62. El diario de Jimi

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La escuela. Hermosa escuela. Jamás pensé decir eso, pero en verdad la extrañaba. Después de todo lo que pasé en vacaciones no deseaba otra cosa más que regresar a mi tranquila vida estudiantil.
Estaba tan entusiasmado ese día que me levanté muy temprano. Y fui a la escuela mientras escuchaba música. Parecía un día perfecto. Entré muy feliz. Hasta que unos sujetos comenzaron a insultarme. Sí, por un momento se me olvidó que mi escuela era la cuna del bullying.

— Hey, ustedes— dijo alguien, me giré para ver quién era, me sorprendió ver a Zac tan temprano—. Váyanse al demonio.

Los sujetos lo miraron y él a ellos. Al parecer ese día no era un buen día para Zac. Parecía enojado, estresado, cansado y de muy mal humor. Y como en alguna parte de la cabeza de esos tipos aún había un poco de inteligencia, huyeron despavoridos.

— Buenos días— dije.
— No tienen nada de buenos, Jimi— dijo y se siguió de largo por el pasillo. Lo alcancé.
— ¿Pasa algo malo?— dije.
— No exactamente.
— ¡Buenos días!— gritó Laura desde lejos. Corrió para alcanzarnos.
— ¿Acaso soy el único que tuvo una mala mañana?— dijo Zac.
— No lo creo— dijo Laura—. Evan está dormido en la biblioteca.
— ¿Cómo sabes eso?— dije.
— Llegué muy temprano para buscar un libro. Y él estaba ahí.
— Esa es mi oportunidad— dijo Zac y juro que pude ver una aura malvada saliendo de su cuerpo. Comenzó a caminar con dirección a la biblioteca.
— Espera, ¿Qué vas a hacer?— le pregunté mientras lo seguía.
— Venganza.

No entendí. Continué caminando junto a él. Laura parecía igual de consternada que yo. Entramos. Evan se encontraba recargado sobre una mesa, profundamente dormido.
Nos detuvimos frente a él. Zac comenzó a buscar algo entre sus cosas. Sacó un marcador.

— ¡No, claro que no!— le dije.
— Me la debe. Mi hizo pasar un muy mal rato. Igual Will.
— ¿Por qué no tratas de que eso quede en el pasado?— dije, traté de quitarle el marcador.
— Lo haré. Apartir de ahora. Sólo deja que exprese mi arte en su cara y daré todo por perdonado. Además será divertido.
— Cuando acabes— le dijo Laura—, ¿Puedo dibujar una florecita?
— Claro— dijo él, de mejor humor.
— ¿De verdad van a hacer eso?— dije—, ¡Pues son muy malos!
— Ya veo...— me dijo Zac, me miró de forma extraña—, entonces definitivamente tus intentos de alejarte un poco fueron en vano. Es más, ni siquiera intentaste nada. Debí saber que no podías...
— ¡No es cierto!— dije, me sorprendió sonar tan enojado.
— No parece.
— Es sólo que... creo que esto es un poco injusto.
— Desde luego. De eso se trata.

Y luego, sin que pudiera evitarlo, Zac pintó su cara. Y Laura le dibujó una florecita en la mejilla, que por la forma, debía ser una Margarita o una Dalia pequeña...
Me sentí mal pero en parte era cierto. Zac tenía razón, como siempre, para mi desgracia. Quise poner espacio pero no lo hice. Debía intentarlo. No porque quisiera que Evan se alejara de mí, sino para demostrarle a Zac que podía.

Pasé todas las clases hasta el receso pensando en todo lo que pasó. Repasando algunas cosas. Era cierto que habían pasado muchos sucesos malos, pero los buenos contaban más. Además tenía una bonita foto de nosotros cuatro que una amable señora tomó en año nuevo. Zac no quería salir en ella. Evan lo sobornó con cupones de descuento para la tienda en la que trabajaba.

Laura y yo salimos para ir al jardín en el receso. Cuando llegamos ahí estaba Evan con la siguiente frase escrita en su frente: “Inserte cerebro aquí”.
Zac lo miraba fascinado. Al parecer no se había dado cuenta y nadie tuvo la amabilidad de decirle.

