103. El diario de Laura

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A mí me pasaban cosas malas como a todos. Llegar tarde a casa era una de ellas. Amar sin ser correspondida era otra. Pero la peor, sin duda la cosa más horrible que pudiera haberme pasado, era vivir en la misma calle en la que vivía Jason.

— ¿Y Zac?— preguntó cuando nos encontramos en la esquina de nuestra calle.
— Con Will— dije.
— ¿Con Will? No lo creo. Pareces muy tranquila.
— Es verdad. Además no tengo porqué reaccionar negativamente.
— Sí— dijo—. No tienes por qué estar nerviosa, el chico que te gusta está junto a otra persona que también lo quiere y que además es exitoso y atractivo. No tienes nada de qué preocuparte.
— No estoy preocupada— dije—. Aunque debería estarlo. Pero no. Además Will y yo acabamos de ser rechazados.
— ¿Zac los rechazó? ¿A ambos?
— Dijo que por el momento no necesita salir con nadie.
— ¿Significa que ambos se declararon?
— No tuvimos que hacerlo. Él solito se encargó de decir que no necesita a nadie.
— Por ahora— dijo—. Pero en el futuro tal vez quiera a alguien a su lado.
— ¿Crees que aun tengo oportunidad?
— Tú no. Will sí.

Sí, lo peor de lo peor era tener que encontrame con Jason.

— Digas lo que digas, no me daré por vencida.
— Eso ya lo sé— dijo.
— Entonces no deberías decirme nada. Ser cruel conmigo sólo hace que te odie más.
— Estoy bien con eso— dijo sonriente—. Puedo vivir con tu odio.

Seguimos caminando. ¿Acaso podría existir alguien tan malo como él?

— ¿Por qué me odias tanto?— le dije, más como impulso que otra cosa.

Él se giró y me miró.

— Además de lo evidente— dije.
— ¿De lo evidente?— preguntó—, ¿Qué es lo evidente?
— Ya sabes— dije apenada—, mi secreto.

Él me observó atentamente. Se acercó a mí. Yo me sentía avergonzada.

Aquella vez en la que Jason descubrió que Zac me gustaba no sólo se enteró de eso sino de otra cosa que yo había tratado de esconder. Por alguna razón él pudo ver la verdad.

Así, él supo que yo empecé a juntarme con todos sólo porque quería acercarme a Zac. Obviamente Jimi me agradaba porque en verdad lo quería, pero inicialmente la idea era aprovecharme de su amistad con Zac para volverme más cercana a él. No quería volverme amiga de Evan o de Will, mucho menos de él.

En ese entonces sólo era egoísta y mala. Me daba tanta pena recordar eso.

— Ah— dijo—, eso.
— Pero ya no soy así— dije, con mucha determinación.

Él me miró y sonrió. Luego siguió caminando. ¿Se estaba burlando de mí? ¿No había creído en lo que le dije?
Corrí hasta detenerlo. Me paré enfrente de él.

— ¡Es verdad!— dije—, ¡Ya no soy la misma de antes! ¡He cambiado!
— Por supuesto que has cambiado— dijo—. Siempre supe que terminarías encariñándote de Evan y de Will. Era cuestión de tiempo.
— ¿Cómo sabías eso?
— Porque era obvio. Eres buena persona. Igual que ellos. No podrías odiarlos aunque quisieras.

Lo miré. ¿Por qué ese chico con piercings parecía saberlo todo?

— Entonces... ¿Por eso no dijiste nada? ¿Aunque yo haya sido muy injusta con ellos?
— En realidad jamás lastimaste a nadie— dijo—. Tal vez tus intenciones iniciales no eran las mejores pero nunca heriste a ninguno de ellos. Así que hablar no dependía de mí. Para ser sincero, ahora parece irrelevante.
— Pero... no parece bien.
— Eso es cuestión de perspectiva.

Seguimos caminando. Él era extraño. En veces era malo y luego era bueno.

