142. El extraño (y perdido) diario de Zac

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No estaba mirándola a ella, sólo veía algún punto distante de su casa. Mi mente en realidad estaba en Will y en todos esos recuerdos. En todas esas fotografías que estaban en el álbum que Jimi me dio.

— Él tomaba mis manos— dije mientras me frotaba las manos—, y las estrechaba entre las suyas. Entonces yo lo veía fijamente y tenía esa mirada tranquila y apacible de siempre que me recordaba que todo iba a estar bien... aunque no estuviera. Sé que es raro que tomara mi manos pero nunca me lo pareció. He estado pensando mucho el porqué y llegué a la conclusión de que era porque no me enfocaba en esos detalles porque Will eclipsaba todo lo demás. Cuando estábamos juntos de repente ya no existía nada más que nosotros dos. Me gustaba sentirme bien. ¿Sabes qué era muy extraño también? Que aunque estábamos en una habitación enorme siempre terminábamos en algún rincón junto a la pared, como si no tuviéramos ya suficiente intimidad...

No pude evitar reírme al decir eso.

— En el campamento, después de caer muchas veces porque ese bosque es bastante confuso— dije—, Will tomó mi mano. Caminamos juntos así un rato, en la noche. Él no sabía que me da miedo la oscuridad pero parecía como si lo supiera. De hecho de alguna forma Will siempre se terminaba enterando de cosas sobre mí y aunque no todas eran buenas, no parecían molestarlo. Es más, si podía ayudarme lo hacía. Sinceramente no había nada que no le pudiera decir. Estoy seguro de que aún ahora que llevamos mucho sin vernos, si él apareciera y me exigiera algo, se lo daría. Honestamente no hay nada que no le daría. No hay nada que no me agrade de él. Parece que es perfecto. ¿Sabes qué era lo mejor? Me hacía sentir que de alguna forma yo también lo era. Podía contarle cosas como mis planes malvados o lo mucho que me desagradaba Evan y él no me juzgaba. Sólo me escuchaba mientras sonreía tenuemente y me decía que todo estaría bien... amaba eso. Le creía. En verdad le creía cuando decía que todo saldría bien. Y si estaba equivocado también me lo decía.

Miré mis manos.

— Por eso ahora me siento perdido— dije—. Porque de repente eliminé de mi vida lo que hacía que todo tuviera sentido. Es cierto, ¿No? Will en verdad era importante para mí. Por eso todo va mal. Por eso siento que una parte de mí murió.

Se me ocurrió mirarla. Tenía un expresión afligida increíble.

— ¿Qué pasa?— dije asustado.

Ella se limpió los ojos. Me observó mientras parecía muy feliz.

— ¿No lo puedes ver?— me dijo muy feliz—, ¿Acaso no te has dado cuenta?

La cuestioné con la mirada.

— ¡Tú lo amas!— dijo muy feliz—, ¡Claro que sí! ¡Es tan obvio, ahora lo veo! ¡Siempre te ha gustado pero como eres tonto naturalmente no te habías dado cuenta!
— ¿Qué?— dije asustado.
— Zac, piénsalo. Todas esas cosas que acabas de decir no son más que señales de que tus sentimientos...

Dejé de escucharla. Me quedé atrapado en mi mente por unos segundos. No, yo no lo amaba. Era imposible que amara a Will. Él era mi amigo. Yo lo quería así, no de otra forma. ¿Acaso ella se había perdido de alguna cosa que le conté? Porque me había alejado de Will porque no podía corresponderlo, no porque lo amara.

— No, yo no...— dije.

La miré. Ella seguía feliz, expresando lo contenta que estaba.

— ¡Esto es genial!— dijo ella—, ahora sólo debes ver a Will para...

No, todo era demasiado confuso. Simplemente no quería pensar en nada. Así que observé la puerta. Luego la miré a ella otra vez. Seguía hablando.
Me sentía encerrado, atrapado. Es más, respirar me costaba. Los pensamientos en mi cabeza hacían mucho a ruido...

Salí corriendo. Atravesé la puerta y no me detuve. Corrí por las calles mientras el frío golpeaba mi cara. No me detuve hasta que me dolieron mis piernas. Traté de no pensar en nada en ese tiempo pero no lo logré. La cara de Will y las palabras de Lucille seguían ahí y aunque las empujaba lejos no se iban. Me detuve a media calle.

Intenté controlar mi mente. Respiré un par de veces. “De acuerdo, todo estará bien” me repetí muchas veces.
Miré a mi alrededor. No sabía en dónde estaba. Además la gente me veía raro.
Cuando miré hacia abajo me di cuenta de que aún llevaba el vestido de Lucille puesto.

Un sujeto pasó a mi lado y me observó.

— ¿Jamás ha visto a un hombre con vestido o qué?— le dije enojado.

Se alejó asustado.
Habían personas a mi alrededor pero no me importó. Me quité el vestido. Lo hice bolita y caminé con él por las calles. Hacía frío, mucho. Pensé que si caminaba unas calles más adelante reconocería la zona pero no, me perdí más.

No quería recurrir a eso pero tenía que llamar a Jill. Hasta que descubrí que había dejado mi teléfono en el bolsillo de mi abrigo.

— ¡Perfecto, sólo esto me faltaba!— dije.

Una señora que iba pasando me observó.

— ¿Jamás había visto a un hombre hablar solo o qué?— dije enojado.

La señora se fue rápidamente atemorizada.

Repasé mi situación: estaba perdido, solo, sin teléfono, sin dinero, en una situación mental complicada, hacía frío y el vestido de Lucille era estorboso.

Seguí caminando. Ya estaba perdido, no podría pasar nada peor.
Todas las casas estaban llenas de decoraciones navideñas. Odiaba ver tantos colores. La gente que caminaba cerca de mí parecía feliz y todos iban con sus familias... y luego estaba yo, triste y perdido, con la cara congelada y con un fuerte dolor en mi pecho.

Caminé un poco. Mi estómago empezó a hacer sonidos de hambre.
Bueno, al menos no podía empeorar mi situación.

Se escuchó el sonido de un trueno.

— ¿Es una maldita broma?— dije mientras miraba el cielo.

Empezó a caer un poco de lluvia. Todos a mi alrededor empezaron a correr. Yo me quedé ahí, enojado y mojado, pensando en lo mucho que odiaba a la naturaleza.

— ¿Qué quieres de mí dios?— dije mirando la cielo.

Empezó a llover más fuerte.

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