107. El diario de Jimi

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Ese día después de decirle a Laura sobre mi relación, me sentía mejor. Por la tarde regresé a casa con Evan porque él no tenía un paraguas y estaba lloviendo bastante.

- Pensé que tu prima te prestaría uno- dije.
- No la he visto mucho últimamente- dijo.
- ¿Por qué?
- No lo sé, ella es maestra, debe estar muy ocupada.

Evan me sonrió. Si había algo que me gustaba de él era que siempre podía sonreír de esa manera, como si todo estuviera bien.

- Por cierto, pequeño Jimi- me dijo-, ¿Qué fue lo que le contaste a Laura sobre nosotros? Dijiste que le explicarías más cuando volvieran al salón... ¿Lo hiciste?
- ¿Porqué? ¿Había algo que no tenía que decir?
- No, no es por eso. Es sólo que tengo curiosidad.
- Le dije un par de cosas.
- ¿Nada comprometedor?
- No. ¿Qué podría ser comprometedor?
- Ya sabes, pudiste haberle contado detalles sobre nuestros encuentros...
- ¡Jamás contaría algo así!- dije asustado.
- Porque si quieres contarle, yo no tengo ningún problema con eso- dijo sonriendo.
- Evan, deja de pensar en cosas raras.

En realidad cuando ella preguntó sobre porqué habíamos terminado la primera vez que empezamos a salir no supe qué decir.

- Pues ella lo tomó muy bien- dijo Evan.
- Sí, me sorprendió un poco.
- A mí no. Laura es nuestra amiga. Es normal que nos deseé lo mejor. Y para mí no hay nada mejor que tú.

Miré a Evan. ¿Cómo podía decir algo así como si fuera lo más normal del mundo?
Quería decirle algo pero no pude. Simplemente le sonreí.

Estaba en eso cuando unos chicos de mi escuela pasaron a nuestro lado.

- Adiós Evan- le dijeron. Los miré-. Adiós Jimi.

Se fueron.

- ¿Me acaban de saludar?- dije muy sorprendido.
- A mí también- dijo él.
- A ti todo el mundo te saluda.
- Sí, pero a ellos no los conozco.
- Pero siempre te saludan y hablan desconocidos. Así que es normal. ¿Porqué me saludarían? ¿Les dijiste algo?
- Jimi, ya te dije que no los conozco. Además todo el mundo te conoce ahora, pasaste en televisión.
- Sí, pero las personas generalmente...
- Cambian- me miró-. La gente cambia de parecer todo el tiempo.

¡Oh por dios! ¿Podría ser posible? Eso me hizo mucha ilusión. Las personas ya no estaban burlándose de mí. Sentí que quería llorar. Eso era mejor de lo que pensaba.

- Hoy es un buen día- dije.
- Eso parece- me sonrió.

Caminamos a casa. Llegamos. Me detuve en la puerta.

- Tengo que irme- dijo él-. Aunque me gustaría quedarme.
- A mí también me gustaría que te quedaras.
- ¡Decidido! ¡Me quedaré!
- Evan, tienes que trabajar.
- Puedo saltarme un día.
- No puedes.
- Pero quiero quedarme contigo...
- Debes ser responsable- dije-. Y también necesitas dinero para pagar el alquiler.
- Lo había olvidado. Tengo que irme. ¿Me das un beso de despedida?
- ¡Nada de besos!- gritó mi papá desde adentro.
- ¡John, deja de meterte en conversaciones ajenas!- le gritó mi mamá.
- Te veo después- dije.
- Sí. Me debes un beso.

Se fue. Lo miré irse. Le dejé mi paraguas. Entré. Papá me miraba atentamente.

- Hola papá- dije.
- ¿Estás bien?- me preguntó.
- Mejor que nunca.
- John, deja de inspeccionar a tu hijo- le dijo mamá.
- Estoy viendo si está bien- dijo él.
- Me siento bien- dije.
- ¿Seguro?- dijo él-, ¿No sientes como si te faltara un pedazo de tu alma?
- ¿Por qué me sentiría así?- dije.
- No lo sé. Quizá ese Evan absorbe tu energía vital poco a poco...
- John- intervino mi mamá-, Evan es un estudiante, no un fantasma.

Al igual que Evan, papá tenía una imaginación muy activa.
Fui a mi habitación. Me sentía increíble. Como si cada cosa tomara su lugar sola. No obstante, la extraña sensación de que algo iba a pasar no dejaba de recorrer mi cuerpo. Porque todo parecía demasiado bueno como para ser real. No quería ser pesimista pero así me sentía.

Mamá fue a visitar a la abuela. Yo quería ir pero tuve una mejor idea. La próxima vez que visitara a la abuela llevaría a Evan conmigo. En verdad quería que ella lo conociera. Solía hablarle de él cuando iba a visitarla así que siempre tuvo curiosidad por conocerlo. Se sorprendería mucho cuando lo viera.
La idea me entusiasmó mucho. Al menos ya tenía algo en qué pensar.

La tarde se pasó muy rápido. Vi televisión, cené, estudié un poco y revisé mis redes sociales. Estaba en eso cuando mi teléfono sonó. Lo tomé. Me llamaba un número desconocido. Dudé en contestar pero al fin lo hice.

- Disculpa, ¿Éste es el teléfono de Jimi?- dijo una voz masculina.
- Sí, soy yo. ¿Quién habla?
- Soy el padre de Zac. ¿Por casualidad está contigo ahora?
- No- dije-, no está conmigo. Dijo que iría con Will. Él y Laura fueron a visitarlo. ¿No está en su casa?
- No. ¿No se ha comunicado contigo?
- No. ¿Todo está bien?
- Sí, es sólo que no puedo comunicame con él- dijo el papá de Zac, pero se escuchaba muy nervioso-. Gracias por la información. ¿Puedo pedirte un favor?
- Desde luego- dije.
- Si sabes algo de él, ¿Podrías avisarme?
- Por supuesto. ¿Seguro de que todo está bien? Ya es noche, es raro que Zac no esté con usted. ¿Pasó algo?

Se escuchó un breve silencio.

- Zac está enojado conmigo, probablemente- confesó él-. Huyó de casa. No sé en dónde está. Estoy muy preocupado ahora para ser sincero.
- ¡Huyó de casa! ¡Oh por dios! ¡Tenemos que encontrarlo!- dije alarmado.
- Tranquilo- me dijo-. Zac es una persona muy inteligente, seguramente está en un lugar seguro. Es sólo que no sabemos cómo contactar a sus otros amigos, él sólo le dio tu número de teléfono a Jill pero no de sus otros amigos.
- ¡Los llamaré y les preguntaré por Zac!- dije.
- ¿De verdad harías eso? ¡Muchas gracias!- dijo él.
- ¡No se preocupe, seguramente está con alguno de ellos!- dije.
- Tal vez. Entonces, dejo eso en tus manos.
- Confíe en mí- dije-, yo le llamaré cuando sepa algo.

Terminó la llamada. Antes de eso me dijo que ya había buscado en los alrededores de la casa pero él no estaba en sus lugares favoritos. Iba a ir a su otra casa para ver si no estaba ahí.

Comencé a preocuparme. Generalmente Zac era muy inteligente, tanto que no haría algo como huir. Debió pasar algo grave. Él estaba solo y triste allá afuera. Debía encontrarlo.

Aunque quizá no quería ser encontrado porque si necesitara un lugar seguramente habría venido conmigo primero, ¿No?, pensé.
Decidí dejar de darle vueltas al asunto y actuar.

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