28. El diario de Jimi (y Google)

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Un día antes de ir a la escuela mientras desayunaba, decidí hacer algo que de verdad quería.

— Mami, te tengo una pregunta— le dije, con mi cara completamente encendida.
— Dime— dijo ella, tomaba jugo de naranja.
— ¿Cómo... cómo... cómo... tienen...— me detuve ahí. Me mataba la vergüenza.
— ¿Pasa algo, cariño?— agregó ella.
— No, nada...

¡No podía preguntarle! No podía preguntarle cómo tenían sexo los chicos. ¡Me moriría! Y probablemente ella también. ¿Y ahora qué debía hacer?
Estaba sucumbiendo ante mi ignorancia cuando mi teléfono sonó. Lo tomé. Era un mensaje de Zac.

“Si tienes alguna duda sobre cualquier cosa, recuerda que alguien genial y asombroso inventó internet. Así que te recomiendo que busques en Google. No le preguntes a tus padres al menos que quieras dejarles un trauma de por vida. Nos vemos en la escuela. Bye”.

¡Bendito seas, Zac! Pensé. Qué bueno que no le había dicho nada a mi mamá. Menos mal.

Fui a mi habitación, aún faltaban unos minutos para ir a la escuela. Me senté en mi escritorio y encendí la computadora. Y comencé a buscar. Y a leer. Y seguí leyendo. ¡No podía ser cierto! ¿Así tenían sexo dos chicos? ¡Parecía horrible! ¡Podrían morir! Pensé que las páginas de internet estaban equivocadas pero todas decían lo mismo. No, yo era el equivocado.

Conclusión: No quería tener sexo nunca en mi vida. No gracias. Apreciaba mi salud.

Me pasé todas las clases pensando en eso. Y temblando de miedo. Mientras más le daba vueltas en mi cabeza más me sentía preocupado. Llegó el receso. Tomé el almuerzo que mi mamá me preparó y salí al jardín en donde siempre iba. Evan debía estar durmiendo en la biblioteca. Despertaría luego de un rato y yo tendría que decirle que no estaba listo para hacer nada... y que probablemente no lo estaría nunca.

— Hola Jimi— dijo Zac, salió de la nada.
— Hola...
— Te ves mal. Como si te hubiera arrollado un auto— dijo.
— Me siento mal.
— Entonces no te fue bien investigando en Google.
— ¡Es horrible!— le dije—, ¡No quiero volver a saber de eso nunca más en mi vida!
— Sí, pensé que te asustarías. Me parece gracioso.
— ¡No es gracioso!— le grité—, de verdad tengo miedo.
— Dile a Evan. Si él se enoja es que no es para ti. Lo que es genial porque no me agrada mucho.
— A ti nadie te agrada. Ni Evan, ni Will.
— Desde luego que no. Ambos quieren darte duro contra el muro. Y por si no recuerdas lo que acabas de leer eso es bastante radical.

Entré en pánico. Y Zac no ayudaba mucho.

— Sabes pequeño Jimi— tocó mi cabeza—. Creo que si estás con la persona correcta, así tengas que saltar de un avión o entrar a una jaula con leones, todo va a salir bien. Quiero creer que por eso las personas tienen sexo. Porque quieren que la otra persona sepa que por más difícil que sea una situación, no van a dejarlos nunca. Por que se aman. Y eso significa que se dejan completamente en las manos de esa personas.
— Eso es hermoso— dije, asombrado.
— Aunque claro, la gran mayoría de personas lo hacen por simple placer.
— Acabas de arruinar el momento— dije.
— Es la realidad. Pero si quieres sólo imagina que dije lo primero nada más, pequeño virgen.
— ¡No me digas así!... Quiero pensar que tú... es decir...tú ya no eres...

No pude decirlo. ¡Qué miedo! Él me miró atentamente. Mi cara se puso roja.

— Desde luego que no— dijo—. Hace mucho que no lo soy. Si fuera virgen no te molestaría con eso.
— ¿Y cómo fue?— dije pero me arrepentí de haberlo preguntado. Eso era algo íntimo que no debía decirme.
— No como hubiera querido— dijo, vi un poco de melancolía en su mirada.

No hablamos más. Evan llegó y Zac dijo que debía ir a la biblioteca por un libro que necesitaríamos después.

— Hola— dijo él, con su sonrisa habitual.
— Hola— dije y miré a Zac irse.
— ¿De qué hablabas con el futuro dictador de éste país?
— Algo me dice que debí herir de alguna forma sus sentimientos.
— ¿Y porqué no habrías de hacerlo? Él hiere los míos a cada rato. Sólo porque es más alto. Pero algún día creceré,  lo sé. Por cierto, ¿Escuchaste los cd's que te presté el otro día?
— Lo hice. Y no pude dormir en la noche. Me dieron mucho miedo. ¿Eso es música? Parecen sólo gritos.
— Es heavymetal. A mí me encanta.
— Ahora yo te prestaré música. Canciones tranquilas y llenas de sentimientos.
— No me gusta Taylor Swift, querido Jimi. De hecho no me gusta la música pop— dijo.
— ¿De verdad? ¿Ningún artista?
— Bueno, hay algunos pero no creo que los conozcas... y me da pena decir quiénes son porque su música es muy cursi... pero tengo discos. Muchos.
— ¿Qué es?— dije curioso.
— Es vergonzoso decirlo.
— ¡Dime ya!— insistí.
— Mejor te prestaré algunos cd's luego— dijo y miró mi cara esperando mi reacción.
— Está bien— dije.
— ¿De verdad no te molesta? Porque no nos gusta la misma música siquiera y eso podría hacer que algunas personas terminaran su relación.
— Puede no gustarnos la misma música y está bien— dije—. Somos diferentes y eso no significa que seamos una mala pareja.

Me miró maravillado.

— Es todo, no tengo que pensalo más— dijo—. Cásate conmigo, Jimi.
— Acepto— dije entre risas.

Era una broma obviamente... pero sonaba muy lindo.

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