90. El diario de Laura

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Todo era un caos y yo no podía ser más culpable. ¿Por qué me había callado algo así? Además, para complicar las cosas, Zac estaba tan pálido que parecía un cadáver. No se suponía que se encontraría con Will, es más, gracias a Jason habíamos logrado evadirlo una vez y escapar. Pero con todo eso pasando, imposible que ambos no se vieran. Will debía revisar a Jimi, estaba segura de que de no ser absolutamente necesario él hubiera salido corriendo. Zac lo hizo luego de encontrarse.
Recordaba sus caras cuando se vieron. Más que incomodidad y asombro, mostraban dolor. Eran dos personas que cuya sola presencia atormentaba al otro, lo peor era que nadie excepto Jason y yo lo sabíamos.

Seguí a Zac hasta el jardín. Estaba demasiado afectado por todo. Jason tenía razón, no era una buena idea. Existía la posibilidad de que ambos se encontraran y yo la había ignorado. No podía ser más tonta.

Simplemente lo había arruinado todo.

Regresamos después de un rato. Jimi estaba mejor, Evan no se separaba de él. Al parecer, habían logrado convencerlo de que matar a Derek no era una buena idea. Pero seguramente no había sido fácil. Jason debió usar toda su persuasión para lograrlo. Odiaba eso que estaba pasando pero al menos estábamos todos juntos después de meses. No valía la pena, pero había pasado.

Al parecer nadie sabía qué hacer. La profesora quería que Jimi tomara acciones legales. Era lo más natural pero el pobre estaba tan asustado que no tenía cabeza para nada. Sólo quería ir a casa y dormir. Posiblemente necesitaba sentirse seguro. Tampoco quería que sus padres se enteraran. No quería mentirles pero todos conocíamos a su padre, seguro tomaba su arma e iba a batirse en duelo con Derek. Así que Jason recomendó que lo mejor era no decir nada por el momento. Evan pareció inconforme con eso. El suceso no había ocurrido en la escuela así que la profesora consideró que debía manejarse como privado. No le dijo nada a los otros profesores, excepto que Jimi se había caído.

Además, quién debía tomar las decisiones de lo que pasaría sería Jimi. Pero él no parecía tener la facultad de decir alguna cosa.

En todo ese tiempo mientras todos estábamos adentro de la enfermería, Zac se había ido. Will estaba ahí, ya era suficiente haberlo visto una vez. Para ambos había sido demasiado.

— ¿Dónde está Zac?— preguntó George.
— Atiende cosas del consejo estudiantil— dije.
— Debería estar aquí— dijo él.
— Debemos aparentar que todo está bien o sospecharán— dijo Jason.

Me alegró saber que Jason parecía estar menos paralizado por eso en comparación a nosotros.

Salimos. Will dijo que iría al auto. Se fue. Me dolió verlo irse porque estaba siendo muy valiente. Lo había sido todo ese tiempo. Nadie logró darse cuenta de que él tenía el corazón roto. Fingió muy bien. Necesitaba irse y ser más sincero consigo mismo. O conmigo, aunque no podía exigirle nada, yo había causado ese desastre.

La profesora determinó que debían llevar a Jimi a casa. George se ofreció aunque estaba muy enojado porque muy contrario a nosotros, él no se guardaba sus sentimientos de odio hacia Derek. Evan tomó a Jimi entre sus brazos y se dirigieron a la puerta.

— Laura, debes ir con Will— me dijo Jason—. Creo que deberías ir a casa.

Lo observé.

— Tú también deberías ir a casa— dije.
— Yo iré con George y Evan— dijo—. Alguien va a tener que mentirle a los padres de Jimi y sé que tengo que ser yo.
— Pero... ¿Y Zac?
— Regresaré con George— dijo—. Sólo iremos a dejar a Jimi. Zac seguramente seguirá aquí así que hablaré con él. Pero Will también necesita irse.
— Entiendo pero...
— Hablaremos después— dijo—. Sólo quédate con Will.

No estaba en condiciones para decir que no pero... sin él me sentía perdida. La culpa me estaba matando y no podía decir nada. Para colmo tampoco podría verlo porque se iría sin mi.

Posiblemente hasta ese día nunca me había dado cuenta de que necesitaba a Jason en mi vida demasiado.

Salí de ahí. Hacía frío en la calle. Busqué el auto de Will. Lo encontré. Me acerqué. Él estaba sentado, con la cabeza apoyada en el volante. Me recordó cuando me encontré con Zac en el jardín, que estaba sentado en el césped mirando al suelo, a algún punto muerto. Ambos sufrían en ese momento. Casi me pongo a llorar al verlo así. Pero debía fingir que estaba bien. Posiblemente no era tan buena como ellos, pero debía intentarlo.

Entré. El ruido de la puerta alertó a Will. Me miró y sonrió. Sí, era bueno fingiendo. No lo suficiente para engañarme.

— ¿Podrías llevarme a casa?— dije.
— Claro... ¿Y Jason?
— Irá con George— dije.
— Ah... espero que todo salga bien...
— Así será— dije.

Me observó.

— ¿Estás bien?— pregunté.
— Lo estoy— dijo.

Empezó a conducir. Quería disculparme pero no sabía qué de todo era lo que me hacía sentir más culpable. Él quería mantenerse fuerte frente a mí aún cuando no debía. Yo no era nadie para decirle nada. Así que lo dejé. Pensé que si quería decirme que no estaba bien lo haría porque ya sabía que conmigo podía ser él mismo.

Fuimos en silencio. Me dejó en mi casa. Me sentía mal por dejarle todo el trabajo a Zac pero estaba segura de que él necesitaba algo para distraerse.

Me sorprendió ver lo mucho que conocía a ambos pero aún así había planeado que se vieran, como si ignorara lo que pasaría cuando se encontrarían.
Visto de esa forma, no parecía una buena amiga.

Will se despidió. Lo observé irse. Definitivamente ya no tendría que ser fuerte si estaba solo. Quizá por eso Jason quería que sólo yo estuviera ahí. Imaginé que ese encuentro iba a hacerlo llorar. Tal vez no esa noche, pero sí alguna otra.

Mis pensamientos volaron hasta Zac. ¿Él también lloraría por eso?

Entré. Mamá estaba ahí.

— ¿Ya llegaste?— dijo—, ¿Tan temprano?
— Quería darle dulces a los niños que venían a pedir— mentí.

Subí las escaleras hasta mi habitación. Desde mi ventana miré la casa de Jason.

Lo necesitaba.

Entonces una idea llegó a mi cabeza: le había dicho a Derek que si se metía con nosotros se iba a arrepentir. Y yo no era una mentirosa.

Bien, pensé. Es momento de planear una venganza.

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