120. El diario de Laura

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Todos lo estaban pasando mal. Muy mal. Menos Jason que en verdad parecía inmune a los comentarios negativos de las personas. Pero yo tenía un plan. Era mi turno de ayudarlos a ellos. Así que me dirigí a buscar a la presidenta mientras me duraba la motivación de querer salvar a todos.

— No creo que se pueda hacer nada— me dijo cuando la intercepté en medio de un pasillo y le conté la situación.
— ¿Qué?— dije sorprendida—, ¡Pero usted puede hacerlo todo!
— Soy la presidenta, no dios— dijo y siguió caminando.
— Estamos desesperados— dije—. Además la última ley funcionó muy bien. Podríamos hacerla aún mejor.
— Laura, no creo que eso sea posible. Los profesores no autorizarán más leyes como esa. Deja que pase el tiempo y tal vez todos lo olviden.

Siguió caminando. No, yo no me daría por vencida.

— ¡Le daré lo que quiera si decide ayudarnos!

Se giró y me miró. Se acercó.

— ¿Qué estás dispuesta a perder?— dijo.
— ¿Tengo que perder algo para que me ayude?
— Quiero unas fotos.
— ¿Unas fotos?— dije confundida.
— Sí— me miró—. Unas de Evan, de Zac, de Jimi y del otro chico rarito. Sobre todo del chico rarito.
— ¿Por qué?
— Colecciono fotos— dijo—. Y tus amigos son difíciles de fotografiar.
— Usted está empezándome a dar miedo.
— Trae las fotos y ya se me ocurrirá algo.

Se fue. ¿Estaba loca? ¿Por qué fotos? ¿Y porqué de Jason? Si yo pudiera tener fotos tendría miles de Zac, pensé.

Sin embargo eso me daba esperanzas. Si alguien podría hacer algo era la presidenta. Ella era la mujer más inteligente y poderosa que yo había conocido en toda mi vida.

Con renovadas esperanzas, caminé para comunicarles a los chicos. Estaba corriendo por un pasillo cuando escuché a dos chicas hablar. Me detuve un momento.

— ... ese chico en verdad da miedo— dijo una—, además, en la escuela está prohibido que se usen piercings pero a él nadie le dice nada. Seguramente amenazó a los directivos y le dieron permiso.
— Es muy cierto— le dijo la otra—. Además, ¿No te parece extraño que entre todos ellos sólo haya una chica?
— Se ve linda pero seguramente es tan mala como todos ellos— le dijo.

Las miré. No lo soporté más y me acerqué.

— ¡No es así!— les dije—, ¡Eso no es para nada verdad!
— ¡Es ella!— dijo una chica asustada y me señaló.
— ¡Hay que irnos antes de que nos haga algo!— le contestó la otra y salieron corriendo.

Me quedé mirándolas. Estaba muy enojada. Demasiado. ¿Cómo podían creer esas mentiras?

— ¡De acuerdo, huyan como cobardes!— les grité—, ¡Pero un día afrontarán la realidad!
— ¿Qué demonios estás haciendo?— dijo Jason que caminaba hacia mí.
— Hablaba con esas chicas.
— No— me dijo—, les gritabas.
— No gritaba. Sólo les decía la verdad.
— Parecía que las estabas amenazando. Además por lo que acabas de decir, cualquiera pensaría que los rumores son verdaderos.
— Sólo les estaba diciendo la verdad.
— ¿Y tenías que sonar como si pertenecieras a la mafia?
— ¿Qué hubieras dicho tú?
— Nada— me miró—. Absolutamente nada.

Caminó por el pasillo. Lo miré. Él me estresaba. Mucho. Corrí hasta alcanzarlo.

— ¿Eso es suficiente para ti?— dije—, ¿Te conformas con ser pisado por todos?
— No. Me conformo con no causar más problemas.
— ¡Pues no está para nada bien!
— Tú no lo entiendes— dijo.
— No, tú no lo entiendes. No está bien que dejes que las personas se metan contigo. Tienes que defenderte o de lo contrario seguirán molestándote toda tu vida.
— Tú no me entiendes para nada.
— Entonces explícame— lo miré con severidad.

Suspiró. Se veía malhumorado.

— Yo no me defiendo no porque no pueda— dijo—, sino porque en verdad no me importa nada de lo que dicen de mí.
— ¿Cómo puede no importarte?
— He vivido toda mi vida viendo como las personas hablan de otras, sin importar lo que hagan. Las personas siempre van a hablar. Eso no podemos cambiarlo. Sin embargo siempre podemos elegir si las cosas nos afectan o no. Elegí que lo único que debe importarme es lo que las personas que me importan piensen. Los demás salen sobrando.
— Pero yo no puedo hacer eso— dije—. Ya lo intenté. No puedo evitar que lo que digan me ponga triste. Para los demás es lo mismo.
— No, estás equivocada— dijo—. Lo que te pone triste de todo esto no es lo que dicen de ti. Es lo que dicen de los demás. Por eso estás tan molesta.

Lo pensé. Tenía razón. Busqué a la presidenta no porque quisiera ayudarme. Lo hacía pensando en ellos.
Miré a Jason sorprendida. ¿Por qué sabía demasiado?

— ¿Por qué siempre sabes más cosas que los demás?— le pregunté molesta—. Es un tanto injusto.
— No lo sé— dijo—. Me gusta observar a las personas.
— Eso sonó a algo que diría un acosador.
— ¿Te parezco un acosador?— me preguntó.
— Me pareces un presumido, arrogante y molesto tipo, pero no, no te ves como un acosador.
— Eso es lo más amable que me has dicho en toda tu vida— me dijo.
— Puedo ser linda cuando quiero.
— Ah, ¿Estabas siendo linda? No me di cuenta...

Iba a quitarme un zapato y lanzarle cuando llegó Jimi con Evan y Zac. Me acerqué a él.

— ¡Jimi!— dije y corrí a abrazarlo.
— Laura, aléjate de mi Jimi— me dijo Evan.
— No, es muy tierno— dije.
— ¿Qué hacen aquí?— les preguntó Jason.
— Vimos que dos chicas salían huyendo despavoridas— dijo Zac—, como si las persiguiera un monstruo.
— No debieron venir entonces— le dijo Jason—, ahora el monstruo está atacando a Jimi.
— ¡No soy un monstruo!— dije.
— ¿Tú asustaste a esas chicas?— me dijo Zac.
— ¡Claro que no!— dije—, ¡Nadie podría asustarse por mí!
— Depende— dijo Jason—. Si ellas te vieran por las mañanas te juro que saldrían corriendo.
— Jamás me has visto por las mañanas— le dije enojada.
— Claro que sí. Somos vecinos. Y siempre dejas la ventana de tu habitación abierta.
— Retiro lo dicho— le dije—. Ahora también me pareces un acosador.

Nos giramos. Mientras hablábamos, Evan y Jimi aprovecharon para abstraerse en su mundo y se miraban como si pudieran tocarse con los ojos.

— Esto no ayuda mucho para detener los rumores, ¿No?— dijo Zac mientras los veía.
— No, para nada— dijo Jason.
— Yo tengo un plan— dije—. La presidenta va a ayudarnos.
— ¿De verdad?— preguntó Zac.
— Sí— dije—. Ella va a agradarte mucho. Es muy inteligente y poderosa. Seguro hará algo bueno.
— ¿No conoces a la presidenta?— le preguntó Jason a Zac.
— No, para nada. Hace poco que descubrí que existe un consejo estudiantil— dijo.
— Ella parece muy inteligente— dijo Jason—, quizá funcione el plan después de todo.
— Sí— me dijo Zac—, en verdad eres brillante.

Le sonreí. Él se veía feliz. Me entusiasmaba poder hacer a Zac parecer más contento.

— Primero— dijo Zac—, hay que separar a esos dos— miramos a Evan y a Jimi.

Seguí mirando a Zac. Verlo, tan apuesto, inteligente y con su liderazgo natural me hacía muy feliz.
Por instinto, me giré hacia donde estaba Jason. Él me miraba. Al verse descubierto, desvío la mirada, ¿Qué fue eso?

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