— Tienes razón—dijo él, lo observé atento—. No podemos. Tú no quieres. No voy a obligarte. Sé que probablemente me odias. Y es mi culpa, no debí robar tu primer beso. Ese era para alguien especial.
— Eso no tiene nada qué ver.
— Pero ya no quieres verme más— dijo.
— Es que... no tengo porqué explicarte nada.
— De acuerdo— se acercó y puso su mano en mi cintura, pero estaba tan confundido que no traté de liberarme—, mírame a los ojos y dime que quieres que me aleje de ti.
Nuestros ojos se encontraron. Pero no, realmente no quería que todo volviera a ser cómo antes. Pero eso no dependía de mí. Ser pobre no tenía nada de malo. Pero ser gay sí. Si alguien como yo se asociaba a alguien como él todos lo abandonarían, como a mí. Y eso era tan terriblemente cruel que no se lo deseaba ni a mi peor enemigo.
—Yo...— las lágrimas hacían un charquito en mis ojos—, yo... no sé...
—Jimi, yo no quiero perderte. Pero no quiero que hagas algo que no deseas.
— Sólo... sólo déjame ir— dije con trabajo.
Me soltó. Me giré para no verlo y caminé sin mirar atrás.
Me dolía el pecho. ¿Porqué dejarlo era tan complicado? Corrí a casa. Y deseé no tener que sentir cosas. Quería poder hacer que mi corazón no sufriera. Que mi mente no pensara en nada. Así que como si hubiera sido una orden, eso pasó.
Quedé como perdido. No sabía en qué día estaba. Veía los días pasar, hacía mis cosas pero era como si yo no estuviera ahí. Me mente se encontraba oculta en algún lugar. Todo era extraño. Cuando menos me di cuenta ya había pasado una semana. No vi a Evan en esos días. Imaginé que no quería saber nada de mí y por eso no me buscó. Me dolió darme cuenta pero estaba bien así. Era mejor. Si él estaba lejos no podría volver a lastimarme así.
Me dediqué a estudiar. Quería enfocarme en eso. Un viernes corrí por toda la escuela porque estaba a punto de llegar tarde a la clase de álgebra, impartida por un maestro que era la versión masculina y extramente malvada de Maléfica. Ese día tenía que entregar una tarea con la que me jugaba mi vida, prácticamente. Si no la entregaba reprobaría. No era un lujo que podía darme.
Estaba en eso cuando bajé corriendo las escaleras. Y luego caí. ¡Maldita gravedad!, pensé. Mi tobillo me dolía tanto que de puro milagro no me puse a llorar. Laura me acompañaba y se regresó a verme. Miré mi reloj: no había tiempo que perder.
— Ten— le dije, le entregué mi tarea y mis cosas—. Ve al salón y entrega el trabajo.
— No puedo dejarte aquí— dijo ella preocupada.
— ¿Quieres reprobar?
— No, no quiero. Pero tampoco te dejaré aquí.
— No te preocupes, estaré bien— dije. Ella se fue muy rápido aunque se veía angustiada.
Cuando por fin estuvo muy lejos pude hacer todas las muecas de dolor que estuve aguantando.
Traté de pensar en cómo irme de ahí. Pero al ponerme en pie casi me caigo. Qué problema, pensé.
Entonces unos brazos me levantaron del suelo. Miré hacía arriba. Era Evan, me observaba fijamente. Entré en pánico.
— ¿Qué haces aquí?— dije nervioso.
— Intento salvar tu vida— dijo y comenzó a caminar conmigo mientras me cargaba.
— ¡No te pedí ayuda!
— ¡Y yo no pedí permiso! Prefiero pedir perdón. Además lo necesitas.
— ¡No te necesito!— le dije, traté de liberarme.
— ¡Pero qué necio eres! Te llevaré quieras o no. No es ilegal retener personas en contra de su voluntad.
— ¡Claro que sí! Se llama secuestro— dije molesto.
— No sería la primera vez que violo la ley. Agárrate fuerte porque te llevaré a la enfermería.
Así, sin preguntar, como casi todo lo que hacía, me llevó por los pasillos hasta la enfermería mientras imitaba el sonido de las sirenas de las ambulancias con su boca.
No hace falta decir que la gente nos miraba extraño, eso debía ser rarísimo. Además estar así de cerca de él hacía que mi corazón latiera como loco. No lo entendía, trataba de tranquilizarlo pero era imposible. Latía como loco.
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Rumores De Pasillo
RomanceJimi se declaró abiertamente gay en la escuela y empezaron a molestarlo por eso. Evan, un rubio popular que también lo molestaba, resultó sólo hacerlo porque los demás lo hacían... pero realmente guardaba un secreto: le agradaba Jimi. Mucho. Más de...
