137. El diario de Laura

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Era un día común y corriente en la escuela. Eso pensaba pero no iba a ser un día así. Sería diferente pero yo no lo sabía.

Por la mañana me desperté temprano, me puse mi precioso uniforme azul marino (que portaba con mucho orgullo porque Zac también lo usaba así) desayuné, papá me habló de su trabajo, mamá me deseó suerte y se despidió de mí antes de que subiera al auto de papá. Él me llevaría a la escuela. Estaba en eso cuando, por enésima vez en lo que iba de marzo, el auto no funcionó.

— ¡No de nuevo!— dije.
— No creo que el auto del alcalde esté disponible ahora— dijo papá—. Y ya es bastante tarde.

Oh no, pensé. Mi primera clase era con el malvado profesor de álgebra. No debía llegar tarde.
Empecé a preocuparme. Pero supe qué hacer. Al mal tiempo, medidas desesperadas.

— No te preocupes— le dije a papá—, sé quién puede llevarme.

Tomé mis cosas y salí de casa. Atravesé la calle. Justo en la casa de enfrente, presioné el timbre. Me abrió la mamá de Jason. Me miró.

— Hola Laurita— dijo—, ¿Qué haces por aquí tan temprano?
— ¿Puedo pedirle un favor?
— ¡Claro que sí!— dijo ella.
— ¿Podría ir con ustedes en su auto a la escuela?

Le expliqué lo que pasó.

— ¡Desde luego!— dijo ella contenta.

A comparación con Jason, que parecía sacado de una película de terror de los 80's, su mamá era una madre normal. Su padre trabajaba con mi padre, por lo que los conocía desde hacía bastante.

Entré a su auto en el asiento de atrás. Jason me miró como si fuera lo más extraordinario del mundo.

— ¿Qué hace ella aquí?— dijo con dudoso.
— El auto de papá no funciona— dije—. No quiero llegar tarde.
— Pensé que tenías el auto del alcalde a tu disposición.
— No hoy. Aunque en verdad no quiero volver a llegar en él, podrían empezar a decir que soy pandillera.
— ¿Quién podría pensar que eres pandillera?— dijo la mamá de Jason.
— Eso mismo me pregunto yo— respondí, luego me dirigí a él—. No te preocupes, no volveré a necesitar nada que tenga que ver contigo.

No hablamos en todo el viaje. Llegamos a la escuela. Me bajé inmediatamente del auto. Le agradecí a la mamá de Jason y me metí a la escuela. Me encontré con Zac.

— ¡Buenos días!— le dije.
— Buenos días— dijo—. Te ves feliz.
— Me siento feliz— dije—, ¿Y Jimi? ¿Ya está por aquí?
— No lo he visto. Debe estar con Evan, espero que portándose bien. Si me disculpas, iré a buscarlos.
— Suerte— le dije.

Me gustas mucho, pensé. Lo seguí con la mirada. Suspiré.

— Se te escapa el amor en cada suspiro, decía mi madre— me dijo la presidenta, repentinamente. Me giré para verla.
— ¿Qué? ¡No, para nada!— dije nerviosa.
— El tiempo cura, pero no soluciona nada— me dijo.
— ¿Su madre también decía eso?
— No, eso lo digo yo. Así que no deberías dejar pasar más tiempo. Ya sabes, puedes simplemente enamorarte pero también puedes caer enamorada.
— ¿No es lo mismo?
— No. Si caes enamorada, te rompes.

Se alejó mientras me sonreía. La presidenta, además de inteligente y sabia, también era muy extraña en veces.
Decidí no pensarlo mucho. Entré al salón de clases. Jimi no estaba ahí. Llegó luego de un momento, agitado.

— ¿Qué pasó?— le pregunté cuando llegó a mí.
— Zac, eso pasó. Apareció de repente. A Evan casi le da un infarto. Yo me asusté mucho.
— ¿Valió la pena?
— Cada segundo. Aunque Zac va a regañarnos por escondernos en la sala del consejo estudiantil. No quiero excusarme pero... me moría por estar con Evan.

Lo miré. Me daba mucha envidia. Él era muy feliz con Evan. Estaban enamorados, tanto que aprovechaban todo el tiempo que tenían disponible para verse. Los había observado muchas veces. Tenían esa mirada, esa de cuando alguien ama demasiado.

