57. El diario de Laura

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Era domingo. Un domingo genial y pacífico. Todo seguía mal pero yo me sentía bien. Medianamente bien. Jason había jugado la final de un torneo de básquetbol y había ganado. Will y yo habíamos ido a verlo jugar. Mentiría si decía que no estaba feliz. Will había tenido un día libre y lo estaba pasando conmigo. Con Jason también pero me gustaba pensar que era más para mí que para él.

Después del juego, el equipo fue a comer pizza. Jason nos invitó pero decidimos declinar la oferta. Era para miembros del equipo después de todo. Además, yo quería pasar todo el tiempo posible con Will. Todo iba bien hasta que preguntó por Zac. Naturalmente lo haría pero yo no sabía qué decir.

— Estamos organizando una fiesta para recaudar fondos— dije—. Los usaremos para los clubes.
— ¿Una fiesta?
— En halloween— dije—. De disfraces.
— Suena divertido— dijo.
— Posiblemente lo será— dije—, estoy muy emocionada. Jamás he ido una fiesta de halloween. Ya sé que falta mucho tiempo pero no puedo dejar de pensar en qué disfraz usaré.
— Tal vez deberías ir a una tienda— dijo—. Podrías probarte cosas. Es mejor estar preparado con tiempo.
— Sería divertido— dije—. Aunque no quiero ir sola.
— Yo podría ir contigo— dijo—. Cuando tenga tiempo libre. Lamento no estar disponible siempre.
— Está bien— dije—, no es tu culpa... aunque acabo de tener una idea loca. ¿Y si vamos ahora?
— ¿No es muy pronto? Es septiembre, posiblemente no hay tiendas abiertas aún.
— Vi una el otro día cuando acompañé a Jason a una tienda de música.
— ¿Fuiste con Jason a una tienda?
— Sí— dije.
— ¿Como en una cita?
— ¿Qué? ¡Para nada!— dije—, lo que pasa es que estaba en su habitación cuando por error empujé el mueble en donde guarda sus cd's y uno cayó al suelo. Entonces decidí reponerlo. Fuimos a la tienda de música y encontré su cd... hasta que vi uno que yo quería y él me lo compró porque no llevaba mucho dinero más que para pagar el cd que rompí... pero era una edición limitada que no podía dejar pasar.
— ¿Estabas en la habitación de Jason?
— Sí... es una larga historia— dije.
— Pero fueron a una tienda juntos. Eso debería contar como una cita.
— No es una cita— dije.
— Fueron a un lugar interesante juntos. Te compró un regalo. Y volvieron a casa. Eso cuenta como cita.
— No creo que Jason lo vea así— dije—. De hecho, creo que pasa tiempo conmigo porque me ve solitaria y me tiene lástima.
— ¿Pasa tiempo contigo?— dijo él asombrado—, ¿Qué tanto?
— Pues últimamente mucho— dije—. Yo voy a su casa. Su habitación es muy interesante. Además, él es bueno escuchando cosas que me preocupan...
— ¿No sería grandioso que ustedes dos salieran?— dijo emocionado.

Conocía esa mirada. No, no iba a dejarlo entusiasmarse con eso.

— Will, no sucederá— dije.
— ¿Por qué no? Son perfectos. Es más, hasta parece que ya están saliendo en este momento. Te apuesto a que regresan juntos después de clases.
— Pues sí pero porque somos vecinos— dije.
— Pero vas a su casa a visitarlo. Van a lugares. Hablan. Se hacen regalos. Es más, hasta asistes a sus torneos de basquetbol. Y estuve contigo mientras duró el partido y cada vez que alguien se acercaba a él o creías que habían cometido una injusticia te enojabas.
— Soy una espectadora activa— dije—. Si creía que algo estaba mal no iba a quedarme callada.
— Pues te puedo jurar que muchas personas se fueron con la finta de que eras su novia. De hecho es una bonita escena: la chica que apoya apasionadamente a su novio.
— Alto ahí— le dije—, deja de meterme en tus escenas. Somos amigos. Hacemos muchas cosas juntos pero porque somos amigos. No es intencional, es sólo porque Jimi está castigado y Evan está todo el tiempo con Zac.
— Evan... ¿Ya solucionó su problema?
— No lo sé— dije—. Casi no he hablado con él. Se unió al club de teatro. Y como vive con Lucille y con George, siempre está en casa de Zac, en donde ellos lo recogen por la tarde. O recogían porque últimamente Evan se ha estado quedando a dormir en casa de Zac.
— ¿De verdad?
— De hecho, se han vuelto muy unidos— dije—. Parecen hermanos. No sé si eso sea bueno para Jimi. Es decir, Evan pasa más tiempo con Zac que con él.
— Pero siguen saliendo— dijo Will.
— Sí, eso parece— dije—. Pero creo que algo ha cambiado. Porque antes no podían separarse. Como que se observaban mucho y querían estar juntos pero... ahora ya no es así. Hablan de cosas pero ya no es como antes. No sé qué es diferente pero sé que está pasando algo. Curiosamente, ambos lo niegan.
— Deberías hablar con Jimi— dijo él.
— Deberíamos— dije—. Quizá Jason y yo lo visitemos próximamente.
— “Jason y yo”. Suena bien.
— Will, no molestes— le dije.
— Creo que harían una bonita pareja.
— Nada de lo que diga te sacará esa idea de la cabeza, ¿Verdad?— dije enojada.
— No, ya está instalada ahí y no se irá.
— Pues es imposible.
— ¿Por qué? ¿Qué tendría de malo? Jason es agradable.

Lo pensé. Sabía eso.

— No tengo oportunidad aunque en verdad quisiera— dije.
— Claro que sí, eres Laura.
— Pero él es Jason. Un alumno de último año que gana trofeos en torneos de basquetbol, que tiene una colección enorme de música y que sabe muchas cosas incluso antes de que pasen.
— Tú también tienes muchas cualidades— dijo.
— No tantas— dije—. Así que deja de pensar en eso y vamos a buscar un disfraz.
— Bien— dijo—. Pero seguiré creyendo en eso. Mis esperanzas nunca morirán.
— Claro que sí— dije—, sobre todo cuando Jason tenga novia.
— ¿Crees que es más probable que él consiga pareja antes que tú?
— Definitivamente— dije—. Sobre todo porque ya ha salido con chicas antes. Además de que varias de mis compañeras piensan que es lindo. Creo que es porque piensan que es un chico malo pero no es asi. Es una buena persona. Pero no falta quién lo pretenda.
— Tú también debes tener pretendientes.
— No, no lo creo— dije—. No soy tú. En cambio, desde que llegaste al hospital es como si la trama de Grey's anatomy hubiera aparecido de repente. O eso dice Madie.
— Madie dice muchas cosas— dijo él—. Yo no le creería todo si fuera tú.
— Pero es cierto. Deberías aprovechar eso. Ya sabes, conocer personas.

Lo observé.

— No lo sé— dijo—. No tengo tiempo para eso.

Sabía que eso era una mentira. No era cuestión de tiempo, era cuestión de Zac.

— Quizá un día— dije.
— Quizá— dijo.
— Como sea, vamos por esos disfraces.
— Vamos.

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