90. El diario de Jimi (y un cumpleaños)

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— Jimi— me dijo Evan, mientras caminábamos a su casa—, ¿Estás bien? Te ves preocupado.
— Mi abuelita ha estado un poco mal en estos últimos días.
— Pero está bien, ¿Cierto?
— Sí. Es sólo que lucía deprimida cuando la fui a ver.
— No te preocupes, seguro que ya está mejor. Le quedan muchos muchos años de vida más.
— Lo sé pero...
— ¡Ya sé!— exclamó—, ¡Hay que ir a visitarla luego!
— Eso le gustaría mucho— dije.
— Incluso podríamos llevarla a algún lugar.
— No creo que eso sea posible. Por si no recuerdas, tiene 90 años.
— ¿En verdad tiene tantos años?— dijo—, ¿Cómo es que sigue viva?
— ¡Oye!— dije, ofendido.
— Tenía que preguntarlo, lo siento— dijo—. Es sólo que creo que debería pedirle la fórmula para tener vida eterna.
— No dije que es inmortal.
— Pero podría serlo. Ella podría ser vampiro.
— No lo creo. Si lo fuera ya me lo habría dicho.
— Tienes razón. Las abuelitas le cuentan todo a sus nietos.

Me sonrió. Se veía muy feliz.
Era de noche ya. Las calles estaban llenas de personas. Sobre todo de parejas caminando a algún lugar. Mis padres habían salido a cenar. Mamá quería llevarme con ellos porque básicamente así había sido desde siempre. Solían llevarme a algún lugar porque ese día era mi cumpleaños. Sin embargo esa vez les dije que tenía planes y que sería lindo que ellos salieran a algún lugar sin mí, como una pareja normal.
Papá no quería dejarme. Mamá casi se lo lleva arrastrando. Les dije que Evan me llevaría a casa cuando tuviera que regresar. A mamá le agradó la idea.

Caminamos un par de calles, alejándonos de la concentración de personas. Cada vez había menos gente. Hasta llegó un punto en donde sólo él y yo caminábamos en una calle.

— Esto se ve solitario— dije.
— ¿Tienes miedo?— dijo—, porque si es así, debes decirme.
— ¿De verdad? ¿Qué harías si yo tuviera miedo?
— Cantarte una canción. Eso funciona, aunque no lo creas.
— ¿Sabes cantar?
— Jason dice que mi voz podría hacer explotar al mundo, no sé que significa eso pero quiero pensar que es algo bueno.
— Ojalá sea bueno. Pero no, no tengo miedo.
— De todas formas— dijo—, deja que haga algo por ti.

Tomó mi mano. Automáticamente mi cara empezó a calentarse.

— ¿Estás mejor ahora?— dijo—. No te ves bien.
— Estoy bien. Mejor de lo que podría.

Me sonrió. Traté de sonreírle.

Llegamos. Pensé que iríamos a su habitación pero no, me llevaba a otra parte.

— ¿A dónde vamos?— dije.
— A un lugar especial— dijo, contento.
— ¿Va a gustarme?
— Esa es la idea. Si no es así entonces habré fracasado como novio.
— ¡No te preocupes, sé que va a gustarme!
— Tranquilo, mejor espera a que lleguemos.

Subimos unas escaleras. Estaba oscuro. Al final había una puerta. Él la abrió para mí. Entré.
Era arriba de un edificio, había una mesa y dos sillas, además de muchas luces iluminando el lugar. Habían muchas, por todos lados, miles de ellas. Se veía como si... como si fuera mágico.

— ¡Feliz cumpleaños!— dijo.

Me giré a verlo. Yo estaba muy emocionado. Lo abracé. Nos separamos.

— ¡Se ve genial!— dije.
— Me alegra que te guste.
— Seguramente fue difícil acomodar todo ésto.
— Jason me ayudó. Aunque admito que sufrí varias descargas eléctricas mientras instalaba todo. Pero las soporté como el macho alfa que soy.
— Ya veo— dije—. Pobrecito. Seguramente necesitas un abrazo.
— ¡Sí quiero uno!— dijo y me abrazó.

Si hubiera tenido que elegir un número de la escala del 1 al 10 sobre qué tan feliz estaba, habría escogido 1000.
Y nunca imaginé llegar a ser tan feliz.

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