— ¿Podría apurarse?— le dije al hombre que conducía el taxi—, ¡Estoy tratando de recuperar al amor de mi vida!
— ¡Niño no me presiones!— me dijo el hombre.
— ¡Vamos muy lento! ¡Acaba de superarnos una anciana con su perro!
— ¡No se puede hacer nada con este tráfico!— dijo molesto.
— ¿Aún estamos muy lejos?— le pregunté.
— No, el hospital debe estar unas calles más adelante— dijo—. Girando a la derecha.
— ¡Iré corriendo!— dije—, ¡Tome, quédese con el cambio!
Salí del auto.
— ¡Buena suerte!— me dijo él.
Corrí por la acera sin parar. Esquivé personas, perdí el aliento y mis pensamientos trataron de confundirme pero no lo lograron.
Debía ver a Will. Era lo único que me importaba. Todas esas cosas que me asustaban y preocupaban antes ya no eran relevantes en mi mente. Junto a Will se habían vuelto pequeñas. Junto a la gran revelación de mis sentimientos ya no importaban. Por primera vez le estaba dando prioridad a lo que debía.
Me gustaba Will. No había otra razón. Siempre me gustó pero no lo entendía bien. Pensaba que no. Pero quería que me besara. Estaba absolutamente seguro de que esa vez quería que me besara. Si él lo hubiera hecho, ¿Yo como habría reaccionado? Sólo pensaba en eso y realmente ya no importaba. Ya era el pasado. Y había vivido así siempre, guiándome por cosas que pasaron, tanto que me perdí en algún momento y rechacé las cosas buenas que me pasaban.
Will debía saber eso. No sólo eso. Él debía saberlo todo.
Me daban ganas de llorar nada más al recordarlo. Habían sido demasiados días y demasiadas cosas... tanto que sentía que se acumulaba en mi pecho y no me dejaba respirar.
Llegué al hospital. Podía escuchar los latidos de mi corazón. Tenía miedo. Pero no estaba paralizado llorando. Estaba ahí, imaginándome que Will estaba en alguna habitación de ese enorme edificio, sin saber que yo iba hacia él.
Sin saber que todo lo que creía sobre mí había cambiado.
Yo había cambiado. Él debía saberlo.
Me acerqué a la recepción. Las personas que estaban ahí me observaban como si fuera un bicho raro. Me veía demasiado elegante y al mismo tiempo era un desastre.
— Disculpe, estoy buscando al doctor William Harper— le dije a la enfermera en recepción.
— ¿Doctor Harper?— preguntó ella.
— Sí, es alto, muy guapo, sexy— dije.
— Ah, el Doctor Harper— dijo ella—, debe estar en el área de pediatría.
— ¡Con los bebés!— dije.
— En realidad escogió ayudarle hoy a un pediatra— dijo ella.
— ¡Porque le gusta ver a los bebés!— dije—, ¿Podría decirme por dónde es?
— ¿Qué es de usted el doctor Harper? Porque no puedo dejarlo pasar si no es su familar o si no está autorizado...
— ¡No tengo tiempo para esto!— dije y me seguí de largo hasta el ascensor.
No sabía muy bien cómo moverme por el lugar pero aquella vez en donde Evan se enfermó pude recorrer un poco el edificio. Recordaba vagamente el área de pediatría.
Recorrí muchos pasillos hasta que cuando giré en una esquina un pensamiento nubló mi mente: si yo había cambiado, quizá Will había cambiado tambien.
Es decir, me sentía hasta ligeramente emocionado por encontrarme con Will pero estaba recordando al Will que conocía antes. El que me amaba. Pero en ese instante ambos éramos personas distintas. El tiempo había pasado.
Recordé lo que Laura me dijo. Que él haya cambiado no haría que mis sentimientos fueran diferentes. Además, él merecía saber lo que pasó. Merecía saber que era amado. Aunque fuera por alguien como yo. Y yo necesitaba su perdón desesperadamente. Porque me sentía muy ajeno a la persona que fui por todos esos meses. Como si fuéramos diferentes. Porque negué todo sin pensarlo sólo porque tenía miedo.
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Problemas de Pasillo
RomanceZac se siente traicionado. Jimi descubre que en realidad no sabe nada sobre Evan. Evan intenta impedir que su pasado no afecte su relación con Jimi. Laura se da cuenta de que no puede ignorar esos nuevos sentimientos. Will decide seguir adelante...
