Fui a casa de mis padres. Will me llevó en su auto. Hablar el día anterior me había servido mucho. Me sentía más valiente. Quería pensar que era porque iba a enfrentar mis temores pero probablemente era porque Jimi había estado conmigo. Él y los demás habían ido a verme en casa de Will. Eso me había animado bastante. Les conté todo. Me sentía bien. Me gustó ver a Jimi. Sólo necesitaba verlo para sentirme capaz de hacer cualquier cosa.
Llegué y Will estacionó el auto afuera de la casa de papá. Sentí un nudo en la garganta. Miré la puerta imaginando que él probablemente estaba adentro.
— ¿Estás bien?— preguntó Will.
— Siento como si fuera a vomitar.
— Estás muy nervioso. Deberías tranquilizarte antes de entrar. ¿Quieres que te acompañe?
— No, estaré bien solo— dije—, al menos eso creo.
No lo pensé más y bajé del auto. Me giré para ver a Will.
— Si quieres puedo quedarme— dijo él—, por si me necesitas.
— No te molestes en hacer eso. Estaré bien. Y si algo pasa, llegaré a tu casa como la vez pasada, sólo espero que esta vez no llueva tanto.
— De acuerdo— dijo él—, pero envíame un mensaje si todo sale bien. Y, en el peor de los casos, si sale mal.
— Lo haré.
Él me sonrió tenuemente.
— Will— le dije—, gracias por todo.
— De nada— dijo.
— Te debo un favor— le dije—, así que si un día me necesitas, ahí estaré.
— Eso ya lo sé— dijo—, pero me agrada que lo digas.
— Entonces me voy— dije antes de cerrar la puerta del auto—, deséame suerte.
— Lo hago siempre— dijo.
Lo miré consternado. ¿Lo hace siempre? ¿Eso qué significaba?
Iba a preguntarle pero él se fue sin que me diera oportunidad. Decidí concentrarme en lo que importaba. Respiré profundo y caminé a la puerta.
Guardaba las llaves de la casa de papá en el bolsillo de mi abrigo. Las tomé. Abrí. Entré.
Jill apareció. Me miró. Y yo la miré a ella. Sentí como si alguien me apretara el pecho.
— Zac— dijo ella mientras me sonreía melancólica—, estás bien. Qué bueno.
No dije nada. Sólo la miré. Mis piernas no se movían.
Papá apareció. Me observó. Se quedó al lado de Jill sin acercarse.
— ¿Te encuentras bien?— me preguntó muy serio.
Asentí con la cabeza. No podía hablar. Aunque había tanto que quería decir, tanto que no lograba organizar mis pensamientos en mi cabeza.
— ¿Necesitas sentarte?— preguntó Jill. Negué con la cabeza.
Papá me miraba. Parecía estar pensando en qué iba a decir.
— ¿Quieres que hablemos?— dijo al fin.
Ese era el problema. Yo no quería hablar. No quería escuchar lo que él tuviera que decirme, fuera lo que fuera. No lo necesitaba.
— No hace falta— dije.
— Pero tenemos que hablar— dijo él—. Hay mucho que tengo que contarte...
— Estoy bien— dije, interrumpiéndolo—. Tal vez no siempre lo he estado, pero hoy sí. Porque sé que en toda mi vida siempre me van a pasar cosas malas pero también sé que siempre vas a estar conmigo. Porque ya lo has estado. Sé que te importo, aunque no debería ser así...
Oh no, mis ojos habían empezado a lagrimar.
— Zac— dijo papá, evidentemente conmovido—, desde luego que siempre estaré contigo.
— Ambos lo estaremos— dijo Jill que se limpiaba sus lágrimas torpemente con las mangas de su suéter.
— Ya lo sé— dije—. Me he dado cuenta por todo lo que ha pasado.
— Entonces no vuelvas a irte— dijo Jill—, porque nosotros te queremos mucho. Lamentablemente no somos tus padres pero ambos daríamos todo lo que tenemos porque hubiera sido así.
— Yo entenderé si ya no quieres verme más— dijo papá.
— Pero sí quiero verte— dije—. Por eso estoy aquí. Por eso volví. Porque no hay cosa que deseé más que estar con ustedes... pero no pude evitar irme al pensar que las cosas no han sido para nada justas... porque yo sólo me meto en problemas y hago miserable a las personas...
— Zac— dijo papá, se acercó a mí—, mírame. No me siento miserable. Me siento feliz. ¿Sabes por qué? Porque mi hijo volvió a casa. ¿Sabes quién es mi hijo? Tú. ¿Sabes por qué eres mi hijo? Porque decidí que así fuera. En mi vida me arrepiento de muchas cosas que he hecho, pero nunca jamás me arrepentiré de ser tu padre. Eso es lo mejor que me ha pasado.
— ¿Significa que... no te importa que yo no sea tu hijo?
— Para mí sí eres mi hijo. Y si tú quieres, puedo ser tu papá. Jill puede ser tu mamá. Nos sentimos como tus padres desde hace mucho.
Los miré. Sentí que quería llorar. No de tristeza. De alegría.
— ¿De verdad quieren ser mis padres? ¿Aunque probablemente termine causándoles muchos problemas?— dije.
— Contamos con eso— dijo Jill.
— Además— dijo papá—, no todos los padres del mundo tienen un hijo campeón del certámen nacional de historia.
— Ven aquí— dijo Jill, extendiendo sus brazos.
Me acerqué. Me abrazó. Luego papá nos abrazó a ambos.
— Lamento haberme ido— dije.
— Está bien— dijo Jill.
— Pero no vuelvas a hacerlo— dijo papá—. Casi llamo a la policía y al ejército.
— ¿El ejercito habría venido sólo porque tu hijo salió huyendo?— dije.
— Conozco personas que me deben favores— dijo papá—. Es más, si quiero podría hacer que el presidente viniera ahora mismo aquí.
— ¿En verdad?— pregunté—, ¡Cuánto poder! No me había dado cuenta de las ventajas que tengo al tenerte como padre.
— Yo tampoco me había dado cuenta de esas ventajas— dijo Jill—. ¿Debería usar ese poder para hacer el mal o el bien?
— Podríamos conspirar contrar el gobierno— sugerí.
— O iniciar una guerra mundial— dijo Jill.
— ¿Por qué de repente ustedes dos parecen malvados dictadores?— dijo papá.
Hacía mucho que no me sentía tan bien. Tan feliz. Tan calmado. Como si fuera el fin de algo y sólo quedara lo bueno. Esa sensación era de lo mejor.
Miré a papá y a Jill. Me sentí afortunado. Mi teléfono sonó. Lo tomé. Jimi me había enviado un mensaje que decía "Mucha suerte. Llámame si necesitas algo". Laura había enviado uno muy largo que se dividía en varias partes. Al final puso muchas caritas felices. Sonreí repentinamente. Jasón me envió una foto de Evan haciendo una cara graciosa.
En verdad era afortunado. Tal vez siempre lo había sido pero no me había dado cuenta.
Lo malo de las cosas buenas es que nunca las apreciamos lo suficiente.
Entonces, pensé en Will. Tenía que llamarlo.
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Rumores De Pasillo
RomanceJimi se declaró abiertamente gay en la escuela y empezaron a molestarlo por eso. Evan, un rubio popular que también lo molestaba, resultó sólo hacerlo porque los demás lo hacían... pero realmente guardaba un secreto: le agradaba Jimi. Mucho. Más de...
