141. El extraño diario de Zac

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Hacía frío y yo fui a visitar a Lucille. George no estaba por suerte. Antes de eso había acompañado a Evan a casa de Jimi, me dolía mucho la cabeza ese día así que había imaginado que el dolor se iría si despejaba mi mente un poco.
Si mi casa se veía muy navideña gracias a Jill, la de Jimi era la villa perdida de Santa Claus. Evan la amaba.
Me encontré con el papá de Jimi. Él y yo nos entendíamos mucho, ambos amábamos a Jimi y queríamos alejar a Evan de él sin éxito. Aunque al igual que yo, él simplemente jamás pudo odiar a Evan.

Me despedí y fui a casa de Lucille.
Ella estaba ajustando su vestido de dama de honor en la sala.

— ¿Podrías hacerme un favor?— dijo.
— Creo que sí— dije.
— Quiero ponerle unos alfileres a esto pero necesito verlo con volúmen.
— Entiendo— dije—. ¿Qué quieres que haga?

Me observó.

— No, no entendiste— dijo.

Nos miramos mutuamente. Ahora sí entendí.

— ¡De ninguna manera voy a ponerme tu vestido!— dije.
— ¡Por favor, lo necesito!— dijo ella—, si George estuviera aquí no te lo pediría. Es una emergencia.
— ¿George se pone tu vestido?— dije.
— Lo he estado modificando las últimas semanas y él es quién me ayuda— dijo ella—. Además, se ve muy bien en azul. Es sexy de alguna forma.
— No quería saber eso último, gracias por dejarme un trauma de por vida.
— Zac, por favor. No pueden verte aquí y yo no le diré a nadie. Sólo le pondré los alfileres para poder arreglarlo luego y ya podrás quitártelo.

No quería pero terminé por hacerlo. Me quité el abrigo y quedé sólo con camisa. Me ayudó a ponerme su vestido color azul pastel encima.

— Eres el único adolescente que conozco que usa traje por gusto— me dijo mientras me ajustaba su vestido.
— Me hacer ver elegante— dije.
— Mi vestido también— dijo ella.
— Quién lo diría— dije—, me veo bien con vestido.
— Te hacen falta senos— dijo ella—. Iré por unas naranjas.

Salió corriendo. Me quedé ahí imaginando a George hacer eso. Sí, esa imagen sería difícil de olvidar.
Ella regresó. Me acomodó las naranjas.

— No, no te pareces a mí— dijo ella.
— Sólo comienza a poner alfileres— dije.
— Lo haré, no me presiones— dijo.

Tomó una cajita. La observé.

— Podríamos hablar para matar el tiempo— dijo ella.
— ¿De qué? ¿De mi propuesta de la última vez?— dije.
— Ya analicé tu propuesta— dijo ella—. De hecho hice algo respecto.
— ¿Qué cosa?— dije.
— Hablé con Will.

Ella siguió en lo suyo, sin detenerse. La observé atónito.

— ¿Qué?— dije con el corazón acelerado.
— El otro día George y yo fuimos a beber con Will y Madie. Así que cuando Madie estaba muy ebria y se puso a cantar junto a mi esposo, aproveché para hablar con Will.
— ¿Y?— dije.
— Le prometí no decir nada.
— ¿Entonces porqué me acabas de decir que hablaste con él?
— Para que sepas que te ayudé.
— No siento esa ayuda para nada— dije—. Lo único que siento es un pequeño dolor en mi tobillo.
— Creo que debe ser el alfiler— dijo ella—. Eso o tienes cáncer de tobillo.
— No deberías bromear con el cáncer— dije.
— Tú siempre bromeas con eso o con cosas como el apocalipsis o la destrucción mundial. ¿Por qué yo no puedo hacerlo?— dijo.
— Porque no eres tan divertida como yo— dije.
— No eres divertido. Eres cruel— dijo ella.

La miré. Seguía en lo suyo.

— ¿En verdad lo crees?— dije.
— ¿Por qué?— dijo ella—. Nunca te ha preocupado ser cruel y ahora sí, ¿Qué pasó?

Lo pensé. No quería decirle. De hecho no quería hablar sobre eso. Pero debía hacerlo.

— Es que... soy cruel— dije—. Fui muy cruel con Will. ¿Él no te lo dijo?

Ella me observó.

— No— dijo ella.
— Porque sí lo fui— dije—. Lo lastimé ese día. Estoy seguro. Debería odiarme.
— No lo hace. Le pregunté. Supongo que eso sí puedo decirte al menos— dijo ella.
— Ya sé que no me odia— dije—. Él es así. Nunca odiaría a nadie. Aún cuando lo lastimaran.
— ¿Tú lo odias?
— No— dije—. No podría. Al principio sí me enojé con él. Me sentía traicionado. Me gustaba lo que teníamos y de repente pareció que él lo destruyó todo. Pero en realidad no hizo nada y quién realmente destruyó lo que teníamos fui yo. Me porté terriblemente mal con él. Me gustaría que al menos me odiara.
— No, no te gustaría eso— dijo ella—. De otra forma no podrías recuperarlo y eso quieres, ¿No?

La observé. Sabía que quería que volviera a mi vida pero... había olvidado que no era algo tan fácil. Simplemente no podía aparecer y que todo fuera como antes.

— Sé que te asusta— me dijo ella como si leyera mi mente—. Créeme, a Will también le asusta que las cosas puedan empeorar.
— Pero él no hizo nada malo— dije—. Lo veo ahora. Sólo le gustaba yo, por alguna razón. Entonces lo dijo. No es ningún crimen aunque yo lo juzgué como si fuera un criminal. Por eso no puedo aparecerme así nada más. Además, Laura dijo que Will ya no quiere ser mi amigo.

Ella, que estaba inclinada poniéndole alfileres a su vestido en el borde, se levantó y me observó. Parecía muy seria.

— Quiero que seas honesto conmigo— me dijo—. Hay algo que tengo en mente pero necesito más información.
— Haré lo que pueda.
— Bien. Necesito que me digas algo desde el fondo del corazón.

La observé nervioso.

— ¿Crees que el Will que tú conociste ya no quiere ser amigo tuyo? ¿Crees que simplemente te dejaría de lado? ¿Crees que ya no le importas en lo absoluto?— dijo.

Me quedé mudo de la impresión por un momento. Demasiadas preguntas. Traté de organizar mi mente.

— El Will que conocí nunca dejaría a nadie sólo porque las cosas no salieron como él quería. Es decir, siguió siendo amigo de Jimi aún después de que él prefirió a Evan. Naturalmente lo haría, Will no es malo. De hecho es la persona más noble que conozco. Siempre ayuda a otros. También es un poco ingenuo y quizá la gente se puede aprovechar de él— no pude evitar sonreír al decir eso último—. Yo lo hacía todo el tiempo, pero no me malinterpretes, no era por malicia. Me gustaba molestar a Will porque cuando se daba cuenta de que estaba bromeando no se enfadaba, si no que sonreía. Luego decía algún comentario gracioso sobre eso y esperaba que yo lo encontrara divertido... cosa que sí pasaba. En veces me reía no porque fuera gracioso, si no porque no podía evitar hacerlo al ver la cara de Will. Él tiene una de esas sonrisas que hacen que todo a su alrededor se ilumine y de repente aquellas cosas que te preocupan se van y sólo queda lo bueno. No hay más dolor ni cosas del pasado. Sólo eres tú y de alguna manera es suficiente.

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