112. El extraño diario de Zac

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Por la tarde Will llegó. Lo miré bajar de su auto. Entró y se quedó observando el lugar un rato.

— Creo que me equivoqué de casa— dijo—. De nuevo.
— No— dije, acercándome—. Es tu casa. Espera, ¿Cómo que de “nuevo”?
— ¡Se ve tan diferente!— dijo emocionado.
— Hasta parece más grande— dije.
— ¡Hay partes de la casa que no sabía que existían! 
— No fue fácil— admití—. Sobre todo por la colonia de hormigas que vivían en la cocina. Si las hubiera dejado vivir más tiempo ahí habrían desarrollado inteligencia.
— ¿Habían hormigas en la cocina?
— Por increíble que parezca ellas no fueron el único ser vivo que encontré.
— Eso significa que te encontraste con Jerry— dijo él.
— ¿Jerry?— pregunté.
— Es un ratón.
— ¿Ratón?
— Uno muy grande.
— ¿Eso era? Pensé que era un mapache. No sabía que los ratones podían crecer de esa forma. ¿Comió desechos radioactivos?
— ¿Las sobras de mi comida cuentan como desechos?
— Depende. Si te alimentas de uranio sí.
— ¿La pizza es uranio?— preguntó.
— No, pero es casi lo mismo. Hablando de comida, ¿Tienes hambre?

Fui a la cocina. Él me siguió. Seguía observando la casa y maravillándose por cómo había quedado.

— Admira mi plato especial— dije mientras le señalaba el sartén.
— ¡Cocinaste!— dijo admirado.
— Es la receta especial de Jimi que le heredó su abuela. Se suponía que era un secreto pero él se la mostró a Evan y todos sabemos que Evan no sabe guardar secretos.
— ¿Evan te la dijo?
— La balbuceó mientras dormía en la biblioteca. Me la habría dicho de todos modos.
— Eso no es bueno para la abuela de Jimi.
— Pero sí para nosotros— dije—. Es casi como si Jimi hubiera cocinado para nosotros. Aunque no prometo que sea tan bueno como algo que él hubiera cocinado. Seguí al pie de letra la receta. Debería estar bien.
— Hablando de Jimi— dijo Will—. Hoy estuvo conmigo. No sólo él. Evan, Laura y Jason lo acompañaron.
— ¿De verdad? ¿Qué querían?

Él me miró. Yo fingí que estaba ocupado en servir la cena.

— Ayer le dije a Jimi que estabas aquí. Él le dijo eso a tu padre.
— Ya veo— dije, en verdad no sabía qué decir, estaba todo muy confuso.
— ¿Estás molesto conmigo?

Lo miré. Mi mente estaba pensando en un millón de cosas.

— No, para nada— dije.
— Ellos estaban muy preocupados por ti. Tu padre también. Necesitaban saber.
— Entiendo eso— dije.
— Hoy fueron a que les contara más sobre ti pero... no supe qué decir. Porque realmente no sé qué está pasando.

Lo miré. Will tenía razón. Él merecía saber. Pero yo no quería pensar.

— No quiero hablar de eso ahora...— dije.
— No es necesario que lo hagas. Conmigo no. Pero si me permites sugerirte algo, deberías arreglar las cosas con tu padre.
— Sé que tengo que hacerlo. Probablemente voy a hacerlo así que no te preocupes— dije—. No te causaré más problemas. Tampoco quiero causarle más preocupaciones a los demás.
— Zac— dijo él—, sé que vas a hablar con todos en algún momento. Lo que trato de decirte es que lo hagas cuando te sientas listo. Hasta entonces puedes quedarte aquí.
— No quiero aprovecharme de tu bondad— dije.
— En realidad es bueno para mí— dijo—. Hacía mucho que la casa no estaba tan limpia. Así que puedes quedarte todo el tiempo que quieras.
— Te agradezco la oferta— dije—. Pero admito que no quiero tener que lidiar con Jerry de nuevo. Mañana hablaré con mi padre.
— ¿De verdad? ¿Tan pronto?
— Sí. Tengo que dejar de evadir el problema. No sé qué diré pero ya lo descubriré.
— Estarás bien. Tu padre te adora.
— Eso espero— dije.

En realidad tenía mucho mucho miedo. Pensaba que temerle a todo ya era parte de mi vida, pero no sabía que habían cosas que me asustaban aún más que las de todos los días.

Después de cenar y aún confuso, pensé en muchas cosas. Comprendía perfectamente mi situación. Sabía lo que iba a pasar. No quería que pasara pero esa no era decisión mía. Era de papá. Yo lo amaría pasara lo que pasara.
Aunque él no me amara a mí.

— Te ves pensativo— dijo—. Más de lo normal.
— Pienso en muchas cosas— dije.
— ¿Como cuáles?
— Pienso en viajar, en pirañas, en unicornios, en lo mucho que Jerry me asusta, en lo curiosos que son los castillos medievales y desde luego, en ti.
— ¿En mí?
— Sí— dije—. Me preocupa que vayas a desordenarlo todo cuando regrese a mi casa.
— Trataré de no hacerlo— dijo—. Aunque no encuentro muchas de mis cosas. Generalmente sólo tenía que inclinarme para recogerlas del suelo.
— Pensé en eso. Así que hice un diagrama. Todo está ordenado de forma alfabética, por color y tamaño.
— Eso te debió llevar mucho tiempo.
— Sí, pero no más que cuando hice que Jerry saliera de la cocina.
— En verdad me siento avergonzado por eso— dijo.
— ¿Por Jerry?
— No, por el desastre. Soy un desastre.
— Esa es una noticia muy vieja— dije—. Pero creo que está bien. No necesitas ser ordenado. Basta con que yo lo sea.

Me miró. Sonrió por un momento.

— Sí, con eso es suficiente— dijo.

Después de eso, el tiempo se fue muy rápido. Vimos televisión un rato. Yo no le puse mucha atención porque en verdad no dejaba de pensar. Todo estaba girando sin parar en mi cabeza.

— Zac— dijo Will, que estaba sentado junto a mí en sofá—, ¿Estás bien?

No, pensé. Para nada bien.

— Mi padre no es mi verdadero padre— dije—, ¿Cómo se supone que debo estar por eso?

Me di cuenta de que lo había soltado de golpe. Miré a Will que estaba tan sorprendido como yo.

— Eh... — dijo él, se veía nervioso y no sabía qué hacer—, yo no sé qué decir— dijo—. ¿Necesitas un abrazo?
— Estoy bien— dije, sorprendido por mi comentario—. Por increíble que parezca estoy bien.
— ¿De verdad?
— Sí— dije—. Creo que hablarlo sí ayuda mucho después de todo.
— Entonces sigue hablando— dijo Will—. No sabré qué decir pero sí sé escuchar. Así que si quieres decir alguna cosa, la que sea, la escucharé.

Lo miré. Will siempre me había parecido la persona más extraña del mundo. Pero en ese entonces pensé que más que extraño, era perfecto. No había cosa que no me agradara o que sintiera que le faltara. Will estaba bien así como era.

— De acuerdo— le dije—. Ya sabes que hablar de mí mismo es lo que mejor sé hacer.

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