Lucille me llevó a casa junto con Jason. Ella iba conduciendo, con George a su lado en el asiento del copiloto. Estaba todo en silencio. Yo estaba enojada con ellos y no pensaba hablarles.
— Laura, no puedes ignorarme— me dijo Jason, que estaba sentado a mi lado en el asiento trasero.
No dije nada, es más, ni siquiera lo veía.
— Déjala, ya se le pasará— dijo Lucille.
— No es cierto— dije muy enojada—. Y ustedes son unos traidores.
— ¿Qué está pasando?— dijo George—, ¿Por qué la niñita está enojada?
— Yo te diré porqué— le dije—. Estos dos me traicionaron.
— Nunca hicimos eso— dijo Jason.
— Claro que sí— dije—, cuando decidieron no apoyarme.
— Ya causé muchos problemas, no voy a continuar con eso— dijo Lucille.
— ¡Eres una cobarde!— le dije furiosa—, ¿Acaso no le dices a tus alumnos en la escuela que deben terminar lo que empiezan?
— Laura, no discutas conmigo o voy a enojarme— dijo ella.
— No me importa— dije—. Sabes que tengo la razón. Sé que en el fondo de tu alma también piensas lo que pienso. Por eso debemos ayudar. Ellos son idiotas y nunca se darán cuenta, todos los hombres son así. Nos necesitan.
— No me siento idiota— dijo George—. No todos los hombres son idiotas.
— Sí para las cosas importantes— dije.
— No siempre— dijo Jason.
— Por supuesto que sí— dije—. Tú eres prueba viviente de eso. Te necesito ahora, es importante que estés de mi parte. No seas idiota y apóyame.
— Estoy de tu parte— dijo él—. Pero soy más realista.
— Es decir, estás de parte de ella— dije y señalé a Lucille.
— Generalmente tengo razón— dijo Lucille.
— Concuerdo con eso— dijo George—, no sé qué pasa aquí pero Lucille siempre está en el lado ganador.
— No hoy— dije—. No con ese asunto.
Ya no dije nada. Llegamos a mi casa. Bajé del auto. Entré. Cerré la puerta con fuerza (cosa que no tenía sentido porque no estaba ahí ninguno de los traidores para asustarse con mi furia) y fui a mi habitación.
Luego lloré un rato. Claro que esa no era la idea, el plan era pelear hasta el final, pero seguía recordando la escena de Will y Zac en el hospital y me sentía increíblemente triste... así que ya entrada en el mundo de la depresión, busqué la película del Titanic y la vi. Duraba bastante pero yo amaba esa película. Lloré más hasta que sentí que saqué todo de mi sistema.
Luego fui a cenar. Papá y mamá me miraban raro. No dije nada y ellos tampoco. Papá estaba muy ocupado trabajando para el gobierno de la ciudad, emocionado por la campaña política del señor Benette.
Dormí esa noche muy poco. Realmente no podía dejar de pensar...
Me desperté en la mañana. Por suerte, Jill se ofreció a ir por mí para visitar a Zac. Al parecer ella había pasado toda la noche con Zac pero había vuelto por la mañana para cambiarse de ropa. Como iba con dirección al hospital y puesto que Evan y Jimi irían con George y Lucille, ella imaginó que sería lindo pasar por mí.
Y por Jason.
Me subí a su auto. Jason también unos segundos después.
— Hola— me dijo.
No dije nada.
Se sentó a mi lado. Jill estaba bastante animada. Dijo que Zac estaba muy bien que según Madie podría irse a casa pasando el medio día.
Llegamos. Jill dejó su auto en el estacionamiento. Bajamos y fuimos a recepción. Subimos por el ascensor. Buscamos la habitación. Se escuchaba ruido adentro. Jill golpeó levemente la puerta. Se abrió. Era Evan.
— Llegamos antes— dijo él feliz.
Entramos. Jimi estaba ahí también, sentado en una silla al lado de la cama. Zac estaba despierto, se veía raro porque traía una de esas batas de hospital blancas. Parecía feliz.
— Regresé— dijo Jill.
— Bienvenidos— dijo Jimi.
Miré a Zac. Y él me observó a mí. Sonreí. Me acerqué a él. Me incliné un poco y lo abracé.
— Sigues con vida— le dije.
— Claro que sí, el mal nunca muere— dijo él.
— Les dije— dijo Evan.
Se acostó a su lado.
— Miren, así me vería si estuviera convaleciente— dijo él mientras se cubría con las sábanas.
— Evan, deja eso— le dijo Jimi—. Y quítate de ahí, Zac necesita su espacio.
— Pero aquí hay mucho— dijo Evan—. Tanto que hasta podrías acostarte tú también.
Miramos a Jimi.
— Adelante, sé que quieres hacerlo— le dijo Zac.
— ¡Ahí voy!— dijo Jimi.
Me sorprendió ver a Zac de tan buen humor. También su salud era excelente.
— ¿Qué es este aparatito de aquí?— dijo Evan, que se levantó y fue a tocar un cosa blanca.
— Evan, deja eso— le dijo Jimi.
Ambos estaban sosteniendo el aparato. Jason fue con ellos.
— Si rompen algo van a tener que pagarlo— les dijo.
Empezó a regañarlos. Yo estaba mirando eso cuando noté que Zac me veía fijamente. Le regresé la mirada.
— ¿Qué pasa?— le dije.
— Es que ayer... lo último que recuerdo es tu cara— dijo—. Cuando fuiste por mí al estacionamiento.
— ¿Qué?— dije sorprendida—, ¿Es todo lo que recuerdas?
— Tengo recuerdos confusos de cuando estábamos en el auto de Madie pero... nada es claro.
¡Por un demonio, lo que me faltaba! Él no recordaba lo que dijo. ¿Cómo se supone que yo debía actuar si él no sabía nada?
— Gracias— dijo.
— ¿Qué? ¿Por qué?— dije.
— Por ayudarme.
Nos miramos. Le sonreí.
— No me agradezcas todavía— le dije—. Aún no termino de ayudarte.
— Lo sé. Posiblemente algo tonto pasará próximamente y te necesitaré— dijo.
— Y yo ahí estaré— dije—. Por cierto, te ves bien.
— Me siento bien. Mejor que nunca— dijo.
Probablemente era por todas esas medicinas y atención médica, pero yo quería pensar que era porque Will estuvo ahí. No sabía si el amor era lo suficientemente poderoso como para curar enfermedades, pero me gustaba pensar que sí.
— Tuve un sueño muy raro— me dijo.
— Déjame adivinar— dije—, algo te pasaba mientras estabas aquí.
— En realidad no sé si en mis sueños estaba aquí— dijo—. Sólo veía todo blanco pero... recuerdo que me sentía muy feliz. Luego muy triste. Muy muy triste.
Lo observé. Me quedé petrificada por unos momentos.
— Jill dice que estaba delirando por la fiebre— dijo Zac feliz—, así que técnicamente ya sé lo que se siente estar drogado.
No podía dejar de pensar en eso. ¿Y si era por Will?
Eso confirmaba mi teoría de que el amor de Will podía incluso sentirse aunque no lo quisieran...
— No te preocupes— le dije—. Todo estará bien. Déjalo en mis manos.
— Lo sé— dijo él—. Tú estás organizando la fiesta de cumpleaños de Jason y la boda de mis padres y aún así estás aquí. Pareces invencible.
— Me siento invencible— dije—. Al final, parece que tú y yo siempre lo somos.
Me sonrió.
Sí, definitivamente eso iba a funcionar.
Evan y Jimi se acercaron a Zac. Al parecer la advertencia de Jason sobre los aparatos no fue suficiente porque le llevaban uno a Zac.
— ¿De dónde tomaron eso?— les preguntó Zac.
— De ahí, estaba conectado— dijo Evan señalando una esquina de la habitación.
— Espero que no sea uno de esos aparatos que deben estar conectados para que yo pueda seguir vivo— dijo Zac.
Todos se observaron.
— ¡Hay que conectarlo!— dijo Evan asustado.
Jason se acercó a mí. Los demás estaban atentos a lo que hacía Evan.
— Te ves feliz— me dijo.
— Lo estoy— dije—. Esto es un juego de ajedrez. Sólo debo mover mis piezas. Al final yo ganaré.
— ¿Sigues con eso?
— Al final yo ganaré— le dije.
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Problemas de Pasillo
RomanceZac se siente traicionado. Jimi descubre que en realidad no sabe nada sobre Evan. Evan intenta impedir que su pasado no afecte su relación con Jimi. Laura se da cuenta de que no puede ignorar esos nuevos sentimientos. Will decide seguir adelante...
