94. El diario de Jimi (en la final)

290 46 2
                                        

Me sentía muy nervioso. Estaba en cadena nacional, en medio de un certamen sumamente complicado en el cual me enfrentaría a nada menos que a Zac, y como si no fuera suficiente sentía que estaba a punto de vomitar.

Los días pasaron más rápido de lo que pensé. Me reunía con todos para estudiar por las tardes. Era muy divertido. Además de sentirme apoyado. En momentos como ese pensaba que mi vida hubiera sido muy diferente si no los hubiera conocido nunca. Estaría estudiando solo. Tal vez con Laura. Y ella no sería como era en ese momento, que se peleaba a muerte con Jason mientras trataba a Zac como si fuera un príncipe. No me gustaba un escenario sin ellos.

— El programa empezará en 10 minutos— me dijo mamá, que estaba ahí, intentando acomodar mi cabello—, tienes que estar en el estrado para entonces.
— No sé si pueda hacerlo— dije, nervioso.
— Claro que sí— dijo ella—. Eres muy inteligente, has trabajado duro y tienes a muchas personas que están apoyándote. Incluída toda tu escuela.

Miré al público. En efecto, casi toda mi escuela estaba ahí. Mi corazón empezó a agitarse.

— Además no estarás solo— dijo—. Zac estará contigo.

Eso me tranquilizó. Al menos tenía ese consuelo. Sin embargo aún me sentía a punto de desfallecer.

— Hola Jimi— dijo Laura, que venía con Jason y Will—. Gracias por darnos lugares preferenciales entre el público. Ahora podremos apoyarte desde muy cerca.
— De nada— dije—, realmente no es como si fueran para alguien más. ¿Y Zac?
— Por ahí— me señaló Will—, con su padre y su... ¿Madre? ¿Jill cuenta como su madre?
— Técnicamente sería su madrastra— dijo Jason—. Aunque aún no se ha casado con su padre.
— La palabra madrastra suena horrible— dijo Laura—, como a maldad.
— ¿Por qué?— preguntó Will.
— Porque las madrastras de Cenicienta y Blanca Nieves eran terribles— dijo ella.
— Pero Jill es agradable— dijo Will.

Dejé de ponerle atención a la conversación porque a lo lejos vi algo que era aún más poderoso como para hacer que mi corazón dejara de latir nervioso. Evan. Apareció entre las personas, con un enorme cartel. Caminó lentamente hacia mí, mientras las personas de su alrededor lo veían, como si acabaran de conocer a un ángel. No pude evitar sonreír.

— Hola— dijo cuando llegó a mí.
— Hola— dije, contento.

Nos quedamos mirando. Amaba los ojos de Evan. Eran color miel y muy expresivos, de alguna manera me hacían creer que todo iba a estar bien...

— Jimi, concéntrate— dijo Zac, que apareció a mi lado. Me asustó.
— ¿Tú estabas aquí?— le dije.
— Claro— dijo—. Pero obviamente no me notabas. Tampoco a los demás. Parecía que sólo existían ustedes dos.

Miramos a nuestro alrededor. ¡Oh por dios! ¡Era cierto! Sólo llegó Evan y me perdí. No podía evitarlo. No quería ver ni pensar en nada que no fuera él.

— Tengo el cartel— dijo Evan.
— Qué bien— dijo Laura.
— ¿Un cartel?— preguntó Zac.
— Sí— dijo Jason—. Para mostrar nuestro apoyo. La idea original era pintar nuestro abdomen pero Laura se negó a quitarse la camiseta y aparecer en ropa interior. Es una lástima, así hubiéramos pasado en televisión.
— ¡Yo no haría algo así!— le dijo ella enojada.
— Así que hicimos este enorme cartel entre todos— dijo Evan—, es tan grande que seguramente pasaremos en televisión.
— Entonces lo único que quieren es estar en televisión— dijo Zac.
— Y apoyarlos— dijo Will.
— Por cierto— dijo Laura—, ¿Están preparados para ser enemigos?
— No somos enemigos— dije—. Zac y yo quedamos que pase lo que pase, no dejaremos que nada se interponga en nuestra amistad.
— Sí— dijo Zac—. Aún si ambos perdemos, podemos participar nuevamente luego aunque no es tan importante. Aunque si tenemos oportunidad de ganar, lo haremos.
— Eso suena muy bien— dijo Laura.

El padre de Zac lo llamó y él fue. Me agradaba ver que entre su padre y él todo estuviera bien. Todos se veían bien y felices. Era motivador.

— No te preocupes— me dijo Evan—. Todo estará bien.

Tomó mi mano. Y lo miré. En verdad se sentía como si todo fuera a estar bien.

— Buena idea Evan— dijo Laura, se acercó a nosotros—, hay que juntar nuestras manos.
— ¿Eh?— dijo Jason—, ¿De verdad?
— Como señal de apoyo— dijo ella.

Will se acercó y puso su mano sobre la mía y la de Evan. Jason y Laura se agregaron. Zac llegó a nosotros.

— ¿Qué están haciendo?— dijo.
— Zac, intégrate— le dijo Laura.
— Ok. Es raro pero...
— Sólo pon tu mano aquí— le dijo Will.

Él lo hizo sin mucho entusiasmo.
Esa fue la última vez que estuvimos todos juntos antes del certamen.

Todos fueron a sus lugares entre el público. Yo me dirigí al mío que tenía mi nombre y un botón rojo enorme al frente.

Éramos 5 concursantes. Zac, una chica de cabello rizado muy esponjado, un chico de gafas redondas, una chica bajita de aspecto delicado y yo.
Me quedé pensando en que los otros competidores no parecían muy contentos. Tal vez ellos pensaban que Zac tampoco se veía feliz, pero lo estaba. Al menos más de lo normal.

Miré al público. Los reflectores no me dejaban ver bien. Pero el cartel que decía “Zac y Jimi”, sí era enorme y se veía. Me reí para mis adentros. ¿Quién escogió qué escribirle?
Entonces miré a Evan. Y él me miró.

Estaba muy lejos de mí, pero se sentía tan cerca. Tanto que quería acercarme y abrazarlo. Tal vez así los nervios se irían.

Empezó el concurso. El conductor era un conocido y famoso conductor. Hice mi nota mental de pedirle un autógrafo cuando todo terminara.

Estaba pensando en banalidades para controlar mi nerviosismo cuando nos pidieron presentarnos. Ya habíamos ensayado antes pero me tomó por sorpresa. La primera persona que le tocó hacerlo fue Zac. Y lo dijo como si fuera lo más fácil del mundo. Las personas en el público lo apoyaban, aunque no lo conocía. Él era tan grandiosko. Se había ganado al público y sólo había dicho su nombre.

Los demás se presentaron también. Llegó mi turno. Me sudaban las manos. Lo hice. Dije mi nombre, mi edad, el lugar de donde venía y el nombre de mi escuela.
Sentí que moría. No estaba temblando de puro milagro. La gente hizo mucho ruido. Al parecer yo también les simpatizaba. ¿Por qué?

Me sentí un poco más aliviado. Miré al público. Evan seguía mirándome. Pensé en ser fuerte. Tenía que serlo. No más nervios. Eso sólo era el inicio. Lo más complicado estaba por venir.

Y no me sentía solo. No lo estaba.
Por primera vez en mi vida me sentía más confiado que nunca en toda mi existencia.

Rumores De PasilloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora