22. El diario de Jimi

579 99 5
                                        

— Puedo escuchar si quieres contarme— le dije—. Aún si es aburrido.

Me observó dudoso y serio.

— Digamos que tuve un problema con un profesor de la escuela en donde iba antes de venir aquí— dijo, estaba mirando sus zapatos.
— ¿Porqué? ¿Qué pasó?
— Realmente no quiero hablar de eso— apenas escuché lo que dijo, fue más como un susurro.
— Entiendo— respondí.

Me quedé en silencio un rato, a su lado. ¿Qué pudo ser tan malo? ¿Porqué él, la persona con probablemente más confianza en sí mismo del todo el mundo se veía inseguro, triste y apagado?

— Yo no sé lo que pasó— dije, me miró de reojo—, pero me gustaría decirte que es algo que no volverá a pasar.
— ¿Cómo puedes decir eso?— susurró.
— No lo sé. Pero me gustaría pensar que a partir de hoy las cosas van a cambiar. Que el pasado se quedó atrás.
Ya nada de eso existe.

Nos miramos por un momento. No me había dado cuenta pero era bastante apuesto. Su cabello estaba perfectamente peinado y vestía bastante formal. Se veía triste y eso le restaba atractivo. Prefería verlo con su sonrisa arrogante de siempre.

— Creo que mejor hay que estudiar— le dije.

Nos enfocamos en los libros. En silencio. Aunque después de un rato rompí el ambiente cuando le pregunté algo que no sabía. Me lo dijo. Y la plática se concentró en historia. Después de un rato ya parecía que nada había pasado.

— Pregunta número 235— dijo—, Mencionar el suceso que detonó la segunda guerra mundial. Y si es posible también puedes decirme la fecha y hora exacta en que pasó.
— Eso es imposible. No creo que la hora exacta venga en el examen.
— Claro que sí. Yo digo que fue alrededor de las 22:47 pm, más o menos.
— ¡Insisto, no puedes deducir eso!
— ¿Tienes hambre? Ya es muy noche. Podemos comer algo. Aunque realmente no puedo invitarte nada decente, no sé cocinar bien— dijo.
— Yo sí. Bueno, más o menos. Trato de aprender.
— Me gustaría aprender pero pienso que un día podría tomar el cuchillo y tornarme malvado y creéme, no quiero asesinar a nadie.
— Bueno, no hay que arriesgarnos— dije, me levanté y fui a la cocina.
— No hay muchas cosas, lo lamento. Sobrevivo a base de comida rápida y sopas instantáneas.
— Con ésto es suficiente— afirmé luego de dar un vistazo donde guardaba su comida.

Después de que intentara cocinar algo, de quemar por error un libro que dejó en la cocina (ni idea del porqué estaba ahí), de que rompiera un plato que prometí pagar, comimos. Fue raro. Nosotros solos. Pero no me sentía incómodo. De hecho, su compañía me gustaba. No era una persona desagradable, claro, si ignoraba el hecho de que me dijo virgen.

— Bien— me dijo—. Me debes un secreto.
— ¿Qué?
— En eso quedamos. Así que cuéntamelo todo.
— No sé qué podría contarte.
— ¡Ya sé! Sobre tu novio.
— Eh...— die dudoso, quería que me partiera un rayo. ¿Cómo iba a hacer algo tan complicado?
— Vamos, no seas tímido.

Pensé en contarle sobre Evan. Bueno, él era un hombre que estudiaba el tercer semestre en mi escuela... era pobre y muy simpático... trabajaba por las noches en una tienda y... era todo. Descubrí que no sabía que no sabía mucho sobre él.

— Le regalé un pez el otro día— dije, no sabía que más decir.
— Sí... pero cómo se llama, dónde lo conociste, etc.

¿Estaba bien que le dijiera lo nuestro a Zachary? No quedamos en si era un secreto o no. Pero estaba seguro de que él no lo contaría... pero no quería decir nada si aún no le había preguntado su opinión.

— No sé si él quiera que te lo diga— dije—. Debería preguntarle antes.
— Sabes, pequeño Jimi— lo observé—, si yo saliera contigo me gustaría mucho decir que eres mi novio. Así que si él te ama de verdad no tendrá ningún problema en que lo sepa la gente. Aunque tampoco es como si se lo estuvieras diciendo a un desconocido. Vamos, dile a tu buen amigo Zac— sonrió como siempre.
— De acuerdo. Lo conocí en la biblioteca. De hecho ya lo había visto muchas veces antes pero no le hablaba. Hasta ese día.
— ¿En una biblioteca? ¿En dónde?
— En... en la escuela— solté al fin.
— ¡En la escuela! ¿En nuestra misma escuela? ¿Quién es? De verdad que no me lo imagino.
— Evan— esperé su reacción.
— ¡Evan! ¿Ese “Evan”? ¿El que tiene cara de muñeca?
— Sí. Ese— dije con mi cara roja.
— ¡Oh por dios! ¿Quién lo hubiera dicho? ¡Pero parece demasiado heterosexual! ¿Has visto a sus amigos? Uno tiene más perforaciones que una coladera.
— Ese es Jason. Evan dice que es simpático...
— ¿Y cómo fue? ¿Tú le pediste salir o él a ti?
— No lo sé... creo que ambos...
— Yo digo que sólo quiere rellenarte la cajuela— sonrió como sólo él sabía—, así que me gustaría conocerlo.
— ¿Qué?

¿Conocer a Evan? Ni de broma, pensé.

Rumores De PasilloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora