60. El extraño diario de Zac

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Evan no me agradaba. No creía que fuera el perfecto para Jimi. Sabía que lo decía todo el tiempo, pero así lo sentía. Al mismo tiempo sabía que era el amor destinado para él. Era cuestión de conexiones. Cuando ambos estaban juntos, parecía como si no hubiera nadie más. Y eso era hermoso. No lo entendía muy bien porque yo jamás había sentido eso en mi vida. Y sabía que ese tipo de conexión entre dos personas sólo se daba una vez en la vida. No quería separarlos pero no podía dejar de pensar que tal vez por alguna razón el destino se equivocó y Evan no era para Jimi...

Sabía bien qué pasaba. Yo no quería ver sufrir a Jimi. Y creía sinceramente que lo haría si seguía con esa relación. Fuera como fuera tenía que disculparme con Evan por golpearlo. Pero fue su culpa, aunque admitía que me sentía mal ya que aparentemente todo era por Alex. Pudo contarme, yo lo habría ayudado. Entendía que no era el típico amigo al que alguien recurría cuando tenía problemas pero me hubiera gustado que al menos una vez él confiara en mí. Era extraño. Evan no me agradaba y al mismo tiempo quería que depositara su confianza en mí.

Así que con ese pensamiento en mente, salí de mi casa luego de asegurarme de que mi madre no pudiera causar el apocalipsis. No sabía en donde vivía Evan. Y él no tenía un número de teléfono. Así que opté por buscarlo en su trabajo.
Caminé unos minutos entre las calles aún frías. Se sentía diferente, como si yo ya no fuera el mismo.

Aún no llegaba cuando vi que Evan estaba en un extremo de la calle. Lo supe porque había una pareja de chicas debatiéndose entre si ir a hablarle o no. Bueno, él seguía siendo el chico popular sin importar el lugar en donde estuviera.
Llegué a él luego de unos pasos.

— ¡Pero si es Zac!— dijo él, sorprendido.
— Te estaba buscando— dije.
— Soy inocente— se apresuró a decir.
— Yo que tú no estaría muy seguro. Pero no he venido a buscar problemas. Sólo quería hablar contigo.
— Eso es aún más escalofriante— dijo divertido.
— ¿Qué va a pasar contigo y Jimi?— dije.
— Qué bueno que preguntas eso. Antes, me gustaría disculparme. Sé que me comporté como un idiota. Y que te hice pasar momentos horribles. Lo siento mucho. Por otro lado— parecía sombrío y luego se recuperó automáticamente—, Jimi y yo estamos bien. Él no está seguro de que lo nuestro pueda funcionar. Pero yo voy a intentarlo.
— Suerte con eso— le dije.
— No la necesito. Sé que puedo lograr que me ame.
— Tienes mucha confianza en ti mismo.
— Es que tengo las cosas muy claras. Ya he vivido todo el tiempo perdiendo cosas importantes. Ya no más. Voy a esforzarme.

No supe cómo responder a eso. Por esos días habían muchas cosas que me habían arrebatado las palabras de la boca.

— Sé que no estoy en posición de pedirlo pero confía en mí— dijo y me sonrió.

Lo miré y por primera vez supe, de alguna extraña manera, la razón por la que Jimi sentía algo por él: era imposible no sentirse bien a su lado.

— Está bien pero...— me detuve cuando recordé algo que había pasado por alto desconsideradamente.

Por dios. Olvidé a Will, igual que como él olvidaba los lugares en donde ponía sus cosas. Se me olvidó que eso era un triángulo amoroso.

— Tengo algo importante que decirte— le dije—. Antes de eso, yo también lamento que seas idiota y que me obligaras a golpearte. Ya no lo hagas más.
— ¿Esa es una disculpa? De alguna manera no me hace sentir tan bien.
— Eso es lo máximo que vas a obtener de mí. Confórmate. Regresando al principio, en serio quiero comentarte algo.
— ¿Vas a decirme que eres gay?— dijo.
— ¿Qué?— dije completamente sorprendido.
— No te preocupes, soy muy respetuoso.
— ¡Por supuesto que sí, salías con Jimi! ¡Y no soy gay!— le grité.

Quería estrangularlo. Y llevarme lejos a Jimi para que no pudiera verlo nunca. Respiré y conté hasta 10.

— Olvídalo. Sólo quería decirte que quizá no eres el único interesado en Jimi— dije.
— Eso ya lo sé. ¡Es tan adorable!
— Me refiero a que tal vez alguien más quiera intentar algo con él. Y puede que Jimi también sienta, si tú no haces nada, sentimientos por esa persona.
— ¿Eres tú?— dijo sorprendido—, ¡Pero si acabas de decirme que no eres gay!
— ¡Que no soy yo!— grité—, ¿Por qué todos piensan que soy yo? ¿Acaso no puedo tener amigos?
— Espera un momento— dijo Evan, pensativo—. Si yo amo a Jimi, ¿Significa que soy gay?
— ¡Y hasta ahora piensas en eso!
— No me siento gay. ¿Cómo se supone que me debería sentir?
— ¡Cómo demonios voy a saberlo yo!
— Pero Zac, tú lo sabes todo. Eres como un ancianito.

De acuerdo, me dije a mí mismo. Decidí dejar de perder el tiempo.

— Si quieres a Jimi, pelea por él. Pero si te lo ganan, acepta que perdiste. Es todo lo que puedo decirte.
— ¿Vas a quitarme a mi Jimi?— dijo.
— Yo no haría eso. En realidad, nunca nadie va quitártelo. Por que si lo pierdes significa que nunca fue tuyo.
— Tranquilo, futuro dictador de este país— me dijo—. Voy a quedarme con Jimi. Lo juro. No perderé.
— Suerte porque tus adversarios podrían ser muy fuertes.
— Gracias por el consejo pero me irá bien. Lo sé— dijo.
— ¿Por qué soy el futuro dictador de éste país? La política no me interesa... pero suena bien. No está mal. Tal vez lo haga.

Me fui luego de que él me pidiera que no sea tan cruel con mis súbditos cuando gobernara al mundo. De camino a casa, le envíe un mensaje a Will. Quería ser justo. Con ambos. Si los dos querían a Jimi, que les costara. Ya no quería meterme. Después de todo, parece que sólo complicaba las cosas.

"Parece que Evan te lleva ventaja. Pero es tan idiota que tal vez termine arruinando todo. Creo que podrías gustarle a Jimi. Oficialmente tienes mi permiso. Así que actúa, porque es por tiempo limitado. Suerte"

Cuando llegué, mamá estaba golpeando un sartén envuelto en llamas con una escoba en el jardín. Sí, aparentemente los golpes funcionaban mejor que el agua. Los bomberos deberían saber esa información.

— Mamá, ¿Qué estás haciendo?— dije.
— Quería cocinar... aún no se me da muy bien— dijo, luego, como si recordara algo, se giró para verme—. Tu padre está en la sala.

No podía creerlo. Entré corriendo. ¿Papá? ¿Acaso no estaba con su nueva novia? ¿Qué hacía ahí?
Efectivamente, estaba sentado en el sofá. Cuando me vio se puso de pie. Y si algo había aprendido siendo hijo de un burócrata, era que cuando se levantan con aspecto solemne, significa que viene algo grande.

— ¿Qué pasa?— dije, temeroso.
— Temo que nada bueno— dijo.

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