El profesor malvado entró y empezó a dar clases. Yo no pude concentrarme bien. No dejaba de darle vueltas a lo que dijo la presidenta. Si lo analizaba bien, solía pensar que tenía mucho tiempo antes de decirle mis sentimientos a Zac. Pero desde luego no era así. Los días pasaban.

Por alguna razón eso me deprimió. En el receso llegué al jardín deprimida.

— Hoy alguien ha sido muy amable conmigo— dijo Jimi—, ¿No es genial? Además, él era de último año. No me conocía pero aún así fue bueno.
— ¡Es que eres adorable!— le dijo Evan y le acarició el cabello.
— De hecho las personas han cambiado mucho— dijo Zac—. Son amables y me hablan. ¿Quién les dijo que necesito que me hablen?
— Es bastante molesto— dijo Jason—. Sobre todo para ti Zac, que odias a medio universo.
— Sí— le respondió—. Aunque creo que no está tan mal que intenten agradarme. Apuesto a que a Will le parecerá curioso todo eso cuando le cuente.

¿A Will? Desde luego. No me había dado cuenta pero Zac solía hablar mucho de Will. Tanto que no podía evitar sentirme celosa de la relación tan cercana que tenían. Obviamente era así porque ambos eran hombres y debían tenerse mucha confianza, pero no lograba evitar desear ser así de necesaria para él. Era egoísta pensarlo, pero quería que Zac sólo me mirara a mí.

Regresé a clases. Jimi estuvo muy contento en todo el día. Él se alegraba muy fácilmente. Verlo así me puso un poco más contenta.
Por la tarde en la salida, Evan dijo que iba a quedarse a organizar un trabajo con sus compañeros de clase. Jimi iba a esperarlo en la biblioteca. Yo quería regresar a mi casa.

— Deberías ir a verme entrenar si es que no tienes nada qué hacer— me dijo Jason.
— ¿Por qué debería hacer eso?
— Te conviene ir. Podrías ver algo grandioso.

Me sonrió y se fue. Pensé que estaba loco. No lo seguí. Me fui con Jimi a la biblioteca. Él leía a Shakespeare. Estuve ahí un rato hasta que la tentación de ver lo que Jason quería que viera me ganó.

— Vengo en un rato— dije.

Salí corriendo. El equipo de basquetbol entrenaba en la cancha ubicada hasta atrás de la escuela. Corrí.

Entonces lo vi. Era Zac que jugaba con Jason y los demás. Casi me caigo de espaldas. ¡Él se veía tan bien mientras corría, tan apuesto!
Lo seguí con la mirada. Era muy bueno jugando. ¿Por qué había dejado de jugar? Quizá no se sentía cómodo ahí. Aunque se veía increíble.

Jason me vio y corrió hacia mí cuando les dieron un descanso.

— ¿No me vas a agradecer?— preguntó.
— Sorprendentemente sí— dije—. Muchas gracias. ¿Cómo lograste que jugara?
— No fue fácil. Pero el resultado vale la pena, ¿No? A todos les parece que juega bien. Además esto podría ser bueno por si decide que sí quiere volverse presidente.
— Claro que sí... en verdad le ayudaría llevarse mejor con los demás.

Él notó que estábamos ahí. Corrió hacia nosotros.

— Laura— dijo—, ¿Viniste a ver al equipo entrenar?

No al equipo, a ti, pensé.

— Sí— mentí.
— Qué bien— dijo.
— ¿Desde cuando practicas con ellos?— pregunté.
— Sólo hoy lo hice— dijo—. Jason es muy convincente cuando quiere. Qué coincidencia que pudieras verme. ¿Juego bien?
— Sí— dije.

No, no era una coincidencia. Pero él no lo sabía. Simplemente no lo veía.

— Lamentablemente tengo que irme— dijo.
— ¿Irte? ¿A dónde?— pregunté.
— Con Will.
— ¿Por qué?
— Hace mucho que no lo veo en su trabajo. Debe estar muriendo de aburrimiento.
— Pero lo viste hace unos cuantos días.
— Eso es mucho tiempo para mí— dijo él.

Lo miré. Se iría. Estaba bien porque se iría con Will. Aunque yo no me sentía nada bien. No. No lograba evitar sentirme tan celosa.

— Entonces— dijo él—, si me disculpan, iré por mis cosas.
— ¿Puedo ir contigo?— pregunté.
— Claro— dijo—. A Will le gustará verte.

Pero yo no sabía si quería verlo. Probablemente sí, lo que no quería ver era a Zac junto a él.

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