176. El diario de Laura

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Zac estaba enojado. Ese día, justo cuando íbamos a irnos, Jason dijo que había visto a Evan regresar a la escuela. Decidimos esperar a que saliera. Pero como no llegaba, Zac comenzó a perder la paciencia. Hasta que Evan llegó con Jimi. Zac se enojó y empezó a repartir castigos a diestra y siniestra, como si fuera un padre malvado.

Así, regresamos a casa con Zac de mal humor.

— ¿Qué se supone que hicieron para poner a Zac furioso?— le susurré a Jimi y a Evan.
— Nada, él está loco— dijo Evan.
— ¿Qué?— dijo Zac, como si supiera que hablábamos de él.
— ¡No, nada, amo y señor!— le dijo Evan.
— Más les vale— dijo Zac.

Zac caminaba por delante de nosotros, junto a Jason. Éste último estaba muy silencioso.

— Iré a ver a Will— dije—, Jason, ¿Vienes conmigo?

Él me observó. Parecía no creer lo que acababa de preguntar.

— Yo también debería ir a visitar a Will— dijo Zac.
— ¿Para qué?— le pregunté.
— No lo sé— dijo Zac.
— Tú nunca sabes las cosas importantes— dije.
— ¡Castigada por llamarme ignorante!— me dijo Zac.
— Técnicamente, lo que ella te dijo fue otra cosa— dijo Jason.
— ¡Castigado por corregir mis palabras!— le dijo Zac.
— ¿Cuál se supone que es mi castigo?— dije.
— Mil años sin ver televisión— dijo.
— Qué optimista— le dijo Jason—, crees que viviremos mil años.
— ¿Puedo cambiar mi castigo?— le preguntó Evan.
— ¿Cómo te castigó a ti?— le pregunté.
— No me castigó, me despidió— dijo Evan—. No puedo ser despedido, necesito el empleo.
— Despedido dije— agregó Zac con severidad—, y no es algo que puedas cambiar.
— ¡Pero necesito el empleo!— dijo Evan—, ¡Soy pobre y de familia numerosa!
— ¿Cuál familia?— le preguntó Jason.
— La que planeo tener en el futuro— dijo Evan, como si fuera algo obvio.
— ¿Significa que planeas tener muchos hijos?— le pregunté.
— Sí— dijo Evan.
— ¡Lo siento mucho!— se disculpó Jimi—, ¡Eso está más allá de mis capacidades!
— Más allá de tu fisionomía, para ser exactos— le dijo Zac.
— Planeo adoptar, justo como ahora— dijo Evan—. Jimi y yo adoptamos a Doradito. Planeo tener más hijos así.
— ¿Entonces te estuviste refiriendo a peces todo el tiempo?— le pregunté.
— Claro— dijo Evan—, ¿De qué creían que hablaba?

Nos observamos entre nosotros.

— De bebés— dijo Jimi, tan directo y honesto como siempre.

Evan lo observó.

— Aunque probablemente no crean lo que les voy a decir— dijo Evan—, la verdad es que creo que no sería un buen padre.
— ¿De verdad?— dijo Zac—, ¿Cuál de todas las señales te indicó que así era?
— En realidad creo que ser padre debería ser una inquietud— dijo Evan—. Una que haga que las personas se preparen para serlo. Porque un hijo es una responsabilidad enorme.

Observamos a Evan incrédulos. Vaya momentos de lucidez que tenía.

— Además— agregó Zac—, hay gente que no debería ser padre.
— Gente que no sabe que no quiere ser uno— dijo Jason—. De esos hay miles. Personas que tienen hijos porque sí.
— Al menos que— dijo Evan como si acabara de dar cuenta de algo—... Jimi quiera ser padre.

Miramos a Jimi. Él parecía confundido.

— Yo no tengo idea— dijo él alterado—, realmente no he pensado en eso. Es decir, hace unos meses estaba solo y pensé que así sería toda mi vida.
— Entonces esto quizá es cosa mía— dijo Evan mientras sonreía—, quizá soy yo quién empezó a imaginar cosas que no debería.
— No te culpo— dije—. A mí también me gusta imaginar cosas que quiero en el futuro.
— Todos hacemos eso— dijo Jimi—, aunque últimamente no he tenido cabeza para pensar en más.
— Pero no te preocupes— le dijo Evan—, no es como si quisiera que pienses igual que yo.

Evan le sonrió. Jimi le regresó la sonrisa.

— Ahora que lo dicen— dijo Zac, pensativo—, siempre imaginé que me gustaría dejar descendencia, pero sólo si son hijos tan fabulosos y listos como yo.  Pero analizándolo bien... quizá ser padre tampoco es lo mío.
— Creo que aún es demasiado pronto para decir eso— le dijo Jason.
— Pues depende— dijo Jimi—. Hay veces que la gente joven sabe exactamente lo quiere.
— Admito que eso es muy cierto en algunas cuestiones— dijo Jason—, pero hay otras no tan serias en donde las personas lógicamente dan una resolución sin saber que en el futuro podrían cambiar de opinión. No digo que eso sea algo malo, porque no lo es, pero muchas veces esas son sólo palabras.
— ¿Significa que tú sí quieres ser padre?— le preguntó Evan a Jason.
— Antes pensaba que no— dijo él—. Parecía mucha responsabilidad y no le veía el sentido a hacer algo cuyo propósito es conservar la raza humana en este mundo en donde ya no es necesario reproducirse. Pero también creo que si encontrara a una persona que me amara tanto como yo a ella, la idea de tener una familia tendría un poco más de sentido.
— Para mí sigue sin tenerlo— dijo Zac—, no le veo las ventajas más allá de las reproductivas.
— Creo que entiendo eso— dijo Jimi—. Porque cuando tienes a una persona importante a tu lado quieres conservarla para siempre.
— No entiendo— dijo Zac—, ¿Teniendo hijos es la forma de conservarla?
— Eso parece— dije—, porque los hijos tendrían su material genético.
— No tanto por eso— dijo Jason—. Si no por simplemente tener una familia a la cuál pertenecer.

Lo observé. Jason me parecía inteligente pero jamás imaginé que él pensara en todas esas cosas. Siempre parecía preocupado por los demás pero nunca hablaba de sí mismo, de lo que quería o de lo que pensaba. Me sorprendió saber que hasta él creía en el amor.

— Quizá las personas piensan demasiado sobre tener familia— dije—. Quizá todo debería ser una inquietud, como dijo Evan. Querer tener una porque sientes que así serías feliz o simplemente no querer porque no lo sientes de esa manera.
— Tal vez la vida es más simple de lo que pensamos— dijo Zac—, pero vamos por ahí haciéndola complicada.
— Sí— dije mientras lo observaba—. Muchas cosas pueden cambiar el rumbo de una vida. Incluso cosas simples como darnos cuenta de nuestros sentimientos.
— Pero los sentimientos son muy complicados— dijo Jason.
— Pero algunos son muy simples— dije—, porque no se trata de pensar. Se trata de sentir.

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