— Pensé que me odiabas por eso— dije—. Parece que es por otra cosa.
— No te odio— dijo.
— ¡Claro que sí! ¡Jamás me has apoyado en nada!
— Lo he hecho— dijo—. Para ser sincero en el concurso de quién sabe más sobre Zac quería que tú ganaras.
— ¿De verdad?— dije—, no parecía. Es más, era como si todo estuviera planeado para que Will ganara.
— Sabía que él ganaría. Pero quería que tú ganaras.
— Insisto— dije—, hiciste todo lo contrario.
— En verdad quería que ganaras.
— No te creo— dije.
— Tienes que creerme. En realidad cuando conseguí el tonto cd pensé en que tú deberías tenerlo. No contaba con que eres más lógica de lo que pareces.
— ¿Y eso por qué es algo malo?— dije enojada—, además, si ya sabías que Will iba a ganar no sé porqué compraste el cd.
— Quería que te lo ganaras.
— Pero ganó Will— dije—. Ahora él tiene el cd.
— Y la foto de Zac durmiendo. Además del dibujo del gato obeso de Jimi.

Lo miré. Algo no concordaba en todo eso.

— ¿Por qué querías que ganara?— pregunté escéptica.
— No lo sé— dijo—. Creo que sólo quería que tuvieras el Cd.
— Entonces sólo debiste dármelo.
— ¿Gratis?— dijo—, ¡Claro que no! Tenías que ganarlo. Pero eres tan torpe que lo perdiste.
— Algunas preguntas eran muy difíciles.
— Pero tú acosas a Zac. Debías de saberlo todo sobre él.
— ¡No acoso a nadie!— dije molesta.
— Entonces sólo acepta tu derrota. La de antes y la que tendrás en el futuro.
— No voy a perder— dije—. Sé que puedo hacer que Zac se enamoré de mí.
— ¿En verdar crees ganarle a Will?
— Puedo hacerlo.
— Yo creo que no.
— Pensé que estabas de mi lado.
— No estoy del lado de nadie— dijo—. Pero generalmente me gusta apoyar a los perdedores. O sea, tú.
— No siento tu apoyo. Sólo eres malo conmigo.
— Tú eres mala conmigo. No veo el porqué yo no puedo ser así.
— Yo soy mala porque tú eres malo.
— Y yo soy malo porque quiero ser bueno contigo.

Me sonrió.

— ¡Eso no tiene sentido!— le grité.
— Pero lo tendrá. Ya verás que sí.
— Pareces saberlo todo en verdad. Si eres tan listo, deberías simplemente decirme qué va a pasar conmigo. Así yo dejaría de preocuparme.
— No puedo ver el futuro— dijo—. Aunque en tu caso, sí sé qué va a pasar.
— Entonces dime.
— Vas a ser rechazada. Sin duda— dijo.
— No puedes saber eso. Por más que conozcas a Zac no hay una garantía de que eso vaya a pasar.
— Yo ya lo dije. Es cuestión tuya si decides creerme.
— Lo que pasa es que sólo tratas de desanimarme. Pues no lo estás logrando. Yo voy a declarame a Zac digas lo que digas— dije.
— Y vas a ser rechazada— dijo tranquilo—. Pero no te preocupes. Yo estaré ahí cuando necesites llorar.
— ¿Qué te hace pensar que yo lloraría contigo?
— Porque necesitarías llorar. Si tus sentimientos por Zac son tan fuertes como pienso, vas a querer llorar. Y yo creo que si alguien quiere superar la tristeza siempre debe de llorar frente a otras personas. Es como si las personas se purificaran de lo que las hizo tristes mediante lágrimas.
— Pues eso no va a pasar. No voy a llorar. Yo sí tengo dignidad.
— Y cuando esa dignidad se vea lastimada— dijo—, sí vas a llorar. Pero tranquila, como dije, voy a estar ahí.
— ¿Por qué? Por comentarios como ese no me agradas.
— Porque aunque no te agrade, vas a necesitarme.

Luego lo vi caminar por la calle vacía, como si nada. Fue a su casa. Entró. Me quedé un buen rato pensando en lo raro que era.

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