Esa noche dormí como nunca lo había hecho. Solía tener muchos problemas para conciliar el sueño sin embargo, muy contrario a lo que pensaba, me dormí rápidamente. Will durmió junto a mí.
Me preguntaba por qué dormí tan bien pero no lo sabía. Quizá fue porque por un momento me sentí menos solo.
Will se encargó de todo. En realidad no sabía qué había hecho. Dijo que había enviado un mensaje. Yo no podía creer que un sólo mensaje fuera suficiente pero él me juró que todo estaba bien. No sabía cómo pero decidí creerle.
Había llegado un punto en mi vida en donde le creería cualquier cosa a Will, por más loca que fuera. Él era lo único a lo que podía aferrarme, tanto así que estaba seguro de que si me hubiera pedido alguna cosa, la que fuera, yo se la habría dado. Pero por supuesto, él no era del tipo de personas que pedían cosas a los demás.
Al día siguiente desperté porque la luz del sol tocó mi cara. Me encontré a mí mismo en una enorme cama, solo. Me angustié porque la escena me parecía familiar. Y aterradora. Estaba por entrar en pánico cuando Will entró por la puerta.
— Hola— dijo él—. Buenos días.
— ¿Dónde estabas?— dije.
— Abajo, en la cocina. Preparé el desayuno.
— ¿Por qué?
— Porque somos humanos que usamos la comida como fuente de energía. ¿Por qué preguntas eso?
— No, olvídalo. Me desperté bastante confundido.
— Debe ser normal, estás en un lugar que no es el que acostumbras.
— Sí, seguro es por eso— admití.
— Ven, vamos a desayunar— dijo, se acercó y me extendió su mano.
Miré a Will. Miré su mano. Por alguna razón no dude en tomarla. Me ayudó a levantarme. Luego caminamos por el pasillo y bajamos las escaleras mientras me contaba sobre todo lo que tuvo que pasar por preparar el desayuno. Yo sólo pensaba en lo grandioso que era él.
Aunque aún seguía confundido y una parte de mí pensaba que todo eso era un sueño, no podía dejar de pensar en lo agradecido que estaba con Will. Mientras comía los panqueques a los que él le había dibujado una carita feliz con miel de maple, pensé en que no había cosa que yo no haría por Will.
Él seguía hablando de cosas que le habían pasado porque era bastante torpe, pero yo no lo estaba escuchando. Sólo veía su cara, con sus facciones perfectas y la manera en la que parecía que todo se iluminaba cuando él sonreía. Pensé en que me había acostumbrado tanto a estar con Will que generalmente pasaba por alto todas las cosas buenas que él tenía.
— ¿Todo está bien?— me preguntó cuando me atrapó mirándolo fijamente.
— Sí— dije nervioso.
— Porque si pasa algo, puedes decirme.
— No, estoy bien. Todo está bien. Demasiado bien.
— ¿Eso es malo?
— Claro que no— dije—. Es sólo que me sorprende que todo parezca ir bien. Con la suerte que tengo pensé que hoy habría una epidemia de un virus mortal y desconocido.
— No creo que tengas mala suerte.
— Yo diría que sí. Aunque también tengo la teoría de que en mi vida pasada fui algún tirano dictador. O un rey malvado. Por eso el mundo se está encargando de hacerme pagar por todo el mal que hice.
— Eso no es cierto. Aunque no pensé que creerías en cosas como la reencarnación.
— Will, ¿Tú crees en eso?
— Un poco.
— ¿Qué crees que fuiste en tu vida pasada?— dije curioso. Él pensó un poco.
— No lo sé— dijo—. Es una difícil pregunta.
— Yo sé qué fuiste— dije—. Eras un doctor.
— ¿Un doctor? ¿Como ahora?
— Sí. Igual que ahora. Pero tal vez menos torpe.
— ¿Por qué un doctor?— preguntó.
— ¿No es obvio? Porque los doctores ayudan a las personas a sentirse bien. Las ayudan.
Me miró asombrado.
— Quizá sí— me sonrió.
Seguimos hablando. Lo mejor de Will era que sentía que podía decirle cualquier cosa sin temer a nada.
Al terminar, él dijo que tenía que irse.
— ¿Quieres quedarte aquí?— me preguntó.
— ¿Puedo hacerlo?
— Claro. Todo el tiempo que quieras.
Pensé en que si dependiera de mí, me quedaría para siempre. Al menos ahí no tenía que pensar todo el tiempo.
— ¿Seguro? ¿No soy una molestia?— dije.
— No, para nada. Es más, si quieres puedes quedarte para siempre.
Nos miramos sorprendidos. Yo porque él parecía haber leído mi mente. Él quizá porque se dio cuenta de que dijo algo muy raro.
— ¿De verdad?— pregunté.
— Eh... — dijo nervioso—... eso lo dije sólo por decirlo...
— Entonces no deberías decir cosas así— le dije—, porque cualquiera podría pensar que lo dices en serio.
— Tienes razón. Entonces... debo irme. Ahora. Ya. Al trabajo.
Él parecía más torpe de lo normal. Antes de salir se tropezó con un par de muebles que debían llevar años en su lugar pero que Will debió olvidar que ahí estaban. Se fue envuelto en un montón de nervios. ¿Habrá sido por algo que dije?, pensé. Tal vez fue por lo de la propuesta de quedarme para siempre. Obviamente lo dijo por decir, pero como yo le pregunté mientras parecía serio, debió pensar que lo tomé como algo verdadero. Eso debió asustarlo. Lo que menos necesitaba Will era que yo me quedara más tiempo en su casa. Además, ¿Por qué Will quería que me quedara con él para siempre?
Después de que se fue pensé un poco en eso. Hasta que miré a mi alrededor: zapatos en la cocina, libros en las escaleras, ropa en los pasillos y envolturas de dulces en el baño. ¡Su casa era un desastre!
No, no si yo estaba ahí.
Me puse a limpiar. Si había algo que amaba más que leer un buen libro, era ordenar. Aparentemente eso me llevaría horas. Sí, yo no podía ser más feliz. Me puse en acción.
Había mucha ropa en todas partes, los vidrios de la ventana parecían llevar años sin ser limpiados y me atrevería a decir que el moho estaba empezando a cobrar vida. Por suerte yo era muy muy bueno limpiando moho.
Me llevó casi todo el día. Will llamó un par de veces para verificar si estaba bien.
Al final del día me sentía cansado pero valía la pena. No tanto porque me gustara limpiar, sino porque al estar ocupado todo el día no tuve tiempo de pensar en nada.
Sabía que no podía seguir así. Tendría que confrontar la verdad.
Sin embargo, me asustaba.
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Rumores De Pasillo
RomanceJimi se declaró abiertamente gay en la escuela y empezaron a molestarlo por eso. Evan, un rubio popular que también lo molestaba, resultó sólo hacerlo porque los demás lo hacían... pero realmente guardaba un secreto: le agradaba Jimi. Mucho. Más de...
