189. El diario de Laura

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Fracazo. Encender una fogata era lo más complicado que había hecho. Para colmo, parecía que me encontraba sola con eso. La profesora y George empezaron a pelear. Así que dejaron lo que estaban haciendo. Evan decidió acercarse al lago para ver si podía ver un pez. Jimi lo siguió para convencerlo de que no habían peces en ese lago. El tiempo pasaba y yo me quedaba sin fósforos.
Me arrepentí por ofrecerme a quedarme. El fuego me asustaba. Pero Will necesitaba una oportunidad para estar a solas con Zac. Pensé que probablemente no le diría nada, pero al menos iba a estar con él, en una situación mejor.

— ¡Esto es imposible!— dije mientras lanzaba la cajetilla de fósforos al suelo.

La profesora se enfadó por algo que dijo George y se fue. George la siguió.

— Esperen— les dije—, ¿A dónde van?
— ¡Me regreso a mi casa!— dijo la profesora.
— ¿Caminando?— pregunté.
— ¡Me alejaré de este idiota!— me gritó ella desde el camino.
— ¡No me dejes hablando solo!— le dijo George mientras la seguía.

Me quedé obsevando cómo se iban. Evan y Jimi se acercaron rápidamente.

— ¿Qué pasó?— preguntó Evan agustiado.
— La profesora se enojó— dije.
— ¡Luz, vuelve!— dijo Evan mientras la seguía.
— ¡Voy contigo!— le dijo Jimi.

Evan se regresó por Jimi. Lo tomó de la mano y ambos corrieron detrás de ellos. Me quedé ahí. Los vi desaparecer.

Me giré. Ya casi era la puesta de sol. No había fogata. Y sólo estaba una casa de campaña, porque Jason no había parado desde que Zac y Will se habían ido. Resignada, me acerqué a él. Me senté en el suelo.

— Me encanta tu fogata— me dijo sin dejar de acomodar la segunda casita—, debe ser mágica porque parece invisible.
— No es invisible— dije enojada—. No existe. No sé hacer fogatas. Y todos se fueron.
— Lo sé— dijo, sin dejar su labor.
— ¿Sabías que se irían?
— Naturalmente.
— Debiste decirme— dije, enojada.
— No, quería que te tomara por sorpresa.
— Odio las sorpresas.

No dijo nada. Sólo siguió en lo suyo, en silencio.

— Te dejaron todo el trabajo, ¿Por qué eso no te molesta?— pregunté.
— Por que sabía que harían eso.
— Pudiste evitarlo.
— No, ese era el plan de Zac.
— ¿Zac planeó eso?— pregunté.
— No exactamente. Pero el resultado será lo mismo— dijo él, tranquilo—. Así que no gano nada enojándome.
— No parece justo.
— Depende la perspectiva.
— Desde la mía es increíblemente injusto para ti— dije.
— Pues desde la mía yo salgo ganando— dijo—. Estoy en la situación que deseaba.
— ¿Armando casitas?
— No precisamente. Pero estoy aquí.
— ¿Y?— pregunté.
— Estoy feliz.

Lo observé. No entendía cómo alguien podía ser feliz armando casitas. Al menos Zac no se enojaría con él. Pero ya imaginaba lo que nos diría a los demás. Probablemente me regañaría, desquitaría su ira con Evan, abrazaría a Jimi y castigaría a George y a la profesora. O peor, los despediría.

— Bien— dije, me levanté de mala gana—. Tendré que hacer esa fogata. No quiero que Zac se enfade.
— Igual va a enfadarse— dijo Jason.
— ¿Cómo lo sabes?— pregunté curiosa.
— Molestar a Zac es increíblemente fácil. Conmoverlo es difícil.
— Para nosotros— dije—. Para Will debe ser sencillo. Incluso lo hace sin proponérselo.
— Will se esfuerza mucho también— dijo Jason—. Es alguien que ha puesto mucho de sí en todo este tiempo.
— ¿Crees que hoy vaya a ser el día?
— No lo creo— dijo Jason pensativo—. Will es demasiado listo. Además, creo que quiere aprovechar el viaje.
— ¿Aprovecharlo?
— Sí. Tal vez no todos sean tan observadores como yo, pero Will ya no puede esconder todo lo que siente. Se puede ver. Siempre está demasiado atento a todo lo que tiene que ver con Zac. Lo observa mucho. Se acerca a él. Se pone nervioso fácilmente. Eso sólo significa una cosa: en verdad piensa en declararse. Por eso quiere aprovechar este tiempo.
— ¿Por qué?— dije—, si se declara podrá estar con Zac todo el tiempo que quiera. Es más, podrían salir de viaje juntos.
— Creo que ya das por hecho que Will no será rechazado— dijo Jason.
— Por supuesto que sí. Son la pareja ideal. Los he visto.
— Te equivocas— dijo Jason, tan sereno como siempre—. Has visto a Will desvivirse por Zac, pero Zac no ha mostrado ninguna inclinación obvia hacia Will.
— ¡Claro que sí!
— No, esa es tu perspectiva— me dijo—. Quieres que las cosas funcionen así porque eres optimista. Pero Will no es así. Él es demasiado realista. Sabe que puede ser rechazado. Sabe que puede que después de eso Zac no va a querer verlo tanto como antes. Quiere aprovechar todo el tiempo que le sea posible. Él es del tipo de persona que se conformaría con simplemente repasar los momentos bonitos que ha pasado a su lado.
— ¡Pues a mí eso no me gusta!— dije alterada—, ¡Will debería confiar más en sí mismo! ¡Creo que él y Zac van a ser felices!
— ¿Y tú?— me preguntó—, ¿Vas a ser feliz?

Lo observé. Él no se detuvo. Lo pensé un momento.

— Por supuesto— dije—. Debo ser feliz, por eso apoyo a Will.
— Lo apoyas porque es imposible no querer que alguien tan simpático como Will tenga éxito. Y porque se supone que eres su amiga. Quizá para ti todo ahora sea ideal, pero las cosas cambiarán si Zac decide salir con Will.
— Nada va a cambiar— dije—. Seguiré siendo la misma.
— Quizá, pero ellos no. Serán una pareja. Las personas cambian cuando están en una relación. Evan y Jimi han cambiado demasiado. Antes Evan era un cretino. Pero cuando conoció a Jimi cambió por él. Sin darse cuenta siquiera. Lo mismo con Jimi. Antes siempre parecía estar a la defensiva, según me cuenta Evan. Desconfiaba de todos. Pero con Evan es diferente. Cambió, no sólo para él, si no para todos. La gente cambia. Tú lo harás.

Lo pensé. Se suponía que quería que ellos estuvieran juntos pero... no había pensado en las consecuencias de eso.

— ¿Dejarán de ser mis amigos?— pregunté.
— No lo sé.
— Pero tú lo sabes todo.
— No realmente. No soy dios.

Lo pensé. Por un momento, temí perder lo que tenía con ellos. Temí perder a Zac.

— Si ellos cambian y por alguna razón ya no puedo estar a su lado— dije—, estará bien.

Él se giró a verme. Parecía sorprendido.

— ¿De verdad?
— Sí— dije aunque me costó trabajo—. Mientras sean felices.
— ¿Serías feliz con esa resolución?
— Probablemente no— dije—. Pero sí después de un tiempo.

No dijo nada.

— Pero ya que estamos en eso— dije—, si en verdad pasa, ¿Puedo visitarte para sentirme menos sola?

Sonrió.

— No lo sé, ocupar el espacio vacío de Zac y Will parece demasiado difícil— dijo.
— No ocuparías el espacio de nadie. Serías tú.
— Parece muy conveniente.
— Claro que sí— dije—. Si me siento sola puedo atravezar la calle y visitarte. Es muy conveniente. Además, si no sé nada, puedo preguntarte. Tú lo sabes todo.

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