Llegué a casa. Esperé a que papá llegara. Mientras tanto, George se la pasó hablando sobre lo mucho que había intentado convencer a la profesora para invitarla a salir pero que no había funcionado.
Era molesto. Además yo ya tenía muchas cosas en qué pensar.
Lo primero, era decirle a papá sobre mis aspiraciones políticas. Lo que me pareció apropiado decir en la cena.
— Zac, te tengo que dar una noticia— me dijo papá.
— Yo también quiero decirte algo— le dije.
— De acuerdo. Tú primero.
— No, mejor dime tú primero.
Papá y yo nos observamos.
— Bien— dijo papá, feliz—. Es una gran noticia. Gané las elecciones internas de mi partido. ¡No es genial!
— ¡Por supuesto que sí!— dije, emocionado.
— ¡Es grandioso!— dijo Jill.
Miramos a George. Él sólo tragaba cual cerdo sin detenerse. Jill lo golpeó en el brazo. Nos observó.
— Ah, sí— dijo él—, Zac, suerte con las elecciones.
— ¿Qué?— dijo mi papá.
— Estamos festejando la otra noticia— le dijo Jill.
— Gracias por arruinar la sorpresa— le dije, enojado.
— ¿Qué elecciones?— dijo papá.
— Soy candidato a presidente del consejo estudiantil— dije.
— ¡Eso es impresionante!— dijo mi papá, bastante emocionado.
— Creo que Zac va a ganar— dijo Jill—. Creo que ustedes van a ganar.
Miramos a George, que seguía comiendo. Él se dio cuenta de nuestras miradas acusativas.
— Es que la política me da hambre— se defendió.
Así, mi casa se volvió todo un caos rápidamente. Papá estaba ocupado con los preparativos, ya que si bien faltaban unos meses para que se hiciera oficial que él sería el candidato a alcalde, debía tener todo listo para iniciar una dura y exhaustiva campaña política.
Entonces papá decidió usar la artillería pesada: es decir, la hermana de Jill.
No sabía bien cómo pero en realidad papá conoció a Jill gracias a su hermana mayor, que también estaba envuelta en el mundo de la política. Como papá necesitaba a alguien como asesor político que fuera de su confianza, llamó a Janeth.
Así, la tía Janeth (por llamarla de algún modo), se cambiaría de ciudad sólo porque en verdad deseaba ser la asesora de campaña de papá. Compró una casa cerca de la mía ya que tenía hijos que irían a la misma escuela que yo. Se mudarían próximamente.
Un día, mientras Laura había ido a mi casa para enseñarme sus propuestas de carteles para promover mi candidatura, papá llegó con la tía Janeth. Ella se parecía a Jill pero tenía una aura de autoridad increíble. Decidí saludarla por primera vez mientras mi padre iba a su habitación.
— Hola— me dijo—, tú debes ser Zac.
— Lo soy— dije.
— Eres más atractivo en persona que en la televisión— dijo ella, mientras sonreía—. Como es la primera vez que te veo supongo que debería disculparme por todas las cosas que te hayan hecho pasar mis hermanos.
— No es necesario— dije—. Jill es increíble.
— Debí ser más específica— dijo—, me refería a George.
— Ah, él— dije.
— No hace falta que digas algo bueno de él. Lo conozco. Pero es un buen chico.
— Lo sé— dije.
Entonces, George apareció mágicamente. Vio a su hermana y fue con ella. La tía Janeth empezó a regañarlo. Después de eso, ella se fue a buscar a mi papá.
Laura, que estaba en la sala acomodando unas cosas, se acercó a mí.
— Zac, Will terminó un discurso— me dijo ella—, es grandioso.
— Deja que lo lea— dije.
George se acercó a Laura.
— Parace que te agrada mucho Will— le dijo a ella.
— Will es un buen amigo— dijo Laura.
— ¿Segura?
— ¿Qué estás insinuando?— dijo ella, perspicaz.
— George— dije—, deberías ir por ahí, de preferencia en donde no estorbes.
— No quiero, gracias— dijo él.
George seguía pensando que a Will le gustaba Laura. Sí, nadie creyó necesario decirle que no era así. Pero sería increíblemente incómodo que le dijera a Laura sobre eso. Yo quería matarlo con la mirada.
— Creo que Jill quería que fueras a alguna parte— le dije a él, me urgía que desapareciera.
— ¿A dónde?— preguntó él.
— No lo sé— dije—, creo que al lugar más lejano y apartado de la civilización que conoces.
— ¿Qué clase de lugar es ese?
— El infierno, creo— dije—, seguro sabes el camino de regreso, fuiste creado ahí.
— Zac, no es gracioso— se quejó George.
— ¡Claro que es gracioso!— dijo Laura entre risas—, ¡Creo que debería venir a tu casa más seguido!
— O podrías visitar más a Will— le dijo George a ella—, ya sabes, seguramente se siente solo.
— Visito a Will casi todos los días— dijo ella—. De no ser así nos mantenemos comunicados continuamente.
— ¿Por qué?— pregunté—, ¿Por qué necesitas saber tanto de él?
— Somos amigos— dijo ella feliz—. Mejores amigos, diría yo.
La observé. No, claro que no. Yo era el mejor amigo de Will, no ella.
— ¿Él creé que eres su mejor amiga?— le pregunté.
— No lo sé— dijo ella—, pero me gustaría ser su mejor amiga.
— A Will no va a gustarle saber eso— dijo George.
— ¿Por qué serías tú su mejor amiga?— dije—, ¿Por qué nadie más?
— Cierto— dijo ella—, es muy presuntuoso de mi parte pensar que soy su mejor amiga. Aunque para mí sí es mi mejor amigo.
Nuevamente la observé. ¿Por qué decía eso? ¿Por qué necesariamente quería a Will para ella?
— No, te equivocas— dijo George—. El mejor amigo de Will soy yo. Y si no soy yo entonces debe ser Lou. Somos sus amigos desde la universidad.
— Pues el tiempo de amistad no significa nada realmente— dijo Laura—. Es relativo.
— Sí, pero mientras más tiempo, más intimidad— dijo George.
— No necesariamente— dijo Laura—. Will y yo nos contamos muchas cosas. Sé mucho sobre él.
Entonces ambos empezaron a pelear sobre quién era el mejor amigo de Will.
Generalmente yo me habría unido a la batalla de no ser porque descubrí una cosa muy importante: no sabía nada de él.
Cada vez que estaba con él siempre hablaba de mí y él era tan amable, tanto que se limitaba a escuchar. Jamás me habló de él. Por alguna razón yo creía que era suficiente así, como si no importara saber más. Sentía que conocía a Will tanto como para considerarme su mejor amigo.
Realmente no lo era. Quizá era su amigo únicamente.
Sin embargo sentía que había algo que hacía que nuestra relación fuera cercana. Mucho. No sabía cómo explicarlo pero Will no se sentía como un amigo. Definitivamente no.
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Rumores De Pasillo
RomansaJimi se declaró abiertamente gay en la escuela y empezaron a molestarlo por eso. Evan, un rubio popular que también lo molestaba, resultó sólo hacerlo porque los demás lo hacían... pero realmente guardaba un secreto: le agradaba Jimi. Mucho. Más de...