— Hola Jimi— me dijo—. Hola Laura.
— Aún lo tiene— dijo ella.
— Por favor, dejen que le diga— les dije.
— No, deja que lo descubra solo— dijo Zac.
— ¿De qué hablan?— preguntó Evan.
— Ya, voy a decirle— amenacé.

Estaba por decirle cuando pasó por ahí su amigo Jason, con sus ya típicas perforaciones en las orejas y una en la ceja. Miró a Evan por un momento, como que no creyendo lo que veía.

— Evan, alguien te ha escrito algo probablemente cierto en la frente— le dijo—. Eso y una flor. ¿Es una Margarita?
— Es una Dalia pequeña— dijo Laura.
— Está linda— dijo Jason.
— ¿Qué cosa?— dijo Evan.

Luego le expliqué lo que pasó. Fue a lavarse la cara. Regresó. No parecía molesto.

— No se podía esperar menos del futuro dictador de éste país— le dijo a Zac.
— Agradece, pudo ser peor— respondió él—. Por cierto, ¿Por qué no te limpiaste la flor?
— Es que está bien bonita— dijo Evan.
— Sí, es cierto— dijo Jason.
— ¿Por qué sigues aquí, Jason?— preguntó Evan.
— No lo sé. Ustedes están aquí así que pensé que sería una buena idea— le dijo.

Luego Evan trató de hablarme. Zac nos observaba de reojo. Traté de hablar poco con él. Lo que era muy difícil porque él era tan agradable, simpático y gracioso...
En resumen, fue un receso muy largo. No para Laura, que parecía muy cómoda ahí. Ni para Jason que encontró en Zac a un buen aliado a la hora de molestar a Evan.

Las clases volvieron a pasar muy rápido. Lo de siempre, nadie a excepción de Laura me habló en el salón, unos sujetos me insultaron de muchas formas diferentes pero los ignoré y me enfrenté a la horrible situación de tener que buscar integrantes para formar un equipo de trabajo. Afortunadamente dios no me odiaba y algunas chicas se integraron conmigo y con Laura.

A la salida, Zac pensó que era una buena idea visitar a Will argumentando que se debía sentir muy solo. Eso se escuchó muy raro. Pero me agradaba que ellos se estuvieran llevando muy bien. Jason, que por alguna razón también estuvo con nosotros en la salida, dijo que no podía porque tenía asuntos que atender. Así que decidimos llevar a Laura para que conociera a Will. Le entusiasmó mucho la idea.

Llegamos. La recepcionista trató de acomodar su cabello en cuanto vio a Zac. Él puso cara de incomodidad.

— No te molestes— le dije a la recepcionista que estaba por levantarse para avisarle a Will sobre nosotros, seguramente—. Yo le aviso.

Después de golpear la puerta un par de veces y no recibir respuesta alguna, Zac comenzó a desesperarse y abrió la puerta. Entramos. Ahí estaba Will, recargado en su escritorio, durmiendo.

— Éste día se está poniendo cada vez mejor— dijo Zac, con el marcador en la mano.

No pudimos evitar que el peso de su venganza cayera en la cara de Will. Ahora escribió “No se ría de mí, podría tener un hijo igual” en la frente.
Evan empezó a reírse después de que Zac terminara y eso lo despertó.

— Buenos días— le dijo Zac.
— Buenos... ¿Por qué están aquí?— dijo Will sorprendido.
— Quería vengarme— argumentó Zac—. Y Laura quería conocerte— la señaló—. Me encanta tu profesionalismo.
— Tenía sueño. Estuve con mi hermano casi toda la noche.
— ¿Y?— dijo él—, yo no suelo dormir casi nada pero no me duermo en donde me atrape el sueño.
— Pero Zac— interrumpió Evan—, tú tienes nervios de acero. Nosotros somos humanos comunes.
— Evan— dijo Will—, ¿Por qué tienes una flor dibujada en la cara?
— Es el peso de la venganza de Zac— le dijo.
— Espera... no me digas que yo...— comenzó a tocarse la cara. Todos asentimos con la cabeza.

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