156. El extraño (y aburrido) diario de Zac

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Los días pasaron rápidamente. Jill estaba preocupada por mí. Pero ya no me importaba. En ese momento todo me daba igual. Sólo me dejé caer en mi cama un día y decidí quedarme. Me levantaba sólo si era necesario. Luego regresaba a mi cama. Hacía demasiado frío como para salir a alguna parte.
Además, no tenía a dónde ir.

Evan estaba preocupado por mí. Así que hizo lo que esperé que haría: llevó a Jimi a verme.
Él llegó envuelto en su abrigo gigante que luego se quitó porque casi no podía moverse ahí. Subió con Evan hasta mi habitación.

— Te ves horrible— dijo cuando me vio—. Pero en verdad fatal.
— No he dormido bien— dije.
— Pero si estás acostado todo el día— dijo Evan.
— Acostarse no es lo mismo que dormir— dije.
— Entonces deberías dormir— dijo Jimi.
— Te cantaremos una canción para que duermas— dijo Evan.
— Es medio día, no quiero dormir ahora— dije enojado.
— Entonces levántate, toma un baño, aféitate y ponte uno de esos trajes que te hacen lucir como si vinieras de una oficina importante y ven con nosotros— dijo Evan—. Mi padre me dio otro regalo anticipado en forma de cheque.
— ¿Otro regalo de navidad?— pregunté.
— No, ésta vez es un regalo de año nuevo— dijo él feliz.
— La gente no regala cosas en año nuevo— dije.
— Algunas sí— dijo él—. Honestamente no sé en qué gastar el dinero porque no hay nada que necesite así que voy a pagarle a un sujeto para que intente darle cien vueltas al centro comercial. Jimi dice que es imposible pero yo tengo fé en que se puede.
— No volveré a ir al centro comercial jamás en mi vida— dije.
— Pero será divertido— dijo Evan.
— No gracias— dije—. Además, ustedes deberían quedarse aquí, allá afuera hace frío.
— ¿Por qué no quieres volver al centro comercial?— preguntó Jimi.

Lo observé.

— Es difícil de explicar— dije.
— Podrías intentarlo. Te escucharé— dijo él.
— O podrías acostarte aquí conmigo— dije—. Seguramente tienes frío. Yo estoy muy caliente.
— Se nota— dijo Evan—, pero Jimi declinará tu oferta.
— Yo no he dicho eso— le dijo Jimi.
— ¿Qué tratas de decirme?— dijo Evan asustado—, ¿Me estás traicionando con mi mejor amigo?
— Tampoco dije eso— dijo Jimi.
— Sí es una traición— dije mientras me sentaba en mi cama para estar cerca de Jimi y abrazarlo—. Una muy suave.

Lo mejor de abrazar a Jimi era que automáticamente hacía que te sintieras mejor.
Miré sus mejillas. Se veía en realidad muy suave. Así que empecé a frotar mi cara con la suya.

— Zac, tu cara pica— dijo él.
— Es que no me he afeitado en días— dije sin dejar de abrazarlo.
— Pues entonces deberías dejar de abrazar a mi Jimi e ir a afeitarte— dijo Evan molesto.
— No, así estoy bien— dije.
— ¡Zac, aléjate!— dijo y trató de separarnos.
— ¡Me haces cosquillas!— dijo Jimi entre risas.

Entonces apareció Jill. Nos detuvimos. La observamos atentamente. Sí, eso no debía verse bien.

— Hola— le dije mientras me separaba de Jimi y volvía a mi lugar.
— Hola— dijo ella—. Iba a tocar pero la puerta estaba abierta y... entré. Quería ver si necesitaban algo.
— No, estamos bien pero gracias— dije.
— Sí, sólo queríamos ver si lográbamos sacar a Zac de su cama— dijo Evan.
— Entonces los dejaré en paz— dijo ella mientras se iba.

Esperamos a que estuviera lejos.

— Espero que no esté pensando cosas raras— dijo Evan—. No quiero que Jill crea que soy extraño.
— Ya lo piensa— dije—. Y cosas como querer pagarle a un desconocido para que corra alrededor del centro comercial no ayudan para nada.
— A Will le pareció una idea original— dijo él.
— Estoy seguro de que quería decirte que es una locura pero no lo hizo porque es demasiado amable— le dijo Jimi.
— Él es un adulto. Todo lo que dice es verdad y me dijo que era una buena idea.
— Los adultos no funcionan así— dijo Jimi.

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