136. El diario de Laura

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Evan vomitó. Jimi, posiblemente preparándose para cuando se casaran en el futuro, estuvo con él mientras le acariciaba el cabello. Nuevamente sentí una punzada de celos. ¿Por qué eran tan perfectos?

— Necesitas agua— le dijo Jimi a Evan.
— Odio esto— dijo Evan—. Ya sé cómo se sienten las mujeres embarazadas.
— Quizá estás embarazado— le dije.
— Quizá Jimi está embarazado— dijo Will—. Se ve muy esponjoso.
— Es por este abrigo— dijo Jimi—. Mamá no quiere que me enferme.
— Te diría que te lo quites pero la calefacción no sirve— dijo Will—. Ya reporté eso pero no han venido a arreglarla.
— Tal vez debería darle un vistazo— dijo Jason.
— ¿Sabes de calefacciones?— le preguntó Will.
— No pero él arregló un viejo tocadiscos que tiene en su habitación— dije—. Si pudo con esa cosa seguramente la calefacción no será un problema.
— ¿Cómo sabes eso?— preguntó Evan.

Lo miré. Observé a todos.

— Jason me lo dijo, ¿A ustedes no?— dije.
— Jason, creo que deberíamos pasar más tiempo contigo— dijo Jimi.
— Empezando ahora— dijo Evan—. Jimi y yo te ayudaremos a reparar esa calefacción.

Will les dijo en dónde estaba y ellos se fueron. Nos quedamos solos.

— Sí que hace frío aquí— le dije—. Necesitas una chimenea. Una grande, tamaño Santa Claus.
— Tengo una aplicación de chimenea en mi teléfono— dijo él—. La pongo por las noches.
— Si sabes que eso no sirve para nada, ¿Cierto?
— Lo sé pero trato de engañar a mi mente para no tener tanto frío— dijo él.
— Eso es lo más triste que he escuchado en mucho tiempo— dije—. Y eso que ayer Zac se encontró a un sujeto vestido de Santa Claus en el centro comercial y en lugar de pedirle un abrazo, el mismo Santa se ofreció a abrazarlo porque le pareció un “hombrecillo triste”— dije entre risas.

Entonces me di cuenta de que había hablado de Zac. Miré a Will estupefacta.

— Lo mío es más triste, ¿No?— dijo él divertido.

Pensaba que estaría triste por eso pero... se veía bien.

— Bastante— dije aún sin saber qué pasaba.

Él me observó.

— Tranquila, estoy bien— dijo él.
—Lo sé— dije.
— No, en verdad estoy bien— dijo—. No es como si antes no lo estuviera pero... ahora en verdad lo estoy. Es decir, me siento bien. He estado pensando mucho estos días y... llegué a varias conclusiones.
— ¿Qué conclusiones?— dije.

Él me observó. Se estaba frotando las manos pero no supe si era por el frío o por otra cosa.

— No hice nada malo— dijo—. No debería sentirme mal por eso. Sí, perdí a Zac. Pero sabía que era una posibilidad. Aún así le dije cómo me sentía. Pero no voy a lamentarme por lo que pasó después. Simplemente le dije que lo quería, él me rechazó y decidió sacarme de su vida. Estaba en su derecho. Sé que va a sonar mal y pareceré la persona más egoísta del mundo pero si Zac tiene alguna clase de problema conmigo por lo que dije no debería importarme, es él, no yo. Hasta ahora me he sentido culpable porque sé que no la está pasando bien pero... no es asunto mío. Yo quería arreglar las cosas pero él se negó. Quería volver a ser su amigo. Sinceramente no sé si quiero eso ahora. Él me preocupa y posiblemente va a ser así toda mi vida porque aún cuando pasen muchos años sé que el cariño que siento por él seguirá ahí. Pero sus problemas no son asunto mío. Se supone que me eliminó de su vida pero yo me negaba a aceptarlo. Odiaba la idea de pensar que alguien a quien quise tanto simplemente me dejó de lado. Pero ahora todo es diferente. Es más, hasta creo que quizá es lo mejor. Al principio pensaba que Zac fue muy cruel al deshacerse de mí pero... tenía razón. Conozco mis propios sentimientos. Seguirían ahí si Zac aún fuera mi amigo. Quizá hasta lo amaría más. Sé que es posible. Sería peor de esa manera, ¿No? Estar al lado de alguien que no te ama y no poder dejar de amarlo.

Tomé sus manos. Estaban frías.

— Suenas como un adulto— dije.
— ¿Un adulto patético? Porque hay veces en las que así me siento.
— No eres patético— dije.
— Me rompió el corazón un chico de 18 años— dijo.
— En ese entonces Zac tenía 17— dije.
— Laura, no estás ayudando.
— Lo sé es sólo que... lo que trato de decir es que para mí no eres un adulto patético, eres un buen adulto. Mírate, eres la definición de alguien exitoso. Claro, suponiendo que nadie más sabe lo que te pasó con Zac.
— No lo sé, parece que cada vez más gente lo sabe.
— Sí pero son tus amigos y ellos no cuentan— dije—. Son confiables.
— Alex fue gritarle cosas a Zac que seguramente hicieron que él me odiara si es que no lo hacía ya— dijo.

Lo miré. Me senté en una silla cercana.

— ¿Qué pasó con él? Me contaste que hablaron pero nada más— dije.
— No estoy de humor para Alex últimamente— dijo.
— Zac no te odia— dije—. Ni siquiera odia a Alex aún cuando sí debería odiarlo.
— Ojalá me odiara— dijo—. Las cosas hubieran sido más fáciles. Pero no importa, estoy aquí ahora y tengo cosas qué hacer.
— ¡Así se habla!— dije feliz—. Eres un excelente médico que sabe cosas médicas y que las usa... médicamente. Tienes un gran departamento y si todo va bien hoy podrías estar caliente de verdad en lugar de tratar de engañar a tu mente para que lo piense. Ánimo, todo va a estar bien.

Me sonrió.

— También lo creo— dijo—. Es hora de enfocarme en mí.
— Te ayudaré— le dije—. Podríamos hacer que este lugar pareciera menos triste redecorando un poco. Aún no pones tu árbol de navidad.
— Sí es que... me traía malos recuerdos.
— Entonces consíguete otro— dije—. Will, deja de vivir en el pasado. Sé más positivo. Si algo te trae un desagradable recuerdo, deséchalo. Así de simple.
— En realidad hice algo parecido— dijo él mientras buscaba debajo de la cama.

Sacó una caja de zapatos.

— Puse todas las cosas que me recordaban a Zac en esta caja— dijo—. Bueno, al menos las que cabían.

La abrió. Habían muchas cosas.

— ¿Ésta es la envoltura de un caramelo?— dije mientras la tomaba.
— Zac se comió ese caramelo.

Lo observé.

— Lo sé, es patético— dijo—. Ahora en verdad me lo parece. Pero me da tristeza tirar a la basura algo que en algún momento significó mucho para mí.
— No lo hagas— dije—. Guarda tu basura. Es lindo y escalofriante al mismo tiempo pero no tienes que deshacerte de todo. Conserva esta caja al menos.

Evan llegó corriendo.

— Jason necesita una pieza para arreglar la calefacción así que vamos a ir a comprarla— dijo—, ¿Vienen?
— Claro— dijo Will mientras cerraba la caja—, sólo busco mi abrigo.
— ¿Vas a ir en pijama?— le pregunté.
— Es mi día libre— dijo—. Puedo vestirme de vagabundo si quiero.

Tomó su abrigo y la bufanda rosa que le di. Ese pedazo de tela debería estar en la caja, no en su cuello. Pero él no lo sabía. Tampoco se lo diría.

No podía dejar que Will se desprendiera de Zac por completo. No parecía justo.

Problemas de PasilloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora