138. El diario de Laura

217 33 12
                                        

Lo pensé un poco mejor mientras caminaba detrás de él, rumbo a casa de Will. La calle estaba soleada y solitaria. El clima era perfecto. Pero yo no me sentía feliz.

Llegué a una conclusión. Estaba harta de eso. No quería vivir así. Zac no sospechaba nada. Probablemente nunca lo haría. No si no le decía nada. Para él sólo era su amiga, no me vería de ninguna otra forma. Nunca. No si no hablaba.

Llegamos al edificio de Will. Subimos las escaleras. La recepcionista le comunicó a Will que estábamos ahí. Él salió inmediatamente. Entramos. Cerró la puerta.

— ¡Muero de aburrimiento!— dijo.
— ¡Lo sabía!— dijo Zac.
— Me alegra que hayan venido— dijo—. Pensé que podría enloquecer si seguía así.
— ¿Acaso no has tenido muchos pacientes?— dijo Zac—, yo pensé que la gente solía enfermarse mucho en épocas calurosas como ésta.
— No, parece que no— dijo Will.
— Deberías soltar un virus mortal en el agua potable. Te volverías millonario de la noche a la mañana— dijo Zac.
— ¿Eso no sería un crimen nacional?— pregunté.
— No si tiene la cura— dijo Zac.
— No podría hacer algo así— dijo Will—. Me falta ser más malévolo para llegar a esos extremos.
— Pues tú te lo pierdes. En mi opinión eso lo haría cualquiera— dijo Zac.
— Cualquiera que quisiera estar en prisión— dije.
— No puedes estar en prisión si nadie sabe lo que hiciste. No te preocupes Will, guardaremos tu secreto.
— Zac, me asustas algunas veces— dijo Will.

Will se acercó a Zac. Bastante, estaba prácticamente a un roce de distancia. Zac no reaccionó a eso. Es más, probablemente no lo notó. No le preocupaba.
Sin embargo cuando yo me acercaba a él, siempre estaba a una distancia razonable. Si me acercaba él inconscientemente se alejaba.
No con Will. ¿Por qué?

— Hoy jugué basquetbol con Jason— le dijo a Will—. Hace mucho que no me cansaba tanto. Fue grandioso, ¿Verdad Laura?
— ¿Eh?... sí, claro— dije.
— Me hubiera gustado verte— le dijo Will.
— Podríamos ir a jugar algún día nosotros dos— le dijo Zac—. Te vendría bien hacer ejercicio.
— Yo no sé jugar— dijo Will entre risas—, deberías saber que los deportes no son lo mío.
— No importa, puedo enseñarte— le dijo Zac contento—, y si no aprendes no importa, sospecho que voy a reírme mucho al verte intentarlo.
— ¡Qué cruel eres!— le dijo Will y le puso la mano en el hombro.

Zac lo miró y él le regresó la mirada.

En ese momento lo supe. Zac tenía la mirada, esa de cuando se ama demasiado.

Lo entendí. Zac nunca iba a invitarme a jugar básquetbol con él. Nunca iba a ofrecerse a enseñarme a jugar. Cada vez que yo me acercara a él, se alejaría por instinto. Nunca iba a insultarme. Yo jamás podría acercarme tanto a él como Will lo hacía. Yo nunca podría ser la primera opción de él cuando algo le pasara. Yo nunca iba a abrazarlo. O besarlo. Yo nunca iba a ser para él nada más que lo que ya era.

Simplemente porque si él hubiera querido algo conmigo, ya habría intentado volverse más cercano. Pensé que estaba en la misma situación que Will. Pensé que éramos iguales. No me sentía mal porque me tratara como su amiga. No me importaba que no supiera mis sentimientos. Porque sabía que no era sólo yo, sino que también ignoraba todo con respecto a Will.

Pero no era así. Para nada. Estaba muy equivocada. Muy ciega.

Porque aunque él no sabía los sentimientos de Will, podía sentir algo que lo atraía hacia él. No sabía probablemente nada, ni siquiera lo sospechaba. Pero instintivamente, como si fuera atraído por alguna clase de energía invisible, se acercaba a Will lentamente, poco a poco, hasta estar con él. Todo lo llevaba a él.

Will había logrado enamorar a Zac sin que éste supiera que estaba enamorado. Porque lo estaba.

Lo supe cuando ambos se miraron. Los ojos de Will se llenaron de sentimientos, tanto que si no salieron disparados en ese momento fue porque Will era bueno controlando cómo se sentía. Y Zac, sin saberlo siquiera, miraba a Will de una manera diferente.

Y yo, yo estaba ahí, viendo cómo todo lo que pensé que tenía se caía a pedazos. Viendo cómo mis sentimientos no eran suficientes. No lo eran. No se parecían a los de Will. Yo pensaba que amaba mucho, demasiado. Quizá era así porque me dolía el corazón mucho, tanto que me costaba contener mis lágrimas, pero aún cuando sabía que amaba mucho, no era tan fuerte y verdadero como lo hacía Will.

Quería que fuera verdadero. Quería que fuera así. Al mismo tiempo no. Porque aunque lo amara de la misma manera que lo hacia Will, incluso más, el jamás me vería de la misma forma en la que lo veía a él. Él no se acercaría a mí. Él no me amaría a mí.

Siempre fue para Will. Siempre. Todo estaba ahí. Habían muchas pistas, tantas que nunca vi. Cada pequeña cosa que pasaba entre ellos me lo indicaba, me lo advertía. No lo vi. No lo quise ver.

Ya era tarde, ¿No? Para fingir que no sentía nada. Para irme y alejarme. Para intentar detener todo ese dolor...

— Tengo que irme— dije.
— ¿Tan rápido?— dijo Will.
— Te acompañaré a casa— dijo Zac.
— No es necesario— dije—, quédate. Puedo irme sola.
— ¿Segura?— me dijo.
— Sí, claro. Debo irme, acabo de recordar que tengo tarea. Nos vemos— dije y salí rápidamente.

Ellos probablemente debieron quedarse preguntando muchas cosas. Pero yo no quería decir nada. No podía. Sentía un nudo en la garganta, el pecho me dolía mucho. Demasiado. Quería llorar. Mucho.

Llegué a la calle y me puse a correr sin detenerme. No podía dejar de pensar.

Lo sabía bien. No debía ponerme triste. Debía ser valiente. Debía ser fuerte. Sin embargo mi corazón no quería dejar de sentirse aplastado...

Me detuve en una parada de autobús. Había un asiento. No había nadie ni nada. Lo observé, tan solitario. Por alguna razón que nunca logré entender, el sólo verlo me hizo querer llorar.

No pude detenerme. Unas lágrimas bajaron y aunque intenté reprimir mi voz, no lo logré. Siempre había sido buena controlando todo de mí, pero no pude.

Mi corazón estaba ganando la batalla.

— La... ¿Laura?— dijo una voz.

Me giré rápidamente. Era Zac, que me miraba atónito. Me quedé paralizada, mirándolo, ¿Cómo llegó hasta ahí?

Rumores De PasilloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora