Por la tarde fui con Will. Cuando llegué Jimi ya se había ido. Y sentí que el aire del lugar era tan pacífico... quizá porque esa mujer extraña ya no estaba ahí. Por ese día al menos porque regresaría.
—¿Cómo salió todo?— le pregunté.
— Bien. Jimi es muy bueno y amable.
— No me refiero a eso. ¿Pudieron conocerse más?
— En realidad...— dijo él—, no sé por qué quieres que Jimi y yo...
— ¡Por favor!—interrumpí—, ¿Acaso éstra no era tu oportunidad? Ya sabes, él y tú, solos, dejan que las cosas nazcan y ya está, romance al instante, adiós Evan.
— Eso no va a suceder.
— ¿Por qué no? Jimi te gusta. No me agradas tanto pero al menos estás muy por arriba del puntaje de Evan así que eso es bueno. Y ésta era tu oportunidad. No puedo creer que la dejaras pasar.
— Hice muchas cosas. No tenía tiempo que perder. ¿Por qué pareces muy molesto?— me observó detenidamente.
— Por que Evan hará que el pobre y tierno Jimi caiga en las llamas del infierno. Y eso no lo voy a permitir. Él no es bueno para Jimi.
— Yo no le veo ningún problema a eso. Ambos se aman. Se ve. Y aunque no te guste así va a ser.
Lo miré. Estaba escribiendo algo. Y parecía muy tranquilo. Hasta parecía competente. ¿Acaso no veía que estaba por perder a Jimi para siempre?
— ¿Y qué hay de ti? ¿Vas a dejar que te roben a Jimi? ¿No vas a pelear?— dije.
— No puedo perder lo que nunca tuve. Y por más que me guste una persona, si no me ama, debería de dejarla para que sea feliz.
— Por eso sigues solo— le dije molesto.
— ¡Qué cruel eres!
Me senté en una silla junto a él. Entendía lo que estaba pasando. No era del tipo de persona que olvidaba rápido las cosas malas. Y aunque Evan era víctima de mi buen justificado odio, no significaba que era mala persona. Quería dejar todo eso atrás porque ellos ya lo habían hecho, pero de alguna manera no podía. Tal vez por que me daba miedo. Ese siempre había sido mi problema, temía que algo malo ocurriera y que lastimara a alguien. Deseaba poder olvidar eso, pero si yo fuera de ese tipo de personas, las que no guardan rencores, mi vida sería un poco más alegre.
— Evan no me agrada— dije al fin.
— Claro que sí— dijo él, sin despegar la vista de lo que escribía—. Sólo no quieres admitirlo. No entiendo por qué.
— No tengo nada qué admitir. Y no sé cómo puedes estar tan tranquilo. ¡Se va a llevar a Jimi! ¡Va a comérselo! ¡Eso no te preocupa! ¿Acaso él ya no te gusta?
Se detuvo. Soltó el bolígrafo que sostenía. Pensó por un momento.
— Evan es una buena persona. Jimi está a salvo con él. Y Jimi es gentil, inteligente y muy sincero. A cualquier persona le gustaría alguien cómo él.
— ¿Qué estás intentando decirme?— dije—, ¿Ya no te gusta mi Jimi?
— No es eso es sólo que...— me miró—, ¿Estás conciente de que lo llamaste "mi Jimi"?
Lo observé atento. ¿Dije eso? ¿Por qué? Bueno, técnicamente no era mi Jimi porque no tenía nada que ver conmigo. Pero era mi amigo. De eso sí estaba seguro.
— Sí. Eso dije. No sé porqué. Creo que es porque soy casi como su padre. Sí, eso es. Y apuesto a que su padre real no sabe de Evan, porque estoy seguro de que de hacerlo le daría un paro cardíaco.
— ¿Su padre? ¿Estás seguro? Por que hay veces en las que pienso que... que quieres mucho a Jimi... en otro sentido.
— Desde luego que lo quiero. ¿No has visto esa carita?
Me miró. Lo comprendí.
— ¡No, claro que no! ¡No me gusta Jimi, no de ese modo!— dije alarmado.
