ayudar a Evan a levantarse. No resultó como lo había planeado.
— Nada está resultando como lo había planeado— dije.

La profesora me observó.

— ¡Lo sabía, en verdad es un plan!— dijo ella.
— Lo es— dije—. Pero no puede hacer nada. Está atrapada. Sólo yo tengo un mapa.
— Hablando de eso— dijo Laura—, encontré...
— Laura— la interrumpí—, no es momento para que me digas cosas poco trascendentes.
— Pero esto es importante— dijo ella.

Will se acercó a ella. Le susurró algo en el oído.

— ¡Yo no encontré nada en mi bolso!— dijo ella.
— ¿Eh?— dijo la profesora.
— Nada— dije.

Me giré para ver a Jimi. Él estaba con Evan, mientras le secaba el cabello con una toalla. Sentí una punzada de celos.

— Por cierto— dije—, ¿Por qué Evan cayó al agua?
— Trataba de calcular qué tan profundo era el lago— dijo Jimi—. No fue una buena idea acercarse tanto.
— Ninguna idea es buena si viene de Evan— dije.
— Pues parece que esa sí lo fue— dijo Jason.

Efectivamente, Evan parecía ser el único ganador de ahí, mientras disfrutaba de los cuidados de Jimi.

— Toma— le dijo George a la profesora mientras le ofrecía una toalla.

Ella la recibió un poco mortificada.

— Creo que me perdí de muchas cosas— dije.
— Creo que nosotros también— dijo Jason.
— Lo dudo— dijo Laura, decepcionada.
— No entiendo— dije—, ¿Debía pasar algo?

Ella y Jason me observaron.

— Tengo malvaviscos— dijo Will.
— ¡Yo quiero!— dijo Evan.

Después de un cambio de ropa y de comer malvaviscos asados, nos sentamos junto a la fogata.

— Necesito una guitarra— dijo Evan.
— ¿Sabes tocar?— pregunté.
— Un poco— dijo.
— Eso no lo sabía— dije—. ¿Algún otro secreto que me estés guardando?
— Evan toca desde que tenía 5 años— dijo la profesora.
— Entonces debes saber mucho de música— dijo Laura.
— No realmente— dijo Evan.
— Yo no sé tocar nada— dijo Jimi.
— Yo tampoco— dijo George—. Me siento repentinamente inútil.
— ¿Repentinamente? Pensé que siempre te sentías así— dije.
— Zac sabe tocar el arpa— dijo Will.
— ¿De verdad?— preguntó Laura sorprendida—, ¿Cómo si fueras un ángel?
— Sí, pero por eso dejé de tocar— dije—. El arpa es un instrumento muy divino.
— Y Zac necesita algo más a su altura— dijo Evan—. Quizá una guitarra hecha de huesos humanos o algo así.
— O un órgano cuyos sonidos sean espectrales— dijo Laura.
— ¿Acaso creen que vengo del infierno o qué?— pregunté.
— ¿Quieres que te respondan o es una pregunta capciosa?— preguntó George.

Oficialmente me di por vencido.

— ¿Qué fue ese sonido?— preguntó Evan.
— ¡Fantasmas!— dijo Will.
— ¿Dónde?— preguntó Laura asustada.
— Ya les dije que los fantasmas no existen— dije.
— Creo que fue mi estómago— dijo Evan.
— Ya es tarde— dijo la profesora—. Deberíamos comer.

Rumores De PasilloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora