122. El diario de Jimi (y una resolución)

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No quería que expulsaran a Gigi. Por eso no se lo dije a Zac. Dudaba mucho de mi decisión, temía las consecuencias. Probablemente perdería a Gigi para siempre por eso. Pero si había entendido algo de lo que le dije, no me odiaría.

Lucille llamó a la mamá de Gigi. Yo no estuve ahí cuando la madre de Gigi llegó y habló con la profesora. Al parecer Gigi era la líder del grupo bromista y aunque Lucille prometió no acusarla con el director para que no la expulsaran, estaría castigada mucho tiempo. Se la llevaron a casa.
Con eso ya no deberían haber más bromas, todos estaban advertidos. A Gigi no le quedó de otra más que delatarlos o hundirse sola.

Lucille me dijo que hice lo correcto. Lo sabía pero... no podía evitar sentirme mal por ellos. Me había ayudado sentirme bienvenido con ellos.

— ¿Puedo hacerte una pregunta?— me dijo la profesora.
— Claro— dije.
— ¿Por qué estabas con ellos? Gigi dijo que apenas te habías unido al grupo. ¿Por qué? ¿Tienes problemas con Zac y con los chicos? ¿Es por eso de que Zac y Evan casi se besan? Porque no deberías preocuparte por eso, ellos nunca te lastimarían. Evan y Zac te quieren mucho.
— Yo... no lo sé— dije—. Me sentí muy traicionado por eso pero no por ello me acerqué a Gigi. Fue simplemente porque... ella parecía llevar una vida sin preocupaciones. No le da importancia a nada y por eso no sale lastimada. Sé que es tonto porque de esa forma se pierden cosas importantes de la vida pero... con tantas cosas pasando yo... sólo quería no tener que pensar en nada, aunque fuera por un tiempo.

Ella me observó.

— Lo entiendo— dijo—. La vida es un riesgo. Da miedo a veces. Pero si no arriesgas, no ganas. No temas equivocarte. No temas sentirte mal, tienes derecho a sentirte triste si algo te daña. Sé que en veces es más fácil proteger tu corazón. Yo lo sé perfectamente, viví mucho tiempo así. Pero te pierdes de muchas hermosas cosas. De varias valiosas personas. No todo es bueno siempre pero... la vida es así. Te juro que al final lo que siempre recordarás serán las cosas buenas. O eso debería de ser. Porque si sigues recordando algo malo es porque no lo concluíste como debías.

Entonces la idea llegó a mi mente repentinamente. Lo sabía. Entendía porqué cambié. Gigi tenía razón, me estaba volviendo como ella. Yo no era así.

— Debo ir a ver a alguien— le dije ella.
— ¿A alguien? ¿Por qué?
— Porque no quiero recordar cosas malas— dije—. Sólo lo bueno.

Salí de ahí. Luego de la escuela. Corrí por las calles, através de gente. El ruido de la ciudad no me molestaba, estaba más decidido que nunca. Me sentía cansado pero empecé a recordar cosas. Todo era claro.

Aquella vez en el auto de Derek, estaba seguro de que me lastimé de esa manera porque me asusté tanto que desesperadamente empecé a pelear con él. Y cuando al día siguiente él fue a verme, era porque había algo que quería decirme pero que no lo dejé. También yo quería preguntarle algo pero me sentía tan traicionado que la ira me consumió.

Nunca superé lo que me pasó. Sólo traté de no pensar en eso. Creía que todo estaría bien pero... terminé convirtiéndome en Gigi. Ahora entendía porqué Zac y Evan se acercaron mucho. Sólo pasaron un mal momento y siguieron a la persona que tenían al lado que les ofreció seguridad.

Sólo querían un respiro. Igual que yo.

Pero no más.

Después de mucho tiempo de camino, llegué. La casa de Derek parecía extraña, como si no la hubiera visto en mucho tiempo.
Presioné el timbre. Su madre me abrió. Me dijo que Derek estaba en la cochera. Fui ahí. No sentía miedo. Las cosas estaban claras.

Llegué. Ahí estaba su auto, al parecer lo estaba despintando. Me acerqué. Parecía tranquilo. Me observó sin querer. Se detuvo y parecía incrédulo.

— ¿Jimi?— dijo.
— Esa vez parecías muy seguro de que Evan me lastimaría— dije—, ¿Por qué? También dijiste que todos te dejaban por Evan... ¿Qué significa eso?

Él parecía muy confuso. También se veía diferente. Entonces hicimos lo que aquella vez no lo dejé hacer: hablamos.

Me contó que efectivamente no quería lastimarme de verdad aunque al final sí lo hizo. Se sentía tan mal que salió huyendo. Trató de llamarme pero nunca contesté porque mi teléfono estaba en el auto de Will. Luego al día siguiente, Laura le dijo cosas que lo pusieron muy triste y luego cuando fue a ver su auto, Zac lo había arruinado. Dejó un letrero que tuvo el efecto que Zac quería, todos se burlaron de él. Gracias a eso y a que alguien hackeó todas sus redes, muchas cosas que hizo a lo largo de su vida se supieron. Ya nadie confiaba en él.

Sabía que se lo merecía.
Luego me contó de Evan. El año anterior él estaba enamorado de Erika, una chica de su clase. Era todo lo que quería. Pero a ella le gustaba Evan. En San Valentín le expresó sus sentimientos pero para ese entonces Evan ya me quería a mí. La rechazó y ella lo aceptó pero sufrió mucho. Derek odió a Evan desde entonces. Se acercó a mí pensando en poder obtener alguna información que pudiera usar para destruir a Evan.

Porque él se había manejado así toda su vida. Usaba a las personas y las destruía. Se vengaba y siempre se salía con la suya.
Entonces me conoció de verdad. Y yo a él. No a su yo vengativo, si no a la versión amable y que creía que la vida podría ser buena. En ese momento ya no quería vengarse de Evan. Hasta que descubrió que él estaba saliendo conmigo. Luego Laura descubrió sus intenciones conmigo y no pudo evitar que esa parte desagradable de él saliera otra vez.

— Lo lamento— me dijo—. Lamento todo.

No sabía qué decir. Parecía que ya no había nada más.

— Zac te agradaba de verdad, ¿No?— le dije.
— Sí.
— Al menos no tenías que fingir todo el tiempo con todos.
— Tampoco fingía contigo. No siempre.
— No importa ya— dije.
— En verdad lo siento. Sé que no me crees pero nada es mentira, todo lo que conté es cierto.
— Lo sé— dije—. Ahora viene mi parte. Gracias a ti me volví alguien que no quería ser. Cambié porque no quería que alguien me lastimara otra vez. Me la pasé dudando de Zac y de Evan, cuando debí dudar de mí. Ahora lo entiendo.

Él no dijo nada. Parecía avergonzado.

— Yo también me he equivocado— dije—. Y al final entendí que la vida siempre te da lo que mereces. Ahora te entiendo un poco más.

Me acerqué a la salida. Me giré a verlo.

— Te perdono— le dije—. Pero creo que este es el adiós definitivo.

Él pareció sorprendido. Pero asintió brevemente.

— Qué tengas una buena vida— le dije.

Salí. Caminé por las calles. Aún trataba se procesar todo lo que había pasado. Pero me sentía más ligero. Respiré profundo. Las cosas estarían bien apartir de ese momento. Podía sentirlo.

Problemas de PasilloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora