Me sentía como un bebé. Abrigadito en mi cama, con mi mami viendo por mí. No era tan bueno como parecía. De hecho, daba lástima. Zac venía a verme pero yo no quería ver a nadie. Mejor dicho, no quería que nadie me viera.
Sabía que no podía estar así para siempre pero tampoco era como si no debiera. Era mejor así. Cuando dormía no podía pensar y en ese momento no deseaba nada más que eso.
Ya reflexionando bien, dejando de lado mis sentimientos, era lo mejor. Si Evan pudo pensar en otra persona aún estando conmigo, era porque sus sentimientos por mí no eran muy profundos. Y yo no necesitaba a alguien así. Además de que tampoco era como si esto fuera a llegar a más. Es decir, sí, salíamos y todo eso, pero realmente no sabíamos más uno del otro. Él me gustaba. Mucho. Y lo amaba. Pero él no lo veía así. Y es lo que comenzó mal desde el inicio. Yo no fui su primer amor aunque él sí el mío. Así que dejarlo hubiera sido lo normal... ¿No?
— Cariño— dijo mamá, entrando a mi habitación—, Zac está abajo, en la sala. ¿Le digo que estás indispuesto?
— No lo sé— dije, sentía ganas de ver a mi amigo, no lo había visto en una semana.
— No sé qué es lo que pasa— dijo ella—, pero él parece de verdad preocupado por ti. Deberías verlo, aunque sea una vez. Y hablar con él. Eso te ayudaría mucho. Y también haría que tu padre deje de pensar en que fue él quién te hizo algo.
— Zac no me ha hecho nada. No podría. Es mi amigo.
— ¿Entonces qué pasó?
No quise decirle nada. Era complicado. Y ya no valía la pena hablar de eso.
— Entiendo— me sonrió—. Le diré a Zac que suba.
Me quedé esperando. Mamá sabía. Por eso no había preguntado por Evan. Siempre fue muy inteligente.
Golpearon mi puerta. Quería levantarme de la cama pero no lo hice. No tenía muchas ganas. Indiqué que pasara. Zac entró.
— Te ves horrible— dijo—, parece que una secadora atacó tu cabello.
— Ya lo sé— dije.
— Bueno, te tengo buenas noticias. Vamos, levántate, hay que salir a la calle.
— ¿Qué?— dije— ¡No voy a ninguna parte!
— ¿Entonces planeas quedarte ahí toda tu vida, teniéndote lástima a ti mismo? Ese no es el Jimi que conozco.
— Él ya no está, murió— tapé mi cara con las sábanas.
— ¡James, no estoy jugando contigo!— se acercó y trató de quitarme mis sábanas. Pero no lo dejé. Comenzamos a jalonear las pobres sábanas.
— ¡No quiero!— dije—, ¡Voy a quedarme aquí hasta que sea anciano!
— ¡No voy a dejarte!— dijo. Las solté. Me miró enojado. Bajé la cabeza. Me sentía avergonzado.
— Lo siento— le dije—. No me siento con ánimos de querer salir.
— Ya lo sé, niño tonto— se sentó a mi lado—. Pero no puedes quedarte así para siempre.
— Mi mamá dijo que podía tomarme un tiempo. Le pregunté si puedo dejar la escuela y dijo que sí.
— ¡Tu mamá es muy consentidora! No vas a hacer eso. Nadie sale huyendo cuando se le presenta el primer problema en la vida. Debes ser valiente y aceptar la realidad.
— ¡La realidad es horrible!— le dije muy triste.
— Lo es si estás solo. Pero tú no. Me tienes a mí. Y a Will, que por si no recuerdas, también estuvo ahí ese día. Ha estado muy preocupado por ti. Al menos deberías contestar sus mensajes. Piensa que estás muerto o algo parecido.
— Lo siento— dije.
— Tengo la solución— dijo—. Hay que ir a visitarlo en su consultorio.
— ¿Y si se molesta? Estaremos llegando sin avisar. Puede estar ocupado. Mejor dejémoslo para otro día...
— ¡Ningún otro día, James! Vas a venir conmigo quieras o no.
— Pero...
Ese día aprendí que es imposible ganarle una pelea a Zac. Y de alguna manera terminé caminando con él por la calle. Estaba haciendo mucho frío. Yo iba en pijama, con los primeros zapatos que encontré y con un abrigo de mi padre que me quedaba enorme. Zac no dijo nada en todo el trayecto. Sólo se limitó a caminar junto a mí. Llegamos. A la recepcionista le brillaban los ojos nada más por ver llegar a mi amigo. Si no hubiera estado muy deprimido me habría burlado de él por eso. Definitivamente no tenía humor.
Will salió rápido. Se veía bien, como de costumbre,
pero preocupado. ¿Era por mí? Él debía saber que Evan me terminó ya que Zac debió decirle. Pero no sabía que fue por su hermano. De otra forma seguramente se pondría del lado de Alex. Hasta yo apoyaría a mi hermano. Más si se tratara de amor.
— ¿Estás bien?— dijo.
— Sí. Lamento no responder tus mensajes. Mi teléfono debe estar descargado. Y no tenía ganas de ponerlo a cargar.
— Está bien. Vamos adentro.
Me gustaba su consultorio. Zac se sentó en la silla frente al escritorio. Había otra junto a él. Me senté.
— Quería agradecerles— dije, traté de parecer sincero—. Me ayudaron ese día. De verdad les agradezco mucho.
— De nada— dijo Will—. Yo te ayudaría siempre que me necesitaras.
— Y yo realmente no tengo opción— dijo Zac—. Así que si de verdad quieres agradecernos, deja de poner esa cara de perrito abandonado y vuelve a ser el mismo.
— ¡No deberías ser tan cruel!— le dijo Will—, está pasando momentos difíciles, lo normal es que no se sienta bien.
— No soy cruel. Soy realista. Y para ti todo es cruel. Irrumpir en su casa es cruel. Quitarle sus sábanas es cruel. Traerlo aquí con tanto frío es cruel.
— ¿Will sabe lo de las sábanas?— dije.
— Sí, le conté tu berrinche de niño chiquito mientras buscabas unos zapatos.
— ¡Eso es muy vergonzoso!— le dije.
— ¡Desde luego! Das mucha pena. Tu estado actual da lástima.
— Zac— le dijo Will—, ya basta. Eres demasiado malo.
— No importa, Jimi me ama así de todas formas. Pero dejando de lado eso, hay que hacer lo que planeamos.
— ¿Planearon algo?— dije.
— Sí— sonrió Will—. Te llevaremos a ver algo que va a gustarte.
— No tengo ganas de ir a ningún lugar.
— Vas a ir. Ya estás afuera así que no importa— dijo Zac.
— ¿Y qué pasará con este lugar?— dije, era mi último recurso para no ser arrastrado por Zac.
— No importa, la recepcionista se encargará de todo— dijo Zac, luego tomó mi mano y básicamente me llevó afuera.
Fuimos a su auto. Will me abrió la puerta. Entré sin querer. Zac se sentó conmigo, en el asiento de atrás. El auto empezó a moverse. Recorrimos muchas calles mientras Will hablaba animadamente. Yo no quería estar ahí.
— ¿A dónde van a llevarme?— pregunté.
— A ningún lado— dijo Zac mientras hacía una de esas clásicas sonrisas que lo caracterizaban—. Ya estás aquí. Sólo vamos a pasearte por la ciudad.
— ¿Para qué?
— Para que veas eso— me señaló por la ventanilla.
Miré. Las calles tenían luces de muchos colores, los adornos navideños llenaban de color las fachadas de las casas y los comercios estaban repletos de árboles de navidad y esferas brillantes. Era mágico. Observé todo eso asombrado. No lo podía creer. Olvidé la navidad. Y yo amaba la navidad. ¿Cómo pudo pasar eso?
— ¡Es muy hermoso!— les dije feliz.
— ¡Por fin!— dijo Zac—, ¡Por fin sonríes de nuevo!
¿Estaba sonriendo? No lo sabía. Pero Zac y Will se veían contentos. Y cuando ves a dos personas felices no puedes evitar contagiarte un poco de su alegría. Así estaba bien. Así me quería quedar. Con las personas que me hicieron reír cuando tenía ganas de llorar.
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Rumores De Pasillo
RomanceJimi se declaró abiertamente gay en la escuela y empezaron a molestarlo por eso. Evan, un rubio popular que también lo molestaba, resultó sólo hacerlo porque los demás lo hacían... pero realmente guardaba un secreto: le agradaba Jimi. Mucho. Más de...