— ¿Seguro?— dijo, miró la ventana.
— ¡Por supuesto! Si alguien me gustara lo sabría.
— Menos mal— sonrió.
Se veía extraño. Como tenso pero feliz. Imaginé que para él era una ventaja que no me gustara Jimi. Más Jimi para él.
— Como padre de Jimi, no me gustaría verlo con un maleante como Evan— dije.
— Pero se aman.
— El amor no hace que las personas vivan mejor.
— Pero las hace felices.
Podría ser. Pero como sustituto de padre preferiría ver a mi hijo con alguien mayor, con buen empleo y casa propia. En serio, Evan estaba en mucha desventaja. ¿Entonces por qué sentía que Will ya había perdido?
— No deberías de dejar a Jimi— le dije—. La vida tiene muchos giros. En veces las personas piensan que aman a alguien pero resulta que estaban equivocadas, y que la persona que los ama y que deberían amar está más cerca de lo que piensan. Todo es posible.
— Lo sé— dijo—. Eso sí lo sé.
Nos quedamos en silencio, mirando por la ventana. El sol del ocaso estaba entrando, desapareció luego de unos segundos.
— Entonces no te des por vencido— le dije.
Me miró. Era como si estuviera ahí pero de alguna manera su mente estaba en lo profundo de su cabeza, recordando algo.
— ¿Pasa algo?— dije.
— Necesito hablar contigo. Es importante.
— Adelante. Pero que no sea sobre Evan.
— No tiene nada que ver con él. Con nadie. Es sobre mí, de hecho.
— Bien.
— Lo que pasa es que...— parecía muy nervioso. Se frotaba las manos muy rápido.
Mi teléfono empezó a sonar. Lo tomé. Mamá. Estaba por rechazar la llamada cuando Will dijo que contestara. Ya qué, pensé. Salí hacia la recepción.
— ¿Qué quieres mamá?— dije.
— ¿Dónde estás? Ya es tarde.
— Con un amigo. Ya voy. No tenías que llamar. Te dije que sólo lo hagas en caso de emergencia.
—¡Es una emergencia! ¡Ya no hay comida!
— ¿Qué pasó con lo que había en el refrigerador?
— Eso ya no existe, deja de vivir en el pasado. Lo que importa ahora es que vengas y traigas algo, de otra forma moriré de hambre.
— No se puede contigo. Ya voy.
— ¡Pero date prisa!
Colgué. Qué bueno que no me quedé con la bufanda rosa. Regresé. Will seguía ahí.
— Tengo que irme— dije—. Mi madre está en casa y va a entrar en crisis si no llego temprano.
— ¿Debes irte? ¿Ahora?
— Sí. Lo que querías decir, me lo dices luego. Bueno, adiós.
— Pero...
— Te veo otro día— dije y salí corriendo.
Fui a comprar unas cosas y me apresuré a ir a casa. Cuando llegué, cansado y perdiendo el aliento, mamá estaba acostada en el suelo, en medio de la sala, quejándose.
— Lástima— dije—. Parece que mi madre ya murió. Bueno, no se puede hacer nada. Me comeré ésto yo solo— agité la bolsa del mini super.
— ¡Estoy viva!— dijo, se levantó repentinamente—, ¡Debe ser un milagro del cielo!
— O un castigo del infierno— dije yo.
Luego de que comiera y de que mi madre me contara lo que hizo en mi ausencia, que fue básicamente nada, comenzó a preguntarme por mi día.
— Fue divertido. Estresante pero divertido— dije, ella me miraba—. Aprendí que Evan es como un niño pequeño, que Laura es maravillosa y que Will puede parecer competente. Ah, y comencé a cuestionar mis sentimientos.
— Parece interesante. Debí ir contigo.
— ¡Claro que no!
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Rumores De Pasillo
RomanceJimi se declaró abiertamente gay en la escuela y empezaron a molestarlo por eso. Evan, un rubio popular que también lo molestaba, resultó sólo hacerlo porque los demás lo hacían... pero realmente guardaba un secreto: le agradaba Jimi. Mucho. Más de...
