59. El diario de Jimi

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— Por cierto— me dijo Zac un día cuando hablábamos por teléfono—, ¿Tú y Evan están bien?
— ¿A qué te refieres?— respondí.
— Bueno, ustedes se gustan. Y ahora no hay nada que impida que vuelva contigo.
— No lo había pensado.
— ¿Significa que no quieres regresar con él?
— Nunca dije eso. En realidad no lo sé. Me gusta, más de lo que me gustaría admitir. Pero han pasado muchas cosas... ¿Qué crees que deba hacer?
— Sabes, pequeño y principiante Jimi— dijo, sonaba serio—, creo que deberían esperar. No lo digo porque Evan no me agrade lo que sí es cierto, es sólo que... ¿Puedo ser honesto contigo?
— Adelante— dije.
— Tú conociste a Evan, el sujeto popular de la escuela y de repente a él le gustabas, lo que hizo que la adolescencia te llevara a querer salir con él. Y fue muy repentino. Entiendo que entre él y tú existe una fuerte atracción, pero creo que se precipitaron mucho. Realmente no sabes casi nada de él. Y Evan no sabe sobre ti. Si ustedes hubieran tenido una relación saludable él te tendría mucha confianza, la suficiente como para contarte sobre Alex antes. Y eso no pasó. Sé que estás seguro que te gusta pero... puede que sea porque no has visto a otras personas. Al menos deja que pase un tiempo. No sé, despeja tu mente, enfócate en otras cosas.

Pensé un poco en lo que dijo. Y él tenía razón. Mi relación con Evan no sería la misma de todas formas. Yo necesitaba un respiro. Me gustaba Evan. Y antes había dicho que lo amaba pero no estaba muy seguro en ese momento. Él era todo lo que quería en la vida pero se sentía diferente. Ya no era lo mismo. Pronto entraríamos a la escuela. Tal vez ahí podría averiguar mis verdaderos sentimientos. Necesitaba saber más. Y sinceramente no tenía intención alguna de quedarme solo con Evan. Me daba miedo lo que pudiera pasar entre nosotros.

— Lo haré. Esperaré a ver qué pasa. Lo que menos quiero hacer ahora es ver a Evan. Sería raro— dije.

Mamá me gritó desde abajo, en la cocina. Le dije a Zac que le hablaría después. Bajé corriendo. Cuando llegué, lo vi, ahí, junto a la puerta. Exploté, internamente.

— ¿Evan?— dije.
— Hola— dijo él.
— ¿Qué haces aquí?— respondí.
— Eso le pregunté yo— dijo papá molesto.
— Quería verte. ¿Podemos ir a algún lugar más privado?— dijo.
— ¿Por qué?— dije alterado.
— Quería decirte algo y... admito que me siento un poco intimidado aquí. ¿Podemos ir a tu habitación?
— ¡No, eso no!— casi grité.

Me miró confuso. Me sentía torpe. Justo eso no quería. Se suponía que yo iba a tratar de aclarar mi mente y... en ese momento sólo pensaba en lo bien que le quedaba a Evan esa camisa, en todo el tiempo que había pasado desde que acaricié su cabello y en cuánto extrañaba el sonido de su voz. ¡Eso era peligroso! A ese paso terminaría sucumbiendo ante él.

— Es decir— dije—, podríamos ir a algún lugar más público. De preferencia con mucha gente.
—Podemos ir a mi casa— dijo.
— ¡No, claro que no!— dije alterado.
— ¿Por qué no?

¡Por el amor a todos los dioses! ¿El destino me odiaba o qué? Yo más Evan en una habitación... sólo pensar en eso me hacía imaginar cosas malas. Y se suponía que yo trataba de poner un poco de espacio entre nosotros.

— ¡Ya sé!— dije—. Vamos a pasear por las calles.

Él salió junto a mí no muy convencido. No iba dejarlo estar en una habitación sólo conmigo. No, la adolescencia no iba a ganar esa batalla. Aunque en mi imaginación yo ya había perdido muchas peleas. Sí, la naturaleza era un adversario fuerte.
Caminamos. Me comían los nervios. Me devoraban. Nervios caníbales.

— Espera, Jimi— me tomó del brazo, yo casi exploto simplemente con el hecho de ser tocado—. Voy a decirte algo. Escucha atentamente.
— ¿Tiene que ser hoy?
— Sí. Bien, escucha. Te amo. Sé que puede que no me creas. O que tú no me ames a mí. Pero he estado pensando mucho. Soy un cobarde. Jamás he peleado por nada porque siempre siento que no voy a ganar. Pero ya no más. No quiero perderte. Eres todo para mí.
— Ah...— dije, verdaderamente no sabía qué decir.
— Sé que destruí todo lo que teníamos. Pero quiero arreglarlo.
— No lo sé— dije, quería hacerlo callar, si seguía hablando yo terminaría cayendo en sus redes y ese no era el plan—, no sé si quiera...
— ¿Salir conmigo?— dijo—. No te pedí eso. Sólo quiero una oportunidad. Voy a demostrarte que soy digno de ti. Puede que ya no me ames. O que ya no te guste. Pero lo harás muy pronto. Voy a conquistarte. Y me amarás tanto que no dejarás de pensar en mí.
— No puedes saber eso— dije.
— Soy vidente. Sé que eso va a pasar. Así que no trates de huir de mí, Jimi, porque de ninguna manera voy a dejarte ir. Si tengo que secuestrarte, voy a hacerlo.
— ¡Eso es aterrador!
— No planeo hacerlo, no te preocupes. Sólo quiero que sepas que voy muy muy en serio— dijo antes de girarse hacia enfrente y caminar.

Me quedé parado ahí, viendo su espalda mientras avanzaba. Y mi corazón latía sin parar. No podía creer lo que acababa de decir. Es que... no era justo. Él simplemente decía algo y yo enloquecía. Cerró el espacio que yo trataba de imponer entre nosotros incluso antes de que lo creara.
Dijo que haría que yo no dejara de pensar en él. Pues ya lo estaba haciendo. En ese momento sólo pensaba en que de alguna manera tonta, aún sabiendo lo que acababa de pasar, quería estar con él. Me aterraba pensar en que las cosas serían muy difíciles si le daba una oportunidad y las cosas se iban por la borda.

¿Qué debería hacer? Era una locura. Pero me sentía poderosamente atraído por él.
Siempre fui el tipo de persona que recordaba bien las cosas malas y negativas de todo. Pero cuando se trataba de Evan, no podía ver más que las positivas. Todos esos momentos felices. Y me ponía muy contento.
Sólo su voz me hacía querer correr por el mundo tratando de ser mejor.

— Jimi— dijo, me sacó de mis pensamientos—, ¿Vienes?

Lo pensé un poco. ¿Debía arriesgarme? ¿Estaba dispuesto a exponer a mi corazón a otro adiós en caso de que las cosas no salieran bien?

Respiré profundo.
Corrí hacia él. No tuve que pensarlo mucho en realidad.

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