151. El diario de Jimi (y una promesa)

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— Espera un momento— dijo Connor cuando salió de su auto—, ¿Se conocen?
— Esa pregunta iba a hacerla yo— dijo Evan evidentemente molesto.

Ambos me observaron. Sentía un nudo en la garganta. ¿Qué debía decir que no empeorara la situación? Estaba en medio de una encrucijada. Entonces cuando al fin decidí decir algo, Margot apareció.

— ¡Evan, vuelve conmigo!— le gritó ella.

Esa fue la gota que derramó el vaso.

— Me voy a casa— dije molesto—. Connor va a llevarme.
— ¿Qué?— dijo Evan sorprendido.
— Pero está bien— dije—, ella puede seguir haciéndote compañía.
— Jimi, no sé qué está pasando aquí pero no puedes irte— dijo Evan.
— Te diré lo que está pasando— dije muy molesto—. No te he visto en toda la noche porque no te has separado de ella.
— Te he estado buscando— dijo—. Tú eres el que estaba desaparecido.

Lo observé muy enojado. Él también parecía molesto.

— Vuelve a la fiesta— le dije—. Tus padres y todos deben estarse preguntando en dónde estás. Connor me llevará a casa.

Evan miró a Connor. Él debía sentir que estaba en medio de un ambiente tenso porque parecía consternado.

— Jimi, volverás a esa fiesta conmigo— dijo.
— Oblígame— le dije.

Evan no estaba feliz. Yo mucho menos. Margot llegó muy sonriente.

— Evan, mi madre quiere tomarnos una foto juntos— dijo ella.
— Sin duda será una bonita foto— dije—. Vamos, no pierdan el tiempo.
— Jimi, te estás portando como un niño— dijo Evan.
— Y tú como un verdadero idiota pero no hay tiempo para hablar de eso— dije—. Te esperan allá adentro.
— Creo que ustedes tienen mucho qué resolver— dijo Connor.
— Tú no te metas en esto— le dijo Evan enojado.
— No le hables así a Connor— le dije—. Ha sido muy amable conmigo esta noche.
— No dudo que sea amable— dijo Evan con sarcasmo.
— Ha estado conmigo desde que me abandonaste— dije.
— ¿Quién es este niño?— dijo Margot.
— Créeme, no quieres saber quién soy— le dije enojado.
— Jimi, ella no tienen nada qué ver aquí, no tienes por qué ser malo— me dijo Evan.

Si ya estaba enojado, eso me enfureció más.
Me giré. Abrí la puerta del auto de Connor y entré en el asiento del copiloto.

— ¡Jimi, vuelve aquí inmediatamente!— dijo Evan.

No dije nada. Connor entró al auto.

— Vámonos— le dije enojado.
— ¿Seguro? ¿No prefieres hablar con tu amigo?
— No es mi amigo— dije.

Miré por la ventanilla. Él estaba ahí, mirándome. Margot se acercó a él. Evan le empezó a decir unas cosas. Me enojé por completo. Eso era el colmo. Salí del auto.

— ¡Ni siquiera cuando estás peleando conmigo me pones toda tu atención!— le dije.
— ¡No estamos peleando!— dijo él enojado—, ¡Nadie pelea en navidad!
— ¡Tú estás gritándome!— le grité.
— ¡Tú también!— me gritó.
— ¿Qué está pasando aquí?— preguntó Margot.

Ella no debió preguntar eso.

— Te diré lo que está pasando— le dije enojado—. Se suponía que esta sería una noche mágica y lo fue porque te encargaste de desaparecer a Evan cada vez que quería alejarse de ti. Pero sabes una cosa, está bien. No me interesa si todos aquí piensan que se ve bien contigo o si sus madres están contentas por eso. La única razón por la que me quedé aquí aún cuando todos fueron groseros y me hicieron perder la fé por la humanidad es porque creí que no podría empeorar más. Pero no fue así.

Me detuve. Estaba nuevamente diciendo muchas cosas sin sentido.

— ¿Qué?— dijo ella.
— No quiero estar aquí— dije al fin. Miré a Evan.

Él parecía sorprendido.

— Margot, creo que tú y yo deberíamos ir adentro— le dijo Connor.

Se acercó a ella y la tomó del brazo. Los observé irse.

— ¿Qué está pasando?— dijo Evan preocupado.

No me gustaba verlo así. Parecía angustiado. Aún cuando en la fiesta parecía muy contento.

— Yo... creo que tú encajas muy bien aquí— le dije—. Es casi como si el destino te hubiera traído hasta este momento.
— No entiendo— dijo—, ¿Cuál es el problema?
— Yo no pertenezco aquí— dije.
— Yo tampoco— dijo.
— Te equivocas, eres perfecto.
— Jimi, tú...
— Deberías volver— le dije aunque me dolió admitirlo.

Evan parecía muy muy enojado.

— ¿Qué demonios estás diciendo?— dijo—, ¿Sabes lo ridículo que suenas?

Me dieron ganas de llorar.

— ¡No soy ridículo!— dije—, ¡Soy realista!
— ¡Sí lo eres!— dijo él—, ¿Sabes porqué?

Lo observé con mis ojos llorosos.

— ¡Yo te pertenezco a ti!— dijo él—, ¿Cómo es posible que no sepas eso? No se trata de dónde estoy o con quién, siempre habrá una parte de mí contigo y si eso no es suficiente para ti entonces no sé qué más quieres de mí. No sé qué más darte que pueda hacer que dejes de dudar. Porque yo no dudo. Bueno, ahora un poco porque es imposible que no me sienta mal si tú estás a punto de irte con un hombre que no soy yo.
— Tú estuviste toda la noche con alguien que no era yo— dije.
— Porque quise ser amable y porque estaba buscándote— dijo—. No porque quisiera lastimarte.
— Yo no quería lastimarte— dije.
— Pues dolió— dijo afligido—. Verte subir a ese auto dolió. Porque aunque sé que soy alguien bueno siempre tengo la impresión de que un día vas dejarme por un sujeto como él, alguien listo con gafas y auto. Y casi lo haces.
— Porque creía que tú me habías cambiado por ella— dije—, ¿Cómo podría competir con Margot? Es bonita, tiene el cabello largo, muchos premios y senos grandes. ¿En qué soy mejor que ella? Ni siquiera soy mujer para empezar. Además, estoy seguro de que tu madre preferiría que salieras con ella. Todos aquí lo desearían así.
— No todos— dijo él—. Yo no.
— ¿Por qué?— dije—, ¿En verdad puedes ser tan tonto? Es que ahora que estoy aquí veo que nada de esto tiene sentido. No sé a dónde vamos si es que estamos yendo a alguna parte y... honestamente no me imagino qué pasará después con nosotros.
— ¿Crees que yo sí?— dijo él—. Jimi, no tengo idea siquiera de lo que voy a hacer mañana. Pero sí sé una cosa. Sé que quiero que estés ahí conmigo. Es todo lo que me importa. Deberías saberlo. Es increíble que no lo sepas. Aún después de todo lo que ha pasado.

Parecía decepcionado.

— Nunca lo he creído— dije—. Quizá es eso. Quizá simplemente te vi ahí adentro y me sentí pequeño, casi invisible. Pero tú no lo eres para nada. Nunca lo serás. Creo que al fin entendí eso. No importa a dónde vayamos o dónde estemos, siempre serás demasiado para mí. Siempre alguien lo pensará, lo sé.

Él se acercó a mí.

— Yo no— dijo él—. Yo nunca pensaré que soy mejor que tú. De alguna manera siento que siempre estoy siguiéndote y alguien que es mejor no hace cosas así. Estoy seguro de que mi vida va a ser de esa forma siempre. Claro, si tú estás conmigo.

Lo observé.

— Quiero estar contigo— le dije—. Para siempre.

Sonrió.

— Yo también— dijo—. Ahora y siempre. Es una promesa. No importa en dónde o con quién esté, siempre voy a querer estar contigo. Eres la única persona para mí, lo sé. Ojalá pudieras sentir lo mismo.
— Puedo sentirlo— dije—, quizá hoy me perdí por un momento pero... lo siento. En verdad.
— Jimi, hay que irnos— dijo él—. Creo que el aura de este lugar está empezando a afectarnos.

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