61. El extraño diario de Zac (con policías)

115 25 5
                                        

Eran las 8:00 pm y Evan y yo estábamos en el auto. Yo estaba conduciendo. Traté de ir lento para que Evan no se preocupara. También fingía hablarle de cualquier cosa. Al principio no hablaba. Sólo estaba callado, mirando algún punto muerto. Pero luego, poco a poco, empezó a responderme. Así hasta que parecía más animado. Yo no podía dejar de pensar en que su madre tenía razón: Evan era como el sol. Habían días nublados pero el sol siempre salía. No importaba qué tan terrible fuera una situación, él iba a poder salir.

Entonces, cuando estaba pensando en que las cosas mejorarían, el destino debió darse cuenta de que me estaba saliendo todo bien y empezó a llover. Al inicio no me preocupó porque parecía una ligera lluvia. Después se soltó toda una tormenta. Y en medio de la nada, el auto se quedó atrapado en el lodo. Evan y yo nos bajamos en medio de la lluvia para ver qué se podía hacer. Pero aquella parte parecía un pantano.

— A George no va a gustarle eso— dijo Evan.
— Definitivamente no— dije.

Entramos. Tomé mi teléfono. La tormenta impedía que tuviera recepción. Sí, no se podía confiar en la tecnología.

— Pasará rápido, ¿No?— preguntó Evan.

Sonó un trueno terrible.

— ¿Tenías que preguntar?— dije.
— ¿Ahora qué haremos?— dijo.

Lo pensé. Estábamos en medio de la nada, sin poder pedir ayuda a nadie, sin teléfono, con el auto atrapado en el fango y mis padres no sabían mi ubicación porque creí innecesario decirles.

— ¿Entonces?— preguntó.
— Según mis cálculos— dije—, si todo sigue como ahora estamos perdidos.
— ¡No digas eso!— dijo asustado.
— Creo que es un castigo por gritarle a las tumbas— dije—, como sea, no hay que entrar en pánico.
— Demasiado tarde, ya entré en pánico— dijo.
— La lluvia parará pronto— dije.
— No es por eso— dijo—, es por esa extraña figura que se está acercando.

Miré. Era una silueta humanoide.

— No se está acercando— dije—, es la perspectiva.
— ¡Es un asesino!— dijo.
— Es un árbol— dije—. Sólo se mueve por el viento y por la lluvia.

Busqué entre las cosas de George. Encontré de todo. Entre ellas su billetera.

— Hay targetas y un poco de dinero— dije.
— ¡Genial, dinero!— dijo Evan—, se lo daremos al asesino y nos dejará en paz.
— Es un árbol— dije.

Encontré la identificación de George. Se veía terrible. Pensé que si cualquiera viera la foto de ese sujeto y luego una de la profesora pensaría que es imposible que sea su esposa.
El mundo era extraño.

— El asesino ya está a unos metros— dijo Evan.
— Ya te dije que es un árbol— dije.

Seguí buscando cosas.

— Zac, el asesino ya casi llega.
— Evan, no hay asesinos por aquí— dije sin quitar las vista de lo que hacía.
— Zac— dijo Evan mientras sujetaba mi brazo—, ya está aquí.
— Ya te dije que es un árbol— dije.

Entonces golpearon el vidrio. Me tomó tan de sorpresa que grité y Evan conmigo. La puerta se abrió. Una luz me segó. Evan seguía gritando. Yo reaccioné rápido y vi que era una persona. Tenía una linterna. Pensé que era alguien malo y de no ser porque habló, lo hubiera golpeado.

— ¿Están bien, muchachos?— dijo el hombre.

Evan seguía gritando. Mis ojos se acostumbraron a la luz de la linterna. Era un policía. Eso me alivió enormemente.

Problemas de PasilloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora