92. El diario de Jimi

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Jason y George fueron a despedirse de mí. Evan les dijo que no regresaría con ellos. Al mismo tiempo le pidió permiso a mi mamá para quedarse a dormir. Ella le dijo que sí. Imaginé que de estar mi padre otra hubiera sido su respuesta. Se fueron. Evan se quedó conmigo. Aún era incómodo estar ahí, sólo nosotros dos. Se sentían como años... y lo de esa tarde no hacía las cosas más fáciles.

— Jimi, ¿Te duele alguna parte?— preguntó él de la nada.
— No— dije sorprendido.
— ¿De verdad?
— Sí— dije—. Estoy bien.
— Antes no lo parecías.

Seguía molesto. Más que conmigo o incluso que con Derek, estaba enojado consigo mismo.

—Estaba asustado— dije—, sólo eso.
— Por supuesto que estabas asustado— dijo.
— Pero ya no lo estoy. Me siento a salvo.
— ¿De verdad?— dijo—, ¿Estás completamente seguro?
— Pues... eso creo— dije dudoso.
— Si trato de tocarte... ¿Estarás bien?

Lo observé. Parecía muy serio.

— Eso creo— dije.

Se acercó. Inconscientemente me alejé un poco.

— ¿Ves? No estás bien— dijo.
— Eso no significa nada— dije.
— Claro que sí, creo que me tienes miedo.
— No, no es cierto— dije—. Nunca me darías miedo tú.
— ¿Por qué?— dijo—, ¿En qué soy tan diferente a él? No hacía mucho tiempo que te conocía cuando te besé sin preguntarte si querías.
— ¿En eso es en lo que has estado pensando?— dije.
— Imposible no pensarlo, a puesto a que tú también lo pensaste.
— No exactamente— dije.
— ¿Qué significa eso?— dijo—, ¿En verdad me comparaste?

Lo pensé.

— Pues en algún momento creo que sí...— dije.
— ¿Y?

Nos miramos.

— Sólo pensaba en lo diferente que se siente que te toque alguien que no es quien tú quisieras que lo hiciera— dije, bajé la mirada y observé mis manos—. Porque aunque tal vez nunca lo dije, ese primer beso no se sintió como si me lo hubieras robado. En el fondo yo quería que lo hicieras. Porque tú ya me gustabas en ese entonces pero no lo sabía. No me sorprende nunca saber nada, parece que siempre seré el último en darme cuenta de muchas cosas. Debí saber que algo con tus padres no estaba bien porque nunca hablabas de ellos. Pero ni siquiera lo pensé. Sólo quería estar contigo y sentirme bien porque Evan... no tienes idea de lo feliz y seguro que me siento contigo... cuando estábamos juntos parecía que nada malo podría pasar y me gustaba eso así que nunca me detuve a pensar en nada más. Entonces de repente ya no estabas en mi vida y todo cambió. No sabía qué hacer y sólo quería no pensar en eso pero esa noche en la fiesta a la que fui con Derek, aún cuando estaba saltando sin parar mirando las estrellas y había bebido mucho, no podía dejar de pensar en ti. Todo en mi mente me ha dicho desde ese día que te estaba perdiendo y por un momento fue así... hasta que en verdad te perdí.
— No, no estaría aquí si eso hubiera pasado— dijo.

— Pero así parecía— dije—. Me sentía perdido. Desorientado. Culpable. Quería disculparme contigo— dije mientras sentía que quería llorar—. Porque me necesitabas y no estuve ahí para ti. Las cosas se pusieron difíciles y salí huyendo. Lamento haberme ido. Sé que me equivoqué y no hice que todo fuera más fácil. Pero aún así quiero que te quedes. ¿Soy muy egoísta si después de todo lo que te he hecho aún quiero que sigas conmigo? Porque podría decirte que te necesito pero siento que no es suficiente. También podría ser más honesto y decir que te amo pero es como si fuera un último intento para hacer que me perdones y sigas conmigo... aunque es cierto. Han pasado muchas cosas y todo ha cambiado menos eso. Sinceramente no creo que vaya a cambiar nunca. Por más que pasaran años y tú estuvieras lejos de mí, yo nunca podría dejar de amarte.

Él tomó mis manos. Levanté mi mirada y lo observé.

— Yo tampoco— dijo—. Nunca, aunque tratara. Aunque quisiera. Pero me conozco y sé que nunca voy a querer. Jimi, no hay cosa que deseé más en todo el mundo que poder estar contigo.
— ¿Aún después de todo?
— ¿Bromeas?— dijo—, te mentí al no contarte lo de mis padres, luego te abandoné y evité encontrarme contigo. Tú eres el que debería estar recibiendo una larga y confusa disculpa de mi parte, no yo.
— ¿Confusa?— dije—, pensé que estaba siendo claro...
— Adoro que tus conversaciones sean confusas cuando estás nervioso— dijo—. Amo la forma en la que mueves tus manos cuando estás explicando algo, amo que cuando te ries aparece una pequeño hoyuelo en tu mejilla, amo la forma en la que te balanceas tenuemente de un lado para otro cuando escuchas alguna canción que te gusta, amo que siempre peines mi cabello con tus dedos aún cuando sabes que nunca va a quedar bien... amo que tus mejillas se pongan rosadas con el sol o cuando estás nervioso, amo que siempre parezcas ir por el mundo de manera torpe pero optimista... y amo que me hagas sentir amado como nunca antes me he sentido.

Mis ojos estaban nublados por las lágrimas.

—No sabes cuánto extrañé todo eso— dijo—. Te extrañé aún cuando te tenía tan cerca. Y por un momento también pensé que te perdí. Hace unas horas pensaba que sí. No podía dejar de imaginar en qué podría hacer para que te sintieras mejor, para convencerte de que las cosas no eran malas... aunque sí lo eran. No sabía a quién odiaba más, si a él por creer que podía tomar todo de ti o si a mí por creer que todos eran buenas personas. Antes de ti no lo creía. Pero luego tú llegaste y el mundo se sentía mejor. Como si se hubiera vuelto bueno. Pero sólo eras tú. Siempre has sido tú. No puedo ser yo sin ti y... lamento darme cuenta hasta ahora. Así que me gustaría que me perdonaras.
— Sólo si tú me perdonas también— dije.

Le sonreí. Me abrazó.

Tenía razón, el mundo se sentía mejor cuando estábamos juntos. Me sentía seguro. Amado. Como si nada pudiera pasarme si estaba con Evan.

— ¿Y ahora qué?— le dije.
— Deberíamos hablar— dijo.
— ¿De qué?
— De lo que sea— dijo—. Nos hemos perdido de mucho.
— Parecen años— dije.
— Parecen siglos.

No dije nada. Sólo lo abracé. El silencio y la oscuridad nunca fueron más perfectos que ese día. Por fin mi corazón podía relajarse. Cerré los ojos. No por miedo como horas antes. Si no para poder concentrame y escuchar el sonido de los latidos del corazón de Evan.

Entonces la vida parecería tener algún sentido.

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