194. El extraño diario de Zac

155 29 5
                                        

No sabía si era el aire de romanticismo en el ambiente, las luces tenues perfectamente ubicadas gracias a Laura o quizá simplemente llevaba demasiados días sintiendo que moría pero deseaba con todo mi ser abrazar a Will y no separarme nunca de él.

Era hasta desesperado, buscaba cualquier oportunidad de poder tener contacto con él. Si no tocaba su mano sentía que algo me hacía falta, como si hubiera nacido a su lado y su ausencia me lastimara... cosa rara porque justo había descubierto mis sentimientos esa tarde.

Pero como ya sabía lo que sentía y me sentía infinitamente feliz, no quería nada más que poder contemplar lo único de lo que estaba absolutamente seguro.
Y no era para menos. Había demasiada gente en ese lugar y lo único que quería ver era mi reflejo en los ojos de Will, que brillaban como nunca antes.

Quiero poder verme en estos ojos por siempre, pensé.
Es lo único que pido, no necesito nada más.

Sentí ganas de llorar.

Había ido por él y le había dicho que lo amaba, pero aún tenía cosas que decirle. Cosas que necesitaba escuchar porque era justo. Porque después de tantos días de dolor, mi alma tenía tantas palabras acumuladas que me sorprendía no haber explotado.
En realidad lo hice con Laura, varias veces.
Entendía por qué antes parecía tan molesta.

Miré a Will. Él se veía abrumado aún, imaginé que la situación y los acontecimientos eran demasiado.
Lo tomé de la mano.

— Ven conmigo— le dije.

Jill y papá ya no me necesitarían.

La habitación más cercana era la cocina. Nadie debía estar ahí.
Guié a Will por la oscuridad hasta llegar. Cerré la puerta. Cuando me aseguré de que estábamos solos, lo abracé. Sentí sus brazos en mi espalda. Un sentimiento de calidez se extendió por todo mi cuerpo.

— Necesito que escuches muchas cosas— dije agitado—. Pero ahora mismo mi mente está en blanco. No importa en realidad, todas se dirigen a lo mismo... ¿Podrías perdonarme?

Él me soltó y me observó. Lo miré. No sabía porqué me sentía triste. En realidad existían muchas razones pero no tenía claro una en concreto. Quizá era todo.

— Había olvidado que te gusta complicarte la vida— dijo con una sonrisa.
— La vida es complicada— dije.
— No, tú eres complicado— dijo, se acercó y me abrazó.
— ¿Eso está mal?
— No. En ti es perfecto.

El calor de Will y su fragancia me atraparon por completo.
En verdad sentí ganas de llorar. Quería hacerlo.
Porque mi mente repasaba toda nuestra historia y aún no lograba creer que de todas las personas del mundo, él me había elegido a mí.
Mis padres me amaban pero... sentirme amado por Will era muy diferente. Como si no debiera temer nunca más. Como si nada importara y de repente me encontrara en el camino correcto, sin tener que vagar perdido por un lugar en donde nunca sentí pertenecer.
Todo era perfecto, cada una de mis elecciones, por dolorosas que fueran, me habían llevado al camino correcto.
Más que mis decisiones, habían sido las personas.
Estaba rodeado de gente maravillosa y aunque ya lo sabía, me sentía más agradecido que nunca.

Necesitaba agradecerles por no darse por vencidas conmigo.
Pero sería en otro momento porque en ese instante todo lo que quería era abrazar a Will hasta convencerme por completo de que todo eso no era un sueño.

— Quiero estar así por siempre— le susurré.
— Yo también— dijo.
— ¿De verdad?— le pregunté—, porque yo hablo en serio. Es más, si pudiera secuestrarte ahora mismo lo haría. Así podrías quedarte conmigo.
— Secuestrar es ilegal— dijo.
— Ya lo he hecho antes.
— Lo sé. Y sigue siendo ilegal. Además, no hace falta que me secuestres. Yo te seguiría sin importar el lugar a donde fueras. Ya lo hago desde hace mucho aunque no lo sabías. Quizá ni yo mismo lo sabía... simplemente un día descubrí que quería estar contigo y eso es lo que traté de hacer. Aún cuando no me querías cerca. En realidad ahora que lo pienso, creo que debí secuestrarte.
— Nos hubiera ahorrado tiempo— dije—. Aunque ahora mismo estarías en prisión.
— ¿Me hubieras demandado?
— Yo no, mi padre sí— dije—. La tía Janeth es abogada.
— ¿Me imaginas en prisión?
— Sí, quizá formarías parte de una pandilla— dije.
— No soy tan atrevido, no lo haría— dijo.
— Podrías hacer un trato con la policía y trabajar como doble agente— dije—. Entonces reducirían tu condena.
— O mejor podría cambiar cigarrillos a cambio de favores— dijo—. Es menos peligroso.
— Podrías empezar un incendio— dije—. Y luego aprovechar la confusión para escapar. Huirías lejos del país.
— Sería interesante vivir como prófugo de la justicia— dijo.
— ¿A dónde irías?

Se quedó en silencio unos segundos.

— La lógica me diría que fuera a algún país sin leyes de extradición— dijo—. Pero no lo haría. Sé que lo primero que pensaría sería en verte. Así que te buscaría.
— Pero te atraparían.
— Siento que valdría la pena.

Sonreí.

— Yo hubiera hecho lo mismo— dije—. En una ocasión lo hice, aún sin saber qué hacía.
— ¿Qué?— dijo.

Nos separamos. Lo miré. La luz ahí era tenue pero aún así podía verlo perfectamente.

— Una vez estaba muy confundido porque tuve problemas con mis padres y todo era tan estresante— dije—, así que salí huyendo. Caminé perdido por un tiempo mientras pensaba cosas y cuando me di cuenta, estaba frente a tu casa. Tú no te encontrabas ahí, ya no vivías en ese lugar pero eso no impidió que inconscientemente fuera a ti. Pensé mucho sobre el porqué hice eso y otras muchas cosas pero no podía llegar a una explicación. Como si fuera un rompecabezas y le faltara una pieza. Hasta que la encontré.
— ¿Y qué era?

Miré mis manos.

— Recordé la noche que pasamos en el campamento— dije—. Y descifré el mensaje.

Se llevó las manos a la cara.

— ¿Qué pasa?— le pregunté feliz.
— Fui más torpe que nunca esa noche— dijo.
— ¿De verdad? Pues fue difícil que alguien lo notara, eres torpe la gran mayoría del tiempo.
— Pero más ese día. Estaba muy nervioso.

Bajó las manos de su cara.

— Aún lo estoy— admitió.

Parecía preocupado.

— Yo no— dije—. Me siento bien. Quizá porque una parte de mí aún cree que estoy soñando y todo esto no es real. Pero aunque así fuera, no puedo perder mi tiempo estando nervioso. Ya he perdido bastante y... ha sido un infierno.
Me sentía solo. Me rodeaba todo el mundo y me sentía solo. Ahora lo entiendo. El mundo eres tú. Al menos para mí sí eres el mundo.

Levanté mi cabeza y lo mire. Él estaba absorto, mirándome.

— ¿Fue tan extraño lo que dije?— pregunté un poco avergonzado.

Me abrazó.

— No... fue perfecto— dijo.
— Por cosas así es que te consideran torpe— dije—. No soy perfecto, nada que tenga que ver conmigo es perfecto así que no lo digas.
— Para mí lo eres.
— Will, te dije cosas horribles. Por supuesto que tengo una explicación para eso y me alegra que no me odies pero... sé que las cosas no están del todo bien. Aunque así se sienten.
— Quizá ya están bien— dijo él—. Yo así lo siento. Creo que encontré la pieza central del rompecabezas y sé que todas las otras partes llegarán a su sitio lentamente. Todo estará bien. Créeme.

Problemas de PasilloